marzo 3, 2024 20:31

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Renán Castro Madera, Director General

 

 

  • En un informe publicado el miércoles 6 de diciembre, Amnistía Internacional documenta unos 40 casos de violación y violencia sexual contra detenidos iraníes arrestados durante el levantamiento ‘Mujeres, Vida, Libertad’ tras la muerte de Mahsa Amini en 2022.

 

 

Redacción/CAMBIO 22    

“Mis amigas y yo nos quitamos el velo en público y cantábamos. Nunca pensé que las fuerzas de seguridad nos arrestarían por eso”, dijo Maryam, una manifestante iraní cuyo testimonio fue recogido por Amnistía Internacional en Irán.

La joven afirma haber sido llevada a una camioneta por miembros de la Guardia Revolucionaria y luego encerrada durante dos meses en un centro de detención del grupo, considerado terrorista por algunos países, entre los cuales Estados Unidos, donde fue torturada.

“Dos agentes me violaron, incluso analmente con una botella. Ni siquiera los animales hacen este tipo de cosas. Yo era muy pequeña en comparación con ellos. Después de eso, perdí el conocimiento”, denuncia a la organización de derechos humanos.

La historia de Maryam es uno de los 45 testimonios recopilados entre enero y agosto de 2023 por Amnistía Internacional y transcritos en un informe publicado el miércoles 6 de diciembre. La ONG habló con estos exprisioneros iraníes, “detenidos arbitrariamente” entre septiembre y diciembre de 2022, o con sus abogados y sus familiares, y tuvo acceso a pruebas fotográficas y expedientes médicos.

Entre estos cuarenta testimonios escalofriantes se encuentran las historias de 26 hombres que fueron víctimas de abusos sexuales, también de siete menores, entre ellos un niño de 12 años.

Amnistía Internacional denuncia “el uso de violaciones y otras formas de violencia sexual por parte de las fuerzas de seguridad iraníes que constituyen tortura y otras formas de malos tratos” para intimidar, castigar y humillar a los manifestantes del levantamiento ‘Mujer, Vida, Libertad’ de 2022.

La ONG, que lleva años vigilando las violaciones de derechos humanos en Irán, ha reportado un “aumento alarmante” del uso de la violación y la violencia sexual durante la detención, en comparación con oleadas anteriores de protestas.

Estas torturas, afirma el informe, tienen como objetivo “infundir miedo e infligir un trauma duradero” para disuadirlos de participar en futuras protestas u otros actos de resistencia, como exponerse en público en el caso de mujeres y niñas.

Después de su detención, la mayoría de las víctimas sufren traumas físicos y psicológicos relacionados con la violación y otras formas de violencia. Para algunos, esto se manifiesta en intentos de suicidio. La madre de un estudiante de secundaria violado dijo a Amnistía Internacional que su hijo había intentado acabar con su vida dos veces mientras estaba detenido.

Sin procedimientos legales

Según el informe, las violaciones y la violencia sexual tuvieron lugar “en centros de detención y furgonetas policiales, así como en escuelas o edificios residenciales utilizados ilegalmente como lugares de detención”.

Los autores de estos actos de tortura fueron identificados por sus víctimas como miembros de la Guardia Revolucionaria, la fuerza paramilitar Bassij y el Ministerio de Inteligencia, así como agentes de diversas ramas de la policía. “Hasta la fecha, las autoridades iraníes no han acusado ni procesado a ningún funcionario estatal por las violaciones y otros actos de violencia sexual documentados en el informe”, afirmó Amnistía Internacional.

Solo tres de las víctimas se atrevieron a iniciar acciones legales, pero dos de ellas retiraron la denuncia tras ser amenazadas. “La tercera persona fue ignorada durante varios meses y un alto funcionario le dijo que había ‘confundido’ un registro corporal con violencia sexual”, informa la ONG, cuya secretaria general, Agnès Callamard, denuncia la complicidad de la Justicia iraní.

“Las violaciones en prisión han existido desde los inicios de la República Islámica”, explica Azadeh Kian, especialista en Irán, que no dice estar sorprendida por las revelaciones de Amnistía Internacional. “En los años 1980, las jóvenes arrestadas por delitos políticos eran violadas antes de su ejecución. Sus verdugos creían que si eran vírgenes irían al cielo, al que no deberían tener derecho. Un matrimonio temporal (práctica autorizada en el Islam chiita llamado ‘sigheh’ en Irán, nota del editor) era organizado y una dote en forma de dulces era enviada a la familia de la joven”.

Cuando se le preguntó el 7 de diciembre de 1986 sobre el uso masivo de la violación en las prisiones, el líder supremo respondió: “¡Sí! tales violaciones son esenciales para impedir que estas mujeres anti-Islam entren al paraíso. Si son vírgenes ejecutadas, entrarán al cielo. Así que la violación es extremadamente importante para evitar que estos elementos entren al cielo”.

Según el investigador, los presos políticos durante el período del sha tampoco se libraban de la práctica de la violación como arma de intimidación en prisión.

“Hoy las víctimas hablan”

Además de la violencia sexual, como estar desnudos durante horas delante de otros detenidos o el uso de descargas eléctricas en los genitales, Amnistía también registra tratos degradantes, como la denegación deliberada de acceso a los retretes.

“No había instalaciones sanitarias, lo cual era insoportable para ellos”, relata un profesional de la salud que atendió a una estudiante de secundaria que estuvo encarcelada durante más de un mes después de manifestarse cerca de su escuela con sus amigos. “Si una de ellas tenía su período, no le permitían toallas sanitarias y su sangre se derramaba por todos lados”, describe.

“Hoy las víctimas hablan”, señala Azadeh Kian. “#MeToo ha estado ahí y también el movimiento ‘Mujer, vida, libertad’. El cuerpo es utilizado por las fuerzas de seguridad como campo de batalla, por lo que denunciar se convierte en un acto de resistencia”.

Figuras intelectuales y activistas, como la premio Nobel Narges Mohammadi, han denunciado esta violencia sexual contra los presos.

Sin embargo, el miedo al ostracismo y a las represalias contra sus seres queridos sigue silenciando a algunas víctimas. Según uno de los profesionales de la salud mental entrevistados por Amnistía Internacional, el número de detenidos iraníes que sobrevivieron a la violencia sexual durante el levantamiento tras la muerte de Mahsa Amini es mucho mayor que los casos registrados en el informe.

 

 

 

Fuente: France24

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