El Código Rojo
7 Mar. 2026
Peniley Ramírez / CAMBIO 22
Era marzo de 2025. Familias de personas desaparecidas y un fotoperiodista llegaron al Rancho Izaguirre, en Jalisco, siguiendo una pista que indicaba que allí podría haber rastros de sus seres queridos. Unas horas después, el caso estaba en toda la prensa mexicana y en gran parte de la prensa internacional. En esos días, en otros lugares de Jalisco, muchos jefes de plaza del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se reportaban. Las comunicaciones eran un hervidero. Conectaban varios nodos centrales y, entre ellos, uno que parecía ser un jefe mayor.
Durante los siguientes meses, autoridades militares que investigaban este caso fueron reconstruyendo qué había pasado en ese momento, cómo se habían reportado los jefes narcos y quién parecía estar más arriba en esa cadena. Los investigadores, con ayuda de un gobierno local, confirmaron que era muy difícil seguir la pista de los reportes porque los criminales usaban muchos teléfonos distintos para comunicarse.

A la par, otra investigación estaba en curso: a partir de los reportes más recientes del gobierno de Estados Unidos, dos unidades de alto nivel estaban siguiendo cómo operan los call centers en Jalisco que estafan a miles de ciudadanos de EU y Canadá con falsas ofertas para comprar tiempos compartidos. El seguimiento de este otro caso llevó a las autoridades militares a algunos sitios rurales en Jalisco donde se coordinaban las estafas, y desde ellos, a más conexiones con el mismo jefe que había recibido muchos reportes el día en que los activistas entraron al Rancho Izaguirre.
En ambas pistas, las autoridades creían que estaban conectando los nodos alrededor de Audias Flores, alias “El Jardinero”, un jefe de alto nivel del CJNG. Tenía sentido: “El Jardinero” es conocido por operar en una amplia zona de Jalisco, desde los valles hasta Puerto Vallarta y Tequila. Pero una pista que llegó de Estados Unidos le dio un giro a la investigación.
Durante un tiempo, las autoridades de EU habían obtenido información sobre Guadalupe Moreno, una mujer a quien se relacionaba con Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”. Durante años, el Ejército la investigó por su relación con Oseguera. La mujer viajaba con frecuencia. EU logró conectarla con Tapalpa y con la red de la que había recibido reportes sobre los call centers en Jalisco y el Rancho Izaguirre. No era “El Jardinero”, sino su jefe. De ahí, todo se aceleró.

Un equipo táctico de élite del Ejército, con información de distintas agencias del gobierno de EU, se aventuró a buscar a “El Mencho”. “El general no activó el código rojo. Por eso lloró en la mañanera; sabía que tuvo que sacrificar a algunos de sus hombres”, me dijo, unos días después de que mataron a “El Mencho”, una fuente de seguridad de alto nivel.
El general se rifó; no activó el código rojo”, me dijo otra fuente. Y una más: “El Mencho tenía control de mucho territorio; si activaban el código rojo, se iba a filtrar que iban por él”. El código rojo es un protocolo de reacción inmediata y conjunta entre las fuerzas federales, desde el Ejército hasta la policía. Avisa que puede haber delitos de impacto o situaciones de alto riesgo, por lo que pueden ser necesarios refuerzos.
Han pasado casi dos semanas desde que el Ejército mató a “El Mencho”. Las investigaciones a las que tuve acceso fueron realizadas por la Guardia Nacional, el Ejército y EU. Pero en otras partes del gobierno federal me confirmaron que no solo ignoraban que ya estaban cerca del primer círculo de “El Mencho”, sino que el operativo sería ese fin de semana.

Esto explica, según me aseguraron varias fuentes, por qué la Presidenta estaba de viaje, por qué el comunicado del Ejército no contenía los logotipos de otras instituciones federales, por qué el gobierno tardó en reaccionar cuando, después de muerto “El Mencho”, finalmente se activó un código rojo.
Durante años, hemos visto un protagonismo creciente de la Marina y de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en particular de Omar García Harfuch, en los grandes operativos de seguridad en México. Tras bambalinas, me explican que lo que se lee en este operativo es una nueva etapa, con más protagonismo del Ejército y una relación directa, ya no a través del Palacio Nacional con la Casa Blanca, sino de Lomas de Sotelo con el Comando Norte.
KXL/RCM


















