• Mientras la población enfrenta racionamiento y mercado negro disparado, gasolineras estatales venden sin límite en divisa extranjera y excluyen a quienes solo tienen pesos

 

  • Sin petróleo, con transporte y servicios paralizados, la dolarización del combustible sostiene ingresos oficiales en plena crisis energética y social

 

Redacción / CAMBIO 22

El viernes 30 de enero, al caer la tarde, buena parte de La Habana sufría un apagón de más de 13 horas. Pero ello no se notaba en la calle Zapata, a la altura de la Necrópolis de Colón, adornada por una fila de vehículos de alrededor de un kilómetro de largo, en una paciente cola para cargar gasolina.

Damián salió con su abuelo en el carro familiar para tratar de rellenar el menguante tanque y se quedó de una pieza. La cola de carros y motos en Zapata no esperaba para alcanzar una gasolinera en pesos cubanos, sino la bomba de Zapata y 4, que vende únicamente en dólares.

¿Qué pasó? ¿De repente los choferes de La Habana decidieron echar mano a sus dólares ahorrados, para capear mientras se pueda la escasez de combustible que se cierne sobre el país después que Donald Trump firmara la orden presidencial que amenaza con aranceles a los países que exporten petróleo a la Isla?

La respuesta es más simple y ajustada a un país donde las reglas de la supervivencia implican tener siempre la calculadora a mano.

“La gasolina regular está a 1.10 dólares, y la de motor a 0.95. ¿Sabes a cómo está el litro en el mercado negro? De 800 a 1.000 pesos”, explicó un motorista casi al final de la cola, resignado.

“Y ese precio es aquí en La Habana, porque en provincia está más cara, si la encuentras”, acotó.

Entonces, con el dólar en el mercado informal a 485 pesos, el litro sale entre esa cifra y los 630 pesos. “Hay que tirarse contra la venta en fula, no hay de otra, porque cuando se acabe no habrá cómo inventar”, razonó el motorista.

Damián y su abuelo revisaron el largo de la cola, que empezaba frente al sitio donde la pared del cementerio de Colón curva su trayecto, a unos metros de la calle 23. Decidieron que probarían suerte en otras gasolineras cercanas.

Pero en ellas el panorama era similar. Para abastecer en la bomba de la intersección de Línea y E, la cola empezaba en Calzada y C y subía hasta G, dando la vuelta y siguiendo el curso de la avenida principal. La venta, también en dólares.

El escenario se repetía en las gasolineras de la estatal Cupet que desde enero de 2024 venden combustible en divisa extranjera, decisión que las autoridades presentaron como parte de la “dolarización parcial” de la economía y que —dijeron— contribuiría a lograr ingresos para pagar importaciones de crudo.

Pero ahora que Cuba no recibe barcos de petróleo desde el 9 de enero, ¿de dónde sale esta gasolina? ¿Cómo logra Cupet abastecer sus servicentros en dólares mientras el régimen pide la solidaridad internacional y acusa a EEUU de querer asfixiar su economía?

Mientras pide auxilio, el régimen de Cuba se llena los bolsillos con la  escasez de gasolina | DIARIO DE CUBA

Como pudieron comprobar Damián y su abuelo, no hay restricciones en la venta de combustible en dólares. Eso sí, solo puedes llenar el tanque del vehículo, no adquirir una reserva en bidones o envases. Esto último queda reservado solamente para los propietarios de plantas eléctricas registradas ante las autoridades, quienes pueden adquirir una ración de gasolina mensual.

¿Cómo hacen los choferes que no tienen dólares? Pues como han hecho hasta ahora, porque el racionamiento de la gasolina en pesos cubanos es muy anterior a las amenazas de Washington contra La Habana. Para esos propietarios hay una cola virtual en la que se recibe una autorización más o menos una vez al mes, o incluso más, para dirigirse al servicentro correspondiente y, luego de una cola no menos extensa, llenar el tanque. Y hasta la próxima.

A todas luces, el régimen cubano no pierde la costumbre de sacar tajada, no importa cuán revueltas estén las aguas del río nacional. Ahora lo vuelve a hacer y, en medio de la semiparálisis de actividades vitales como la zafra azucarera o las transmisiones de las emisoras de radio y televisión por la falta de combustible, opta por seguir exprimiendo las remesas de los emigrados y los ingresos de los propietarios de vehículos.

Según Damián, a su abuelo le sugirieron que en la gasolinera de Fontanar había menos cola que en las del centro de la ciudad. Ambos miraron cuánto de reserva quedaba al tanque del carro antes de decidir qué rumbo tomar. A esa hora caía la noche y el servicio eléctrico se iba restableciendo. Pero la cola al costado del cementerio hacía como que no se daba por enterada del desastre que ronda la vida en la Isla.

 

 

Fuente: Diario de Cuba

redaccion@diariocambio22.mx

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