Redacción/CAMBIO 22 

El Papa Francisco pidió -este domingo- que la política «no se olvide de los ancianos» ni deje que el mercado los relegue a «descartes improductivos» durante la misa celebrada por la Jornada Mundial de los Abuelos y los Ancianos.

«Estemos atentos, para que nuestras aglomeradas ciudades no se conviertan en ‘núcleos de soledad’, para que la política, que está llamada a proveer las necesidades de los más frágiles, no se olvide precisamente de los ancianos, dejando que el mercado los relegue a ‘descartes improductivos’», urgió durante su homilía en la Basílica de San Pedro.

Francisco, de 86 años, es el impulsor de esta jornada que cada año trata de defender la atención a los ancianos desde la Iglesia Católica y por la que se celebra una misa anual en la Santa Sede.

En esta ocasión, llamó a «estar vigilantes para que en nuestras vidas y en nuestras familias no se margine a los ancianos».

Esperanza y compromiso

“No suceda que, a fuerza de perseguir a toda velocidad los mitos de la eficiencia y el rendimiento, seamos incapaces de frenar para acompañar a los que luchan por seguir”, añadió el Pontífice.

También pidió «una nueva alianza entre jóvenes y ancianos» para que quienes tienen a sus espaldas «una larga experiencia de vida irriguen los brotes de esperanza de quien está creciendo».

«Por favor, mezclémonos, crezcamos juntos -exhortó -. Hermanos, hermanas, la Palabra divina no nos invita a separar, a cerrarnos, a pensar que podemos hacerlo solos, sino a crecer juntos. Escuchémonos, dialoguemos, sostengámonos».

Prioridades

«No olvidemos a los abuelos y a los ancianos. Muchas veces, gracias a una caricia suya hemos vuelto a levantarnos, hemos reanudado el camino, nos hemos sentido amados, sanados por dentro. Ellos se han sacrificado por nosotros y no podemos sacarlos de la agenda de nuestras prioridades. Crezcamos juntos, vayamos adelante juntos», concluyó.

Al final de la misa, cinco ancianos representantes de los cinco continentes entregaron la cruz del peregrino a cinco jóvenes que salieron de viaje hacia la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se celebrará en Lisboa entre el 1 y 6 de agosto.

Los abuelos y los ancianos son “raíces que los más jóvenes necesitan para llegar a ser adultos”: son palabras del Papa en la Misa por la III Jornada Mundial de los abuelos y de los Mayores celebrada en la Basílica de San Pedro.

Ante a unos 6 mil fieles presentes, entre los cuales numerosos ancianos y abuelos son sus nietos y familiares, Francisco dedica su homilía a la relación entre los jóvenes y los ancianos, que hay que cultivar y hacer crecer. Mirando al mundo actual, exhorta a cuidar a las personas mayores y a no olvidarlas.

Estemos atentos, para que nuestras aglomeradas ciudades no se conviertan en “concentrados de soledad”; para que la política, que está llamada a proveer a las necesidades de los más frágiles, no se olvide precisamente de los ancianos, dejando que el mercado los relegue a “descartes improductivos”. No vaya a suceder que, a fuerza de seguir a toda velocidad los mitos de la eficiencia y del rendimiento, seamos incapaces de frenar para acompañar a los que les cuesta seguir el ritmo. Por favor, mezclémonos, crezcamos juntos.

Luces y sombras

Pontífice centra su reflexión en tres parábolas que Jesús usa para hablarnos del Reino de Dios en el Evangelio del día, que tienen un aspecto en común: el crecer juntos. “Cuenta historias sencillas, que llegan al corazón de quien lo escucha”. Se trata de un lenguaje, lleno de imágenes, explica, que “se asemeja al que muchas veces usan los abuelos con los nietos” y que “comunican una sabiduría importante para la vida”.

En la primera parábola, son el trigo y la cizaña los que crecen juntos, en el mismo campo. “Es una imagen que nos ayuda a hacer una lectura realista”, precisa, ya que “en la historia humana, como en la vida de cada uno, coexisten las luces y las sombras, el amor y el egoísmo. Es más, el bien y el mal están entrelazados hasta el punto de parecer inseparables”. Y añade que “este planteamiento objetivo nos ayuda a mirar la historia sin ideologías, sin optimismos estériles o pesimismos nocivos”.

El riesgo de ser intransigentes

El cristiano, “no es un pesimista, ni tampoco un ingenuo que vive en el mundo de las fábulas, que actúa como si no viese el mal y dice que ‘todo va bien’, subraya el Obispo de Roma. “El cristiano es realista, indica el Papa, sabe que en el mundo hay trigo y cizaña, y se mira dentro, reconociendo que el mal no llega sólo ‘desde fuera’, que no es siempre culpa de los demás, que no es necesario ‘inventar’ enemigos que combatir para evitar arrojar un poco de luz en su interior”. “Pero la parábola nos interpela: cuando vemos que en el mundo el trigo y la cizaña están juntos, ¿qué debemos hacer?”, pregunta el Pontífice.

En la narración los siervos querían arrancar la cizaña (cf. v. 28). Es una actitud animada por una buena intención, pero impulsiva y agresiva. Piensan que podrán arrancar el mal con sus propias fuerzas, para salvar la pureza. Es una tentación frecuente: una “sociedad pura”, una “Iglesia pura” pero, para alcanzar esa pureza, se corre el riesgo de ser impacientes, intransigentes, incluso violentos hacia quien cayó en el error. Y así, junto a la cizaña, se arranca también el trigo bueno y se impide a las personas hacer un camino, crecer, cambiar.

 

 

 

 

 

Fuente EFE/Vatican News

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