El Arte como Voz contra la Violencia de Género desde Copenhague
4 Feb. 2026
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Necesariamente Incómoda
Graciela Machuca Martínez / CAMBIO 22
Desde Copenhague, Verónica Bluguermann, una diseñadora argentina de 43 años, madre de dos niñas y casada con un danés, ha encontrado en el arte una poderosa herramienta para visibilizar y denunciar la violencia de género, especialmente los feminicidios en su país natal, Argentina. Su trabajo, que combina el bordado con la visualización de datos, busca generar conciencia e incomodidad ante una problemática que es global y sistémica.

Un Despertar Feminista en la Distancia
Aunque Verónica ha vivido situaciones de inequidad a lo largo de su vida en Argentina, su inmersión profunda en el feminismo ocurrió en 2020, mientras residía en Dinamarca.
El proceso de votación por el aborto legal en Argentina, que siguió a través de noticias online, fue un punto de inflexión.
“El festejo y todo eso me hizo sentir que tenía que luchar y estar ahí, creo que por primera vez, así que realmente extrañé mi país por una sensación de puro orgullo de la lucha de todas estas mujeres argentinas que realmente sentí que si me estoy perdiendo esto, yo tendría que haber estado ahí, yo tendría que estar con quien ha aportado”, relata Verónica en entrevista. Este sentimiento la impulsó a explorar la intersección entre el arte y el feminismo.
Su primera incursión fue una instalación bordada en tamaño real de mujeres en marcha, una forma de situarse a sí misma entre ellas y expresar su deseo de participación. Este proyecto surgió durante su licencia de maternidad, combinando su interés por el bordado con los acontecimientos en Argentina.
Bordando la Tragedia: Un Año de feminicidios.
En enero de 2025, Vero inició un proyecto ambicioso: bordar durante todo un año cada feminicidio ocurrido en Argentina. Su propuesta consiste en representar cada caso con una flor de ceibo, la flor nacional argentina, que contiene información detallada sobre la víctima y el agresor.

“Por cada feminicidio es una flor que contiene información. Entonces, por cada flor… uno puede ver quién fue el genocida, si era su pareja, expareja o un familiar. Si era parte de la policía o fuerzas de seguridad, cuántos hijos quedaron huérfanos… y si la mujer era menor de edad”, explica.
Este trabajo, aunque solitario, se nutre de la información de un observatorio en Argentina que recopila datos sobre feminicidios día a día, supliendo la falta de información gubernamental oportuna. Verónica se sumerge en cada historia, buscando comprender el contexto y la procedencia de la violencia, aunque reconoce que “el problema es más, no lo dimensionaste bien. Que el problema te rebasa”.
La Belleza y la Brutalidad: Generar Incomodidad
El objetivo principal de Vero no es dar respuestas, sino generar incomodidad y conciencia. “Lo que pretendo quizás o que o la intención es generar una incomodidad, ¿no? Cuando uno visualiza información, pretende uno generar esa incomodidad también a través de… yo lo llamo lo bello y lo brutal, o sea, lo bello del bordado y flores, lo que tiene que ver un poco con la femineidad, pero que en realidad lo que representa es una tragedia y quiero que a través de esa sensación llamar a la conciencia”, afirma.
Se niega a aceptar que la violencia de género sea una cuestión cultural, considerándola un problema sistémico, relacionado con la falta de leyes y recursos. Observa que, aunque su enfoque está en Argentina, la violencia contra las mujeres es un problema global, incluso en Dinamarca, donde los casos han aumentado.

Un Velo de Novia como Símbolo
Actualmente, Vero está trabajando en una pieza central para su proyecto: un velo de novia donde se bordan las flores que representan a cada víctima. Su intención es terminar esta pieza y luego evaluar cómo continuar.
Conexiones y Desafíos
A pesar de la naturaleza solitaria de su trabajo, Vero busca establecer alianzas. Le gustaría colaborar con organizaciones locales en Copenhague que apoyan a mujeres en situación de violencia, aunque la falta de tiempo es un obstáculo. Su trabajo se difunde principalmente a través de Instagram, donde comparte fotos mensuales de su progreso, las historias detrás de cada flor y temas relacionados con el proyecto. https://www.instagram.com/proyecto_ceibo?igsh=MTJ4bWt5ZGpwcHJsMA%3D%3D&utm_source=qr
Además, destaca la importancia de categorizar los feminicidios como tales, en contraposición a la tendencia de algunos gobiernos de minimizarlos como simples homicidios. “Mientras tengamos estas cantidades de mujeres muertas por violencia de género tienen que estar categorizadas, una vez que no sea un problema podemos hablar”, enfatiza. Su trabajo busca precisamente eso: visibilizar una realidad que a menudo se intenta ocultar.

Un Legado de Lucha y Resistencia
La historia de la flor nacional argentina, el ceibo, que según la leyenda nace de la muerte de una joven nativa a manos de los conquistadores, resuena profundamente con el trabajo de Vero. “Para mí también fue una especie de shock decir que nuestra flor nacional está conectada también con su asesinato. Con la violencia”, comenta.
El compromiso de Verónica Bluguermann se alinea con la larga tradición de lucha de las mujeres argentinas, desde las Madres de Plaza de Mayo hasta el movimiento “Ni Una Menos”, que ha inspirado a otros países de Latinoamérica. Su arte es una continuación de esta resistencia, una forma de mantener viva la memoria de las víctimas y de exigir justicia y cambios sistémicos.
La Leyenda de Anahí: La tradición cuenta la historia de Anahí, una joven guaraní que, tras combatir a los conquistadores españoles, fue condenada a morir en la hoguera. Al quemarse, su cuerpo se transformó en un árbol de flores rojas, representando su valentía y amor por su tierra.
GPC/RCM


















