El Kilómetro de la Infamia; “La Autopsia” de un Despojo Solapado por las Autoridades Municipales de Cozumel
9 Feb. 2026
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El verdadero arquitecto de este caos no es el constructor, sino Diego Roberto Lope Mena, Director de Desarrollo Urbano de Cozumel
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Las “Bodas Colectivas” del Ayuntamiento se celebrarán precisamente allí, bajo el techo de esa palapa ilegal
Ricardo Jesús Rivas/ CAMBIO 22
COZUMEL, 9 de febrero. – Cozumel no es una postal, es un organismo vivo que devora a los suyos bajo un sol que no perdona. En el kilómetro 6.5 de la carretera antigua sur, justo a un costado del Hotel Presidente, se está llevando a cabo un acto de rapiña administrativa que huele a salitre, a corrupción de la vieja escuela y a la prepotencia más actual. Aquí, el derecho de propiedad no es un muro de piedra, sino una línea de arena que el poder borra a su conveniencia para perjuicio del ciudadano común y en beneficio de los más poderosos.


La víctima de este atropello es un ciudadano quintanarroense que ostenta un registro público desde 1984, una era en la que la palabra todavía valía algo en esta isla. Durante una década, mantuvo una concesión de la Zofemat que protegía el frente de su vivienda, pero en el momento en que el permiso caducó, la sombra de un tercero —ese eterno rapaz que espera el menor rastro de sangre legal— se abalanzó sobre el predio. Lo que siguió no fue un trámite, fue una emboscada visceral.

El despojo comenzó con la demolición de lo construido con esfuerzo familiar. A decir de la víctima, el invasor, valiéndose de una dudosa concesión Zofemat obtenida en lo oscurito, derribó la cerca perimetral de alambre de púas y troncos como quien aparta basura para entrar a su propia casa, invadiendo la propiedad del agraviado, alejándose del área que le concesionaron y violentando los derechos constitucionales de un ciudadano de a pie. Desafortunadamente no se detuvieron ahí, procedieron a realizar una cirugía plástica forzada sobre la costa. Donde antes había roca firme y memoria geológica, hoy hay un relleno de arena cuyo origen es tan turbio como el fondo de un pantano estancado. Es el “makeover” de la ilegalidad; enterrar la evidencia bajo una capa de sedimento importado para que parezca “playa” lo que en realidad es un crimen patrimonial.

Lo más cínico del asunto es la arquitectura del presunto invasor. Utilizando cimientos que datan de hace décadas, el habitante no esperado, edifica una palapa de 193 metros cuadrados, una estructura que se alimenta directamente de la propiedad privada ajena. Pero el verdadero arquitecto de este caos no es el constructor, sino Diego Roberto Lope Mena, Director de Desarrollo Urbano de Cozumel. Cuando el afectado acudió a reclamar lo suyo con la documentación en mano, se topó con el muro de piedra de la burocracia selectiva, López Mena se negó a recibir los papeles, enturbiando el proceso y dejando claro que, para este ayuntamiento, la ley es un estorbo si no favorece al “amigo” de turno.


En un despliegue de audacia macabra, Lope Mena anunció durante una entrevista a un medio local, que las “Bodas Colectivas” del Ayuntamiento se celebrarán precisamente allí, bajo el techo de esa palapa ilegal, en medio del predio invadido. Es una movida perversa, utilizar el amor y el festejo popular como un escudo humano para legitimar un robo. Si el Gobierno Municipal está ahí celebrando uniones, nadie se atreverá a decir que el suelo está manchado.

Hasta el momento, la administración de Cozumel se ha limitado a callar cobardemente. Dicen tener la documentación, pero no la muestran; afirman la legalidad, pero huyen de las pruebas. La sombra del despojo ya se proyectó sobre el kilómetro 6.5 y el conflicto ya huele a tribunales federales, pero para cuando la justicia despierte de su letargo, el salitre habrá corroído los documentos y la arena sospechosa habrá cubierto la verdad por completo. En Cozumel, el paraíso tiene dueño, pero solo mientras el funcionario de turno no decida lo contrario.

KXL/RCM


















