• Pienso en el derecho a la justicia y en la necesidad de tener la oportunidad de confiar en el sistema de justicia de tu país. Pienso en las reacciones de la sociedad civil antes los casos de Lesvy Berlín Osorio, de quien la Fiscalía dijo que “se había suicidado” o de Debahni Escobar, quien “cayó en una cisterna”.

 

Redacción/CAMBIO 22

Un hombre decide apoyar a su hermano y en lugar de llevarlo a un hospital, insiste y fuerza a atenderlo en su propia casa cuando éste requiere de cuidados médicos profesionales. Ese mismo hombre luego decide llevarse a su hermano a un hospital sin el consentimiento de éste ni el de quien fue esposa de éste -y por ende su cuñada- durante 62 años. El hermano, muere unas semanas después sin poder ver a su esposa. En un hospital, lugar al que nunca quiso ir.

El hombre que decidió “apoyar” a su hermano decide entonces ir tras la esposa su hija. Crear un caso y lograr que sin tener pruebas una de ellas, la hija, pise la cárcel luego de un proceso que implicó meses de defensa pero que inevitablemente la llevó a vivir 528 días tras las rejas.

Lo anterior no es el plot de una serie nueva de Netflix o de Amazon Prime. Es un caso real con nombre y apellido: Alejandra Cuevas. Y también, es un caso con firma: Alejandro Gertz Manero. Es él, a quien usted que lee esto tal vez recuerde como Fiscal General de la República. Digo “recuerde” porque hace meses que no se sabe de él.

La historia contenida en El Verdugo (Planeta, 2023) es perturbadora: una mujer es prácticamente levantada por supuestos elementos de una corporación encargada de la justicia en nuestro país. Una hija tiene que pedir justicia de rodillas y muchos medios de este país tienen que voltear hacia otro lado porque las prácticas del tiempo en que Gertz Manero inició su carrera no se han ido: solo han cambiado de colores y nombres en sus prácticas y filiaciones políticas.

Pienso en esta denuncia contra Gertz Manero y de inmediato recuerdo historias que abonan en la crisis de credibilidad que tiene el sistema de justicia del país. Gertz tiene más de cincuenta años de carrera: más de los que cualquier presidente ha tenido en la historia de México. Han ido y llegado: y él perenne se ha mantenido como una figura con la que podemos entender todo lo que está mal en nuestro sistema de partidos.

Pienso en el derecho a la justicia y en la necesidad de tener la oportunidad de confiar en el sistema de justicia de tu país. Pienso en las reacciones de la sociedad civil antes los casos de Lesvy Berlín Osorio, de quien la Fiscalía dijo que “se había suicidado” o de Debahni Escobar, quien “cayó en una cisterna”. En la “falla masiva humana” de la que habló el oficialismo neoleonés. Recuerdo cómo hace apenas unos días volvimos a reaccionar a lo que dijo la Fiscalía de Aguascalientes a través de Jesús Figueroa Ortega sobre el caso de Ociel Baena y Dorian Nieves Herrera. El concepto de “falla masiva” resuena.

Quienes leen esto recuerdan probablemente cómo desde hace semanas hay una avanzada en redes en pro de la ratificación de Ernestina Godoy como fiscal de la Ciudad de México. Pienso en Mariel Albarrán, la incansable defensora de sus hijas y la denuncia por abuso contra su exmarido y exmagistrado Manuel Horacio Cavazos López y cómo ha sido su periplo. Vienen a mi mente las imágenes de cuando fue sacada del recinto al que fue a confrontar a Ernestina Godoy el día en que esta se encontraba hablando sobre sus logros.

 

Pienso en la furia que sintió, pero en las razones para seguir con su lucha. Se lo pregunto. Su respuesta:

“El amor inmenso a mis hijas, haré TODO por protegerlas. Ellas soportaron cosas horribles por temor a que me mataran. Merecen justicia, es su derecho y hago lo que me corresponde. En casos de violencia sexual infantil, la justicia tiene hasta un efecto terapéutico en lxs sobrevivientes. Visibilizar el infierno al que se enfrentan todas las víctimas que denuncian violencia sexual u otros delitos. La podredumbre que se vive en el sistema de procuración y administración de justicia es dantesca, tienes que suplicar y hacer lo inimaginable para arrancarle pequeños pedazos de justicia al sistema. Esto no debe normalizarse. Abrir camino para otras niñas y niños. Por el caso de mis hijas, la Fiscalía debe emitir lineamientos para abordar estos asuntos, ya no les tocó a mis hijas, pero es un logro saber que ayudará a otras víctimas. También dimos la batalla para lograr la no ratificación, no merecemos juzgadores violadores”

¿Cómo confiar en un sistema que no parece haber cambiado? Apenas esta semana se supo que, debido a una argumentación obtusa de la Fiscalía, Emilio Lozoya recuperó su casa. Una casa cimentada en la corrupción.

Vuelvo a Alejandra Cuevas, le pregunto por sus razones para escribir el libro y compartir su caso, lo que espera: “creo que lo mío ha ayudado a que muchas personas abran los ojos y se vea lo que sucede, porque tenemos la imagen de que solo los malos y los delincuentes están en la cárcel y no hacemos nada. Sin embargo, cuando estás ahí te das cuenta de que muchísimas personas son inocentes”¿Una victoria? No, Alejandra Cuevas se encuentra autoexiliada en otro país, lejos de sus hijos e hija. “En cinco minutos me inventa otro delito”me dice vía WhatsApp.

“Lo que más he aprendido de esta experiencia es la solidaridad de toda la gente y que juntos se puede” remata. Solidaridad para combatir la inmundicia. Otra vez, la sociedad en contra de los vicios de siempre, pienso. Veo. Entiendo.

No hay de otra, pienso. Sirvan ejemplos así como recordatorios de lo que podemos lograr y, sobre todo, de lo que merecemos.

Creer en la justicia: ¡vaya sueño mexicano!

 

Fuente: La Lista

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NMT