• Arturo Alejandro Alamilla Villanueva y la privatización de la banqueta peatonal del instituto.

 

Ricardo Jesús Rivas/ CAMBIO 22

CHETUMAL, 9 de febrero. – En la selva de asfalto y concreto de Chetumal, la impunidad no siempre viste de seda; a veces tiene la forma de una cadena y el rostro de la burocracia más rancia. En el fraccionamiento Bugambilias, sobre la prolongación Héroes, el espacio público ha dejado de pertenecer a los ciudadanos para convertirse en el feudo personal de Arturo Alejandro Alamilla Villanueva, titular del ICAT. Lo que debería ser una vía de libre tránsito es hoy una escena de crimen urbanístico, un monumento a la psicología del “pequeño tirano” que confunde el servicio público con el linaje nobiliario.

La cadena que hoy cercena el paso peatonal no es solo metal; es el símbolo físico de una tendencia recurrente, la necesidad de marcar territorio, de devorar lo que es de todos para alimentar el hambre de un ego institucional desmedido. Bajo la gestión de Alamilla Villanueva, el Instituto de Capacitación para el Trabajo (ICAT) ha decidido que las aceras -ese último refugio del peatón frente al peligro que representan los vehículos – son, en realidad, una extensión de su estacionamiento privado. Es una transmutación perversa. Lo que fue diseñado para el paso humano ahora sirve para que las unidades del instituto desfilen con la frugalidad de quien se sabe intocable.

El funcionario, envuelto en el aura de su cargo y decidió que la ley de gravedad administrativa pesa más que el derecho ciudadano. La cadena impuesta es un insulto en el rostro de los residentes del fraccionamiento Bugambilias, una burla visceral que transforma el caminar cotidiano en un acto de servidumbre. Los peatones, obligados a rodear el obstáculo o a jugarse la vida entre los vehículos, son los extras en una película de realismo sucio donde el protagonista ha decidido que la calle es su patio trasero.

Este “gandallismo” institucional revela una patología profunda en el ejercicio del poder en el estado. No se trata solo de una obstrucción vial; es el síntoma donde el servidor público se percibe como dueño del espacio que juró administrar. Mientras la cadena siga ahí, como símbolo de su arrogancia, el discurso de la cuarta transformación continuará su disolución.

 

 

redaccion@diariocambio22.mx

RHM

 

WhatsApp Telegram
Telegram