Redacción/CAMBIO 22

Madrid.— Europa viaja hacia la nueva normalidad con Dinamarca como avanzadilla, luego de que el país nórdico decidiera a principios de febrero levantar todas las restricciones impuestas por el Covid-19, por lo que sólo se recomienda el uso del cubrebocas en los centros de salud.

Estamos listos para salir de la sombra del coronavirus, decimos adiós a las restricciones y le damos la bienvenida a la vida que teníamos antes. La pandemia sigue, pero hemos pasado la etapa crítica”, anunció la primera ministra danesa Mette Frederiksen.

Los índices de contagio en Europa siguen siendo considerables, pero ómicron se ha revelado como una variante mucho menos letal y, en la mayoría de los casos, sus efectos son llevaderos, algo a lo que han contribuido las masivas campañas de vacunación. Con los hospitales más descongestionados, los países europeos parecen dispuestos a convivir con el virus desde un enfoque endémico, por lo que están siguiendo a distintos ritmos la estela de Dinamarca, derogando muchas de las trabas que coartaron la movilidad y desajustaron el día a día de la población durante los dos últimos años.

Tras la decisión danesa, Noruega y Suecia eliminaron prácticamente todas las medidas derivadas de la pandemia, entre ellas los pases sanitarios, la reducción de los contactos en interiores y la recomendación de teletrabajar, al tiempo que recuperaban los niveles de aforo en eventos públicos.

“Mantener la distancia entre nosotros ya no es necesario”, señaló en conferencia de prensa el primer ministro noruego Jonas Gahr Store, mientras con un gesto simbólico se quitaba el cubrebocas y lo guardaba en el bolsillo de su saco. En los tres países escandinavos apenas subsisten ya unas cuantas recomendaciones vinculadas a la pandemia, entre ellas que los adultos con síntomas se hagan una prueba o que cualquier persona que dé positivo se quede en casa durante varios días. Con ello, las autoridades nórdicas depositan su confianza en el sentido común de la ciudadanía para transitar por esta nueva etapa.

El pasado 21 de febrero, el Reino Unido se sumó al grupo de naciones que se han incorporado de manera más decidida a la nueva normalidad al acabar con todas las restricciones legales que se mantenían contra el Covid-19, incluida la obligación de aislarse para los contagiados, además de reducir las pruebas diagnósticas. El progresivo restablecimiento de los horarios del ocio nocturno y la recuperación del aforo en bares y restaurantes, son iniciativas que se han extendido por buena parte de Europa, aunque algunos países están accediendo a la nueva normalidad de forma más cautelosa. Es el caso de Francia, que prevé prescindir del uso de los cubrebocas en los espacios cerrados a partir de marzo, siempre que se acredite el pasaporte de vacunación. España se resiste a eliminar el uso de las mascarillas en interiores. También Alemania aborda con prudencia la nueva realidad y previsiblemente no eliminará las restricciones antes de la primavera, aunque reconfigurará la lista de países considerados de alto riesgo para incluir sólo los que presenten variantes del virus más peligrosas que ómicron.

Frente a esta apertura más o menos generalizada, algunos países del este de Europa representan la excepción: mantienen contagios elevados y tasas de vacunación insuficientes. A pesar de los avances, la normalidad tardará todavía en llegar, porque en amplias franjas de la población sigue existiendo temor al contagio. Muchos ciudadanos seguirán llevando cubrebocas y también guardarán la sana distancia; algunos evitarán incluso cualquier contacto formal, como el saludo de mano o el beso, y se abstendrán de acudir a lugares concurridos durante una larga temporada.

Los países europeos que han emprendido el viaje hacia la nueva normalidad reconocen no obstante que la pandemia del Covid-19 no ha concluido y que el virus aún podría generar sorpresas desagradables.