•  A pesar de la persistencia de teorías desacreditadas, expertos reafirman que las vacunas son más seguras y eficaces que nunca, sin riesgo de provocar afecciones como el autismo

 

Redacción / CAMBIO 22

Es una idea tan popular como incorrecta: los bebés estadounidenses reciben ahora demasiadas vacunas, que sobrecargan su sistema inmunitario y provocan afecciones como el autismo.

Esta teoría se ha repetido tan a menudo que ha calado en la corriente dominante, haciéndose eco de ella el presidente electo Donald Trump y su elegido para ser el máximo responsable de salud del país, Robert F. Kennedy Jr.

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“Cuando le das a un bebé, Bobby, una vacuna que son, como, 38 vacunas diferentes y parece que ha sido para un caballo, no para, ya saben, un bebé de 3 o 4 kilos”, dijo Trump a Kennedy en una llamada telefónica en julio. “Y entonces ves que el bebé, de repente, empieza a cambiar radicalmente: lo he visto demasiadas veces”.

El domingo, Trump volvió sobre el tema, diciendo que Kennedy investigaría si las vacunas infantiles causan autismo, a pesar de que decenas de estudios rigurosos ya han explorado y descartado esa teoría.

“Creo que alguien tiene que averiguarlo”, dijo Trump en el programa Meet the Press de la NBC.

Pero la idea de que las vacunas actuales sobrecargan el sistema inmunitario de los niños es fundamentalmente errónea, dijeron los expertos. Las vacunas actuales son más limpias y eficaces, y contienen muchos menos estimulantes del sistema inmunitario —por órdenes de magnitud— que hace décadas.

Es más, las reacciones inmunitarias producidas por las vacunas son “minúsculas” en comparación con las que experimentan los niños a diario, dijo Yvonne Maldonado, pediatra de la Universidad de Stanford, quien asesora a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) sobre las vacunas.

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Los niños albergan billones de bacterias, más que el número de sus propias células, y encuentran patógenos por todas partes: de sus cuidadores y compañeros de juego; en cocinas, baños y parques infantiles; en juguetes, toallas y esponjas.

“Lo normal al crecer es tener fiebres y desarrollar inmunidad frente a todos los organismos del entorno que te rodea”, dijo Maldonado. “Estamos hechos para resistirlo”.

El poder de una vacuna procede de los llamados antígenos que contiene: fragmentos de un patógeno, a menudo proteínas, que provocan una reacción inmunitaria en el organismo.

Al aprender a reconocer los antígenos de un patógeno peligroso, como el sarampión o la poliomielitis, el sistema inmunitario se prepara para combatirlo si se expone a él.

“Como el sistema inmunitario de los lactantes es más ‘ingenuo’ que el de los niños mayores y los adultos, su organismo aprende cada día a protegerse contra las amenazas externas”, dijo una portavoz de los CDC en una declaración enviada por correo electrónico.

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“Las vacunas ayudan a protegerlos antes de que se expongan a una amenaza de enfermedad infecciosa, de modo que cuando aparece esa bacteria o virus, la respuesta inmunitaria del niño está preparada y puede responder más rápida y enérgicamente”, decía el comunicado.

En la mayoría de los estados, los niños deben vacunarse contra una decena de enfermedades, un calendario que suele sumar unas 17 dosis, administradas antes de que empiecen el jardín de infantes. (Se recomiendan, pero no son obligatorias, algunas vacunas adicionales, como las del virus respiratorio sincitial, la gripe y la covid).

Cada una de las vacunas contiene unos 10 antígenos. Las vacunas antiguas eran mucho más potentes y contenían hasta 300 veces más.

Hace más de un siglo, los niños se vacunaban solo contra la viruela, que antes mataba a una de cada tres personas infectadas. La viruela es uno de los mayores virus conocidos que infectan a las personas, y la dosis de la vacuna contenía hasta 200 proteínas que podían hacer reaccionar al organismo.

Las vacunas no sobrecargan el sistema inmunológico

En la década de 1940, se utilizaba ampliamente una vacuna contra la tos ferina. La tos ferina está causada por bacterias —que tienen aproximadamente 10 veces el tamaño de un virus medio— y esa inyección contenía al menos 2000 proteínas.

A medida que los científicos aprendían más sobre los patógenos que dañan o matan a los niños, se centraron en las proteínas más importantes. También avanzaron mucho en el perfeccionamiento de las técnicas de purificación y estandarización de los componentes de las vacunas.

“Gracias a estos avances, tenemos vacunas más puras que nunca”, dijo Paul Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas del Children’s Hospital of Philadelphia y asesor de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés).

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En la década de 1990, la viruela había sido erradicada, y la engorrosa vacuna de la tos ferina fue sustituida por una versión más elegante que contenía de dos a cinco proteínas por dosis, según la formulación. Muchas otras vacunas, incluida la del sarampión, solo contienen uno o dos antígenos por dosis.

Kennedy y otros han afirmado que el timerosal, un conservante a base de mercurio que contienen algunas vacunas infantiles, causa autismo. Han señalado en particular la vacuna combinada contra las paperas, el sarampión y la rubéola.

Pero esa vacuna nunca ha contenido timerosal. Incluso cuando el conservante aparecía en otras vacunas, había trazas en niveles similares a los encontrados en una lata de atún.

Además, la forma de mercurio del timerosal no es tóxica para las personas en pequeñas dosis. En cualquier caso, desde 2001 no es un ingrediente de la mayoría de las vacunas infantiles.

“Una pequeña proporción de las vacunas contra la gripe están en formulaciones multidosis que contienen timerosal, pero existen opciones sin timerosal”, dijo la portavoz de los CDC.

La seguridad y la eficacia de las vacunas se prueban minuciosamente en animales, y luego en estudios progresivamente más amplios con personas, a veces durante décadas. (Las vacunas contra la covid fueron una notable excepción).

Las vacunas funcionan. Las vacunas son salud | UNICEF

Kennedy y otros han acusado a los funcionarios federales de salud de parcialidad a favor de las vacunas. Pero son dos grupos de expertos independientes de la FDA y los CDC los encargados de evaluar los datos y recomendar si debe aprobarse una vacuna y, en caso afirmativo, quién debe recibirla y cuándo.

Casi todos los asesores de los CDC son médicos de destacadas instituciones que ofrecen voluntariamente su tiempo y experiencia en pediatría, enfermedades infecciosas, inmunología y otras especialidades médicas. Un miembro del panel aporta la perspectiva de los consumidores sobre la inmunización.

En las raras ocasiones en que los miembros tienen un conflicto de intereses con el producto objeto de revisión, se excluyen de los debates.

Los CDC casi siempre adoptan textualmente las recomendaciones del panel. Pero son los gobiernos estatales, y no el CDC, quienes establecen los requisitos de vacunación para los residentes.

Algunas de las vacunas se utilizan desde hace décadas, y las agencias federales disponen de múltiples mecanismos para seguir controlando la seguridad. “No hemos visto ninguna señal de que ninguna de estas vacunas sea peligrosa para los niños, ni a corto ni a largo plazo”, dijo Maldonado.

 

 

 

Fuente: The New York Times

redaccion@diariocambio22.mx

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