• Réquiem por un Espejismo.

 

  • El cambio de nombre de Lakam Ha a Kuza no fue un ajuste de marca, sino un intento desesperado por borrar el hedor del fracaso inicial.

 

Redacción/ CAMBIO 22

COZUMEL, 9 de febrero. – La isla suele enterrar sus secretos bajo el azul hipnótico de sus aguas, pero hay fracasos que ni el océano puede ocultar. El proyecto que una vez se anunció como Lakam Ha —un nombre que invocaba la pureza y el fluir del agua en lengua maya— hoy no es más que una costra de concreto y promesas podridas. No estamos ante un simple tropiezo empresarial; asistimos a la necrosis de una ambición que nació de la soberbia política y murió en la inopia técnica. Lo que hoy llaman Kuza es el esqueleto de un parque que nació muerto, un monumento al ego de quienes creyeron que el poder público les otorgaba el don de la creación privada.

El origen de este desastre huele a la rancia alcurnia de los despachos oficiales. Una tríada de inversionistas conformada por un exgobernador de Quintana Roo, un exalcalde de Cancún y un exsecretario de Seguridad, decidió que el dinero acumulado en las arcas de la política bastaba para comprar un lugar en la historia del turismo internacional. Para ejecutar la maniobra, enviaron a Salvador Rocha Vargas, un policía reconvertido en desarrollador, a los laberintos de la Ciudad de México para arrancar los permisos federales. Lograron lo impensable; el derecho legal de herir la selva. Pero allí terminó su genio. Una vez con los papeles en mano, la estolidez de quienes pretenden jugar en “grandes ligas” sin saber sostener el bate se hizo evidente.

La mitomanía fue el combustible de la obra. Se habló de capitales españoles, franceses y una corte de socios europeos que no eran más que fantasmas de oropel. Estas fábulas transatlánticas solo servían para velar el origen real del capital, una cortina de humo para ocultar que el proyecto era una quimera alimentada por la imprudencia de novatos. Cuando la realidad técnica colapsó, el plan original fue abortado y el predio se entregó a manos colombianas, extranjeros que hoy se encuentran administrando un cementerio de deudas y problemas legales que no les pertenecen.

Hoy, el parque es el peor ejemplo de desarrollo a nivel global. El cambio de nombre de Lakam Ha a Kuza no fue un ajuste de marca, sino un intento desesperado por borrar el hedor del fracaso inicial. En las inmediaciones del sitio, el aire se siente pesado: es la humillación de los trabajadores que Rocha reclutó con sueldos de ensueño y que terminaron con las manos vacías. Es la herida abierta en la naturaleza, una cicatriz que no cicatriza porque quienes la causaron están más ocupados escondiendo sus pérdidas que pagando a los constructores a los que hoy estafan.

Lakam Ha es la prueba de que el dinero y el poder no compran la inteligencia. Es un parque que se devoró a sí mismo, dejando tras de sí un rastro de escombros, una identidad perdida y la confirmación de que, cuando los depredadores de la política intentan construir paraísos, solo logran edificar su propio infierno de impunidad.

 

 

redaccion@diariocambio22.mx

RHM

 

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