marzo 1, 2024 00:05

Renán Castro Madera, Director General

Graciela Machuca Martínez/CAMBIO22

Como todos los años, al conmemorarse un aniversario más del inicio de la llamada Guerra de Castas, en Quintana Roo la clase política se viste de gala para desfilar y hacerse nota con miras a otro cargo político y en este 2023 no fue la excepción, pero quienes rompieron el récord fueron integrantes de la XVII Legislatura quienes improvisaron un acto en la cancha de basquetbol, sin que la ciudadanía de Tihosuco supiera que estaba pasando y quienes eran esos intrusos, porque a los organizadores no les importó interactuar con el pueblo.

Además, de este incidente se dieron varios durante las ceremonias para conmemorar las hazañas de los mayas a mediados del Siglo XIX, lo que nos deja claro que a la clase política en Quintana Roo no le interesa la realidad de los mayas del Siglo XXI, a quienes solo los utilizan para sus intereses electorales, sin preocuparse en diseñar políticas públicas para que las actuales generaciones se involucren en la historia de sus antepasados, porque solo así podrán reclamar sus derechos como pueblos originarios de estos territorios.

De acuerdo a material didáctico de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra https://mapoteca.siap.gob.mx/ la Guerra de Castas es el movimiento social que los nativos mayas del sur y oriente de Yucatán iniciaron en el mes de julio de 1847 contra la población de “blancos” (criollos y mestizos), que se encontraba mayoritariamente establecida en la porción nor-occidental de la península de Yucatán.

La guerra, que costó cerca de un cuarto de millón de vidas humanas, terminó oficialmente en 1901 con la ocupación de la capital maya de Chan Santa Cruz por parte de las tropas del ejército federal mexicano.

De acuerdo a la ficha técnica de un mapa de la época, en los primeros años de la guerra se planteó la división de Yucatán en dos países distintos: uno de mexicanos y otro de indios insurrectos, medida en la que tuvo gran interés Inglaterra, al grado de que se comprometió a negociar con los rebeldes el abandono de las armas y su inserción al trabajo. Los ingleses proporcionaron armas y recursos a los mayas a cambio de madera de “palo de tinte”. Estados Unidos también estuvo interesado, aunque con el único objetivo de establecer un imperio esclavista en el Caribe, además de no permitir la entrada de ingleses al continente.

Como uno de los últimos acontecimientos de la guerra la ciudad de Bacalar permaneció en poder de los mayas hasta mayo de 1901, en que fue recuperada por tropas del gobierno federal. Los soldados no dispararon un solo tiro, porque los indígenas huyeron para internarse en las selvas, donde formaron nuevas aldeas.

La mapoteca Manuel Orozco y Berra del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) cuenta con una colección de materiales que acercan a las nuevas generaciones a las causas y consecuencias de la Guerra de Castas, la cual ahora solo es tomada como pretexto para hacer una pasarela política.

A pesar del olvido de las instituciones y del aprovechamiento de la clase política el pueblo de Tihosuco se ha tomado en serio la conmemoración de las acciones reivindicación de sus antepasados y para ello han retomado la semana del 26 al 30 de julio para exponer a propios y extraños manifestaciones culturales diversas como ceremonias religiosas, medicina tradicional, como un homenaje vivo a los Batabes mayas que estuvieron al frente de la histórica rebelión.

Esa semana cultural fue instituida un Decreto que ordena que en todos los municipios de Quintana Roo se realicen en esas fechas, cada año, actividades conmemorativas del inicio de la Guerra de Castas.

Mientras los habitantes de Tihosuco se organizaron para mostrar sus creaciones artísticas y su legado cultural, un grupo de integrantes de la XVII Legislatura llegaron a la localidad el 28 de julio a realizar su propio homenaje, pero para su lucimiento personal, porque así como llegaron, sin ser invitados, se fueron.

Quienes integran la actual Legislatura local no tienen interés por rescatar las raíces del pueblo maya, porque están ocupadas y ocupados en buscar la reelección en el cargo popular que ostentan o saltar a otro, pues se sienten con el derecho de contender por una presidencia municipal, una diputación federal y por qué no por una senaduría.

Las actividades conmemorativas del Aniversario 176 del inicio de la Guerra de Castas sirvieron para delinear nuevos escenarios políticos rumbo a las elecciones del 2024, hay reagrupamiento de intereses porque a pesar que los cargos de elección popular que están en juego son muchos, no alcanzarán para todos los que quieren seguir viviendo de la política.

Los discursos estuvieron llenos de referencias históricas, pero nada se dijo que las mujeres y hombres mayas que habitan el territorio que ahora es el estado de Quintana Roo, el pueblo maya estuvo en estas tierras mucho antes de la Guerra de Castas, durante toda la etapa de ese etnocidio y sigue estando en ellas, pero a la clase política eso no le importa, porque solo representan números para sus estrategias de ingeniería electoral.

Cerca del 80 por ciento de la población maya en Quintana Roo vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema, según el CONEVAL, esta población se encuentra expuesta a vulnerabilidades por las condiciones climáticas, por la falta de servicios de salud accesibles y eficientes, falta de servicios públicos de calidad, así como falta de acceso a los beneficios del desarrollo turístico que se gestó en la entidad, teniendo como producto de venta los recursos naturales y la cultura del mismo pueblo maya.

 

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