marzo 2, 2024 21:48

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Renán Castro Madera, Director General

El recorrido de Serrat, La Gordita y los Taibo, los pocos conocidos nexos con México del cantautor catalan

 

 

 

Redacción/CAMBIO 22

Joan Manuel Serrat estuvo exiliado en México durante casi un año, luego de que la dictadura franquista expidió en 1975 un decreto de búsqueda y captura en su contra por las declaraciones que el cantautor catalán hizo en el aeropuerto de la Ciudad de México para manifestar su repudio contra el régimen franquista por la ejecución de cinco militantes de ETA y de las FRAP en Barcelona, Madrid y Burgos.

 

Al prohibírse el ingreso a España, Serrat decidió permanecer en México. Su inesperada estancia aquí le trajo grandes experiencias y forjó entrañables amistades para él: se hizo un asiduo a las comidas y reuniones comandadas por el asturiano Paco Ignacio Taibo I y su familia, y se convirtió en un hincha del Atlante, cuyos colores le recordaban a los del equipo de sus amores: el Barça.

“Primero me quedé en una casa que ya había encontrado antes en otras casas en las que había crecido en mis primeros años de relación con México. Sin ir más lejos, en casa de los Taibo. A partir de ahí conocí y crecí junto a hombres como (Luis) Alcoriza, (Luis) Buñuel, (Juan) Rulfo, (Luis) Rius y (Juan) Rejano”, recordó el compositor en una entrevista de 2014, muchos, muchos años después de su exilio.

Pero el exilio le dejó también aprietos económicos. Para sortearlos recibió el apoyo inesperado de un compositor que marcaría el pop español durante décadas: Camilo Sesto, quien se declaraba políticamente como un “centrista”, y con quien Serrat compartía representante y asistente personal: José María Lasso de la Vega y un ex torero llamado José Manuel Inchausti, respectivamente.

Durante su refugio en el país, el catalán recorrió gran parte del territorio, desde Tijuana hasta Cancún, ofreciendo conciertos de bajo costo en ciudades y pueblos en los que la audiencia de cientos estaba compuesto por el pueblo entero.

Para su gira de casi un centenar de conciertos de bajo costo, Serrat, sus músicos y sus amigos habilitaron un autobús al que llamaron La Gordita, en homenaje a una de sus grandes amigas, María Elena Galindo.

“Todo el mundo me llama así. Y así se llamó el autobús”, contó ella muchas décadas después al diario El País. Galindo conoció a Serrat durante su primer viaje a México y trabó con él una “amistad incondicional”. “Ni me enamoré nunca de él, ni fui su fan”, aclaró en la entrevista.

En La Gordita viajaban veinte personas: los músicos, sus esposas y hasta algunos niños. Hubo días felices y otros de nostalgia. En todas partes conocían sus canciones, también los campesinos.

Y los recuerdos más vivos de aquella gira corresponden precisamente a las actuaciones, a bajo costo, en las localidades más humildes. “Una vez, en un pueblo donde íbamos a tocar por detrás de un establo de vacas se fue la luz. Y cuando ya todos se levantaban, un señor pegó dos tiros al aire para que la gente se sentara y esperara”, evocó Galindo.

El propio Serrat comentó la aventura a bordo de La Gordita:

“SE ME OCURRIÓ HACER UNA GIRA POR MÉXICO Y COMPRÉ UN CAMIÓN Y ME FUI A TOCAR CON MIS MÚSICOS DURANTE CASI UN AÑO”

“Se me ocurrió hacer una gira por México -contó- y compré un camión y me fui a tocar con mis músicos por México durante casi un año. En aquella gira la gente me decía ‘ésta es tu casa, quédate’, y yo me lo creí y me quedé, y fue para lo bueno y para lo malo, para todo como lo hicieron también los otros tantos compatriotas que se quedaron”.

Ese camión le permitió al chico nacido el 27 de diciembre de 1943 en Poble Sec, el barrio popular de Barcelona, conocer profundamente el territorio mexicano. “Eran tiempos buenos, pero la gente tampoco podía pagar mucho; recuerdo que tocamos en Autlán (Jalisco), fue el pueblo al concierto, eran mil personas los habitantes y todos fueron”, contó Serrat.

Con todo, fue “un tiempo muy estéril” para él porque “mi espíritu estaba en muy malas condiciones”; en cambio, “humanamente fue un año fantástico en el que encontré mi casa en el otro lado del mar (México), como años antes lo habían encontrado otros compatriotas míos” que huyeron de la dictadura de Francisco Franco.

Lo más duro del destierro para Serrat fue alejarse de sus familiares: “Cuando uno toma una decisión analiza por encima de cualquier cosa el pequeño mundo de uno y los sentimientos, confieso que lo que más me preocupó fue mi familia: mis padres y hermanos, que volvíamos a estar separados. Uno no hace las cosas pensando más que lo que puede creer”.

 

 

Fuente Fábrica de Periodismo

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AFC

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