Redacción/ CAMBIO 22

Ciudad de México. El legado de Efraín Huerta (Silao, 1914-Ciudad de México, 1982) sigue sorprendiendo a la comunidad literaria con la publicación reciente de un mecanoescrito inédito en formato de libro.

Fechado en 1931, Las tendencias sociales de Diego Rivera es un trabajo escolar que Huerta realizó para acreditar la materia de historia del arte en la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) de San Ildefonso, bajo la tutela del editor y profesor Agustín Loera y Chávez (1883-1961).

La conservación de este valioso texto por parte del docente permitirá que a 110 años del nacimiento de Huerta, cumplidos el 18 de junio, los lectores puedan acceder a una pieza fundamental para comprender los inicios del pensamiento crítico del célebre autor, conocido como El gran cocodrilo, así como su profundo interés en las corrientes artísticas y sociales de su tiempo.

A la presentación realizada la noche del martes en la sala José Clemente Orozco del Colegio de San Ildefonso acudieron Emiliano Delgadillo (prologuista), Verónica Loera Chávez (coordinadora editorial) y Eduardo Vázquez Martín (escritor).

“En este maravilloso lugar lleno de tanta historia y significativo para Efraín, les diré que la obra original se encontraba junto con la primera edición de su poemario Absoluto amor, en la biblioteca de mi abuelo Agustín Loera y Chávez”, rememoró Verónica Loera.

Por razones del destino, muchos de los libros se trasladaron a Oaxaca y poco después pude llevármelos. Una vez que David Huerta, hijo de Efraín, se enteró del hallazgo, fraguamos el proyecto de convertir el escrito preparatoriano en libro.

“Pasaron varios años, cuando David sugirió que Emiliano Delgadillo hiciera la introducción y se propuso a sí mismo elaborar una nota. Por desgracia, falleció antes de que termináramos el proyecto. En lo que fuera la Preparatoria Nacional, hoy Colegio de San Ildefonso, rendimos homenaje a dos grandes poetas: Efraín y David, así como al profesor que atesoró este trabajo como si supiera del porvenir tan brillante que le aguardaba a su alumno.

Cabe mencionar que el texto original quedó en custodia de la Biblioteca Henestrosa, ubicada en la entidad mencionada, debido a una hermosa coincidencia: el director Freddy Aguilar había copiado en los muros un poemínimo de Huerta.

Durante su alocución, Eduardo Vázquez destacó la incipiente amistad de Diego Rivera y Efraín Huerta, ambos oriundos de Guanajuato, que llevaría al pintor a retratar al poeta en el centro del mural Pesadilla de guerra, sueño de paz, cuyo paradero se desconoce.

Se trata de un mural móvil, hacia los años 50, que fue por encargo del Instituto Nacional de Bellas Artes para una exposición de México para el mundo. Rivera advirtió que la pintura aludía a la paz, pero en realidad era de propaganda comunista, pues tiene a dos líderes totalitarios: Stalin y Mao Tse-Tung.

En ese cuadro controvertido supongo que Diego retrató a Efraín porque había leído el poema ‘Hoy he dado mi firma para la paz’. Lo que aparece en la escena pictórica es un grupo de personas de diferentes edades que acuden a suscribir un acuerdo con una mujer sentada en silla de ruedas (Frida Kahlo).”

Auspiciado por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, Las tendencias sociales de Diego Rivera es una monografía firmada por Efraín, en ese entonces Efraín Huerta Romo, acompañada de dibujos y acuarelas realizadas por el futuro dramaturgo y periodista Rafael Solana.

En su estructura original, la obra se articulaba de 23 páginas, entre las que se advertía que por muchos años la personalidad de Diego Rivera fue tema de toda clase de enconadas discusiones.

Sin embargo, aunque El gran cocodrilo reconoce que Rivera llegó a ocupar el primer lugar en la pintura a escala nacional y mundial (por sus cuadros y frescos de su primera época), después reflexiona sobre su manera de dibujar escenas de soldados y campesinos enfrentándose, así como de su marcada tendencia a exponer ridículamente a personajes clericales.

“En la actualidad, todos lo sabemos, Diego ha abandonado un poco sus ideas comunistas, o las recuerda demasiado vagamente al hacer los contratos para decorar ya el Palacio de Cortés, ya la Bolsa de San Francisco, o bien para poner precio a los inestimables cuadros de sus exposiciones. Sus escrúpulos monetarios se volatizan un tanto…”, se describe en un fragmento.

Emiliano Delgadillo puntualizó que la edición facsimilar del mecanoescrito es de carácter inédito y posiblemente se convierta en el texto más antiguo conocido de Efraín Huerta, quien tenía una gran pasión por la pintura, muestra de lo cual es que quiso inscribirse a la Academia de San Carlos.

Por cada poema escrito, redactó cerca de 200 o 250 prosas, por lo que todavía no tenemos la capacidad de reunir toda su obra prosística. Gracias a los propios testimonios de Huerta, sabemos que su trabajo académico fue escrito a los 16-17 años con una máquina de escribir prestada. Efraín y Diego son dos de los gigantes de Guanajuato, a los que se le podría sumar Jorge Ibargüengoitia, concluyó.

 

 

Fuente: La Jornada

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