• Una ermita, construida en uno de los primeros panteones civiles, fue rescatada por restauradores mexicanos tras los daños que ocasionó el sismo de 2017

 

Redacción/CAMBIO 22

Cuando hace más de medio siglo la Capilla del Panteón Municipal de San Andrés Atoto dejó de ser utilizada para el culto, los pobladores decidieron venerar a su santo patrono en la misma calle.

“La colonia dejó de ser únicamente de vivienda y se volvió industrial, pero a los industriales no les preocupa la fiesta patronal y la comunidad la hace, cada 30 de noviembre, en la calle”, cuenta el arquitecto restaurador Iván Peregrina.

Este año, los habitantes de la colonia en Naucalpan de Juárez podrán regresar a su iglesia: el inmueble del siglo XIX ha recobrado su estabilidad y esplendor tras una intensa restauración que duró tres meses, luego de resultar afectada por el paso del tiempo y los sismos de 2017.

En la fachada del cementerio está inscrito el año 1813, a decir de Peregrina “se trata de uno de los primeros panteones civiles, incluso antes de Juárez, que surge para la población independientemente del clero y donde es al revés: aquí no es la iglesia con su panteón sino el panteón que tiene su iglesia”.

Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural y el Programa Nacional de Reconstrucción, Peregrina coordinó los trabajos, asignados a través de Adopte una Obra de Arte A. C.

Los sismos engrosaron las grietas que ya existían en el inmueble, pero por fortuna se mantuvo en pie gracias a los pernos que fueron colocados sobre la bóveda de cañón corrido en otro momento.

Las fisuras, sin embargo, sirvieron para alojar las semillas de dos árboles que literalmente fueron creciendo en medio de los muros. “Al ya no contar con esos dos muros el edificio se movía, prácticamente estaban cargándolo la fachada y el arco, que funcionó como una especie de péndulo que recibía los esfuerzos del edificio”, dice el especialista.

De septiembre a diciembre, en el lugar trabajaron unas 15 personas, no sólo para garantizar la estabilidad del inmueble sino para aplicar nuevos aplanados a los muros y reponer elementos como la espadaña, que había tirado el sismo, y las gárgolas que permiten el desagüe de la azotea.

La labor, agrega, “también busca restaurar la parte intangible, es decir, queremos que la próxima fiesta sea aquí”.

 

 

Fuente: El Heraldo

[email protected]

HBS

WhatsApp Telegram
Telegram
Diario Cambio 22 - Península Libre