junio 17, 2024 05:23

16.67

Renán Castro Madera, Director General

Renán Castro Madera, Director General

junio 17, 2024 05:23

 

  • El buque de guerra más poderoso de Hitler fue hundido en 1941 por la marina británica cuando efectuaba un crucero para atacar las rutas de suministro aliadas.

 

Redacción/ CAMBIO 22

El Bismarck fue construido por los nazis como símbolo de su poder naval y de la supuesta superioridad tecnológica del nuevo régimen. Su quilla se empezó a ensamblar en 1936, solo tres años después de la llegada de Hitler al poder, y cuando fue botado en Hamburgo el 14 de febrero de 1939, era el acorazado más grande de Europa. En abril de ese mismo año se terminó su nave gemela, el acorazado Tirpitz.

Con 251 metros de eslora y un peso de 47.000 toneladas, la nave contaba con un blindaje de 320mm en el casco, y su armamento principal se componía de ocho grandes cañones de 380mm  repartidos en cuatro torretas, complementados con baterías antiaéreas y artillería de menor calibre. Cuatro hidroplanos lanzados mediante catapultas la proporcionaban asimismo algo de cobertura aérea y reconocimiento a largo alcance.

Confiado al capitán Ernst Lindemann, el Bismarck dedicó los dos primeros años de la guerra a navegar por el Báltico para que su dotación de 2.065 hombres se pudiera familiarizar con su manejo. Durante ese período la Kriegsmarine alemana se dedicó al ataque contra las rutas de suministro aliadas mediante submarinos, participando también en la invasión de Noruega, pero el Bismark y su nave hermana permanecieron en puerto a la espera de la mejor ocasión de aprovechar su potencia de fuego.

CRUCERO POR EL ATLÁNTICO

La oportunidad se presentó finalmente en mayo de 1941, cuando, en plena batalla del atlántico, Hitler decidió enviar buques de guerra a apoyar a los submarinos que luchaban contra los convoyes que llevaban armas y municiones a Gran Bretaña con los que sostener la lucha contra las fuerzas del Eje en todo el mundo.

A fin de llevar a cabo tan audaz misión el alto mando decidió combinar el Bismarck con el crucero pesado Prinz Eugen, formando un moderno escuadrón bajo el mando del almirante Günther Lütjens. Esta fuerza entraría en el Atlántico desde el norte, evitando las fuertes defensas del Canal de la Mancha para seguir la costa noruega bajo control alemán y luego desviarse hacia Islandia, desde donde podría atacar a los convoyes en la región marina donde no contarían con cobertura aérea.

La primera parte de la conocida como operación Rheinübung fue como la seda, que partiendo del puerto polaco de Gdynia el 18 de mayo cruzaron al Mar del Norte por el estrecho de Skagerrak sin contratiempo, y fueron siguiendo la costa escandinava hasta llegar a la altura de Bergen. Allí fueron descubiertos el 22 por un caza spitfire, que alertó de la amenaza a la Royal Navy.

Gracias a sus aviones de reconocimiento, la marina supo reconocer que el objetivo del Bismarck eran los convoyes atlánticos, por lo que se desplegó a la flota desde la base de Scapa Flow al tiempo que se enviaban en avanzada los cruceros Suffolk y Norfolk para mantener contacto con radar sin entrar en combate, que fue establecido el 23. En cabeza de la respuesta británica marchaba el almirante Holland, quien al mando del acorazado Prince of Wales y el crucero de combate Hood se dirigió a la batalla sin esperar al resto de naves.

EL HUNDIMIENTO DEL HOOD

Si bien es cierto que las naves de Holland sumaban un tonelaje similar al de los alemanes, el Hood solo contaba con un blindaje muy débil en la cubierta, por lo que se tendría que batir a corta distancia para evitar que los proyectiles alemanes le cayeran en vertical. Además, el almirante británico cometió la imprudencia de dejar atrás a sus cuatro destructores de escolta a causa de su baja velocidad, ni tampoco contactó con el Suffolk ni el Norfolk que seguían la estela a los nazis.

Por ello, cuando los buques alemanes fueron detectados por Holland el 24 de mayo la batalla se libraría en una igualdad de condiciones que favorecía a los alemanes, cuyas naves estaban mejor construidas y entrenadas. Para colmo de males, los británicos se acercaron en perpendicular al escuadrón de Lütjens; en un arriesgada maniobra que si bien les permitía cerrar distancias les forzaba a disparar con sus torretas delanteras mientras el enemigo respondía con toda la artillería.

La batalla se inició a las 5:52 de la tarde, cuando los buques abrieron fuego a 24 kilómetros de distancia. Sabedores que el Hood era la nave más débil de las dos, los alemanes concentraron el fuego sobre el crucero, que a la sazón era el buque insigne de Holland. Para acertar el tiro, el Bismarck coordinó sus salvas con el Prinz Eugen, que observando donde caían los proyectiles trasmitió al acorazado las coordenadas óptimas de disparo.

Así, en este primer intercambio de fuego los británicos se llevaron la peor parte, pues aunque uno de sus proyectiles logró abrir brecha en los depósitos de combustible del Bismarck, este consiguió numerosos blancos en el Hood. Al final uno de sus obuses impactó en la popa del crucero, traspasando sus dos cubiertas y estallando en uno de los pañoles de munición.

La explosión partió en dos al buque al hacer estallar todos sus proyectiles de golpe en una fenomenal deflagración. La nave se hundió en pocos segundos, y de los 1433 miembros de la dotación solo se salvaron tres.

Solo ante el peligro, el Prince of Wales recibió ahora un castigo parecido al de la nave insignia de Holland, pero gracias a su espeso blindaje logró retirarse pese a sufrir graves daños, reuniéndose con el Suffolk y el Norfolk, que se habían unido al combate tras la destrucción del Hood. Esa misma noche los alemanes rompieron el contacto con radar desapareciendo del mapa.

DUELO EN EL ATLÁNTICO

Aunque este primer encuentro había sido una victoria nazi, el impacto en el costado del Bismark le había provocado una grave fuga de fuel, por lo que era imposible continuar con la misión sin volver a puerto a reparar la brecha. Así Lütjens ordenó al Prinz Eugen que escapara dando un rodeo, mientras él ponía rumbo a los diques secos de Saint Nazaire, en Francia.

Churchill por su parte se puso furioso y ordenó el despliegue de todas las fuerzas disponibles en el Atlántico para dar caza al coloso alemán. Tras navegar el 25 sin avistar al enemigo, el Bismarck fue descubierto durante la mañana del 26 por un avión Catalina de reconocimiento, que transmitió sus coordenadas y rumbo al resto de la flota.

Descubierto por el enemigo, el acorazado nazi fue atacado a las 14:00 por los torpederos del portaaviones Ark Royal, que lograron dos impactos uno de los cuales inutilizó su timón. Sin posibilidad de modificar el rumbo y ralentizado por los daños sufridos, el Bismarck fue atacado la mañana del 27 por los acorazados Rodney y King George V, a cuyo fuego respondió valientemente con sus torretas mientras giraba impotentemente en círculos.

Sin embargo el buque se encontraba superado tanto en número como en potencia de fuego, y poco a poco los proyectiles de 406mm del Rodney fueron haciendo mella en el Bismarck, que perdió todas sus torretas y quedó convertido en un amasijo de restos en llamas. Pese al inmenso castigo sufrido, Lütjens no se rendía, y fue necesaria una andanada de torpedos del crucero Dorsetshire para abrir una vía de agua y forzar la evacuación del buque.

El almirante y el capitán Lindemann se negaron abandonar su puesto, y según los 400 marineros supervivientes permanecieron firmes en el puente hasta desparecer con la nave bajo las olas. Allí permanecería el Bismarck en el olvido, hasta que en 1989 el explorador submarino Robert D. Ballard descubrió el lugar de descanso final del orgullo de la Kriegsmarine a 4.790 metros de profundidad.

Fuente: National Geographic

redaccionqroo@cambio22.mx

PAG

¡Únete a nuestras comunidades del Diario Cambio 22 en Whatsapp y Telegram! Mantente al tanto de las noticias más importantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y mucho más, directamente desde tu dispositivo móvil.

WhatsApp Telegram
Telegram