Descubren en Argelia el Primer Plesiosaurio del Cretácico y Llenan un Vacío Paleontológico
27 Feb. 2026
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Una Vértice Fossilizada En El Noreste Argentino Confirma Por Primera Vez La Presencia De Estos Reptiles Marinos En África Coniaciense
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El Hallazgo Del Coniaciense Tardío Enriquece El Registro Paleobiogeográfico De Plesiosaurios Y Abre La Puerta A Futuras Investigaciones En La Formación Essen
Redacción / CAMBIO 22
En paleontología, a veces basta una pieza minúscula para alterar un relato que parecía cerrado. No hace falta un esqueleto completo ni un cráneo espectacular con dientes afilados. Una vértebra, discreta, erosionada por el tiempo y rodeada de conchas marinas, puede ser suficiente para reescribir un capítulo entero de la historia de la vida. Eso es exactamente lo que ha ocurrido en el noreste de Argelia.
Un estudio reciente publicado en la revista Historical Biology documenta el primer hallazgo de restos de plesiosaurio en territorio argelino. El trabajo, firmado por Mohammed Nadir Naimi y su equipo, no solo describe el fósil, sino que lo sitúa en un momento geológico extremadamente poco representado en el registro africano: el Coniaciense tardío, hace aproximadamente 89–86 millones de años.

Tal y como ha revelado el propio equipo en el artículo científico, el ejemplar fue localizado en 2025 en Djebel Essen, en la región de Tébessa, durante una campaña de campo planificada dentro de una investigación doctoral centrada en la Formación Essen. No fue un hallazgo casual, sino el resultado de una prospección estratigráfica precisa. Esa diferencia es clave: indica que el descubrimiento forma parte de un esfuerzo sistemático por comprender un intervalo temporal hasta ahora prácticamente mudo en el norte de África.
Hasta este momento, Argelia había proporcionado abundantes restos de dinosaurios, cocodrilos, tortugas y pterosaurios del Cretácico. Sin embargo, los plesiosaurios —los grandes reptiles marinos de cuello largo que convivieron con los últimos dinosaurios— brillaban por su ausencia. El nuevo fósil viene a llenar ese vacío.
Una vértebra que habla del antiguo mar africano
El ejemplar, catalogado como UBMA.MG-P.ESN.001, consiste en un único centro vertebral dorsal. A primera vista podría parecer un hallazgo menor. Pero en paleontología, la anatomía comparada permite extraer una enorme cantidad de información incluso de restos fragmentarios.
Tal y como indica el estudio publicado en Historical Biology, la vértebra presenta características inequívocas de los plesiosaurios. Entre ellas, la presencia de forámenes ventrales en el centro vertebral y superficies articulares planas compatibles con ciertos linajes de estos reptiles marinos. Aun así, los autores adoptan una postura prudente: con una sola vértebra no es posible asignar el fósil a un género o especie concretos.
El análisis descarta, por razones cronológicas, que pertenezca a los brachauqueninos, cuyo registro más reciente se sitúa en el Turoniense, anterior al Coniaciense. También excluye a los policotílidos, otro grupo de plesiosaurios del Cretácico, debido a la morfología de las superficies articulares, que no encajan con este clado. Todo apunta, por tanto, a la familia Elasmosauridae.
Los elasmosaurios son los plesiosaurios de cuello extremadamente largo, algunos de los cuales desarrollaron las proporciones cervicales más espectaculares entre los vertebrados conocidos. Vivieron durante el Cretácico Superior y fueron, junto a los policotílidos, los únicos plesiosaurios que alcanzaron el límite Cretácico–Paleógeno, hace 66 millones de años, el mismo evento que acabó con los dinosaurios no avianos.

El Coniaciense, un periodo casi invisible en África
Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo no es solo su localización geográfica, sino su edad. El Coniaciense es una etapa del Cretácico Superior de la que existen muy pocos registros de plesiosaurios en todo el mundo. Y en el norte de África, hasta ahora, ninguno.
Este vacío era llamativo. El continente africano estuvo cubierto en gran parte por mares epicontinentales durante el Cretácico, y en regiones cercanas —como Marruecos— sí se han documentado reptiles marinos en otros momentos del mismo periodo. Sin embargo, el intervalo concreto del Coniaciense permanecía prácticamente huérfano de datos.
Tal y como ha adelantado el equipo investigador, este nuevo fósil no solo amplía el registro geográfico de los elasmosaurios, sino que aporta una pieza clave para reconstruir la paleobiogeografía del Cretácico africano. La distribución de los reptiles marinos dependía de la configuración de los mares, las corrientes y las conexiones entre cuencas oceánicas. Cada nuevo punto en el mapa ayuda a entender mejor esos patrones.
El contexto sedimentológico también resulta revelador. La vértebra apareció asociada a bivalvos, ammonites, gasterópodos, ostrácodos y equínidos, lo que indica que fue depositada en un ambiente de laguna de plataforma aislada. No se trataba de un océano abierto, sino de un entorno costero relativamente restringido, donde la vida marina era abundante y diversa.
Más allá del fósil: lo que implica para la ciencia africana
En términos científicos, el hallazgo es preliminar. El propio estudio insiste en que se trata de una primera comunicación destinada a anunciar la presencia de plesiosaurios en Argelia y a abrir la puerta a futuras investigaciones más completas. Pero precisamente ahí reside su importancia.
África del Norte ha sido históricamente menos explorada que Europa o Norteamérica en lo que respecta a reptiles marinos. Las campañas paleontológicas sistemáticas son relativamente recientes y dependen en gran medida de equipos locales. Este descubrimiento demuestra el potencial de las formaciones cretácicas argelinas y refuerza la necesidad de continuar las prospecciones.
El equipo ya ha anunciado nuevos trabajos de campo en la Formación Essen y en unidades estratigráficas adyacentes. El objetivo es localizar más elementos postcraneales o incluso restos craneales que permitan una identificación taxonómica más precisa. También se pretende cartografiar las variaciones laterales de facies para identificar horizontes particularmente ricos en fósiles.
Si aparecen nuevos restos asociados, Argelia podría convertirse en un punto clave para comprender la radiación de los elasmosaurios en el sur del antiguo mar de Tetis. No sería la primera vez que un hallazgo modesto desencadena una cascada de descubrimientos posteriores.

Un océano perdido que empieza a reconstruirse
Imaginar el paisaje de hace casi 90 millones de años en el actual noreste argelino exige un ejercicio de abstracción. Donde hoy hay colinas áridas y horizontes de roca, se extendía un mar cálido, salpicado de lagunas y plataformas someras. En esas aguas nadaban ammonites de conchas espirales, peces óseos, tiburones y, ahora lo sabemos con certeza, plesiosaurios de cuello largo.
El hallazgo no es espectacular en términos visuales. No hay mandíbulas con dientes afilados ni esqueletos articulados listos para exhibirse en un museo. Pero en ciencia, el impacto no siempre se mide en tamaño. A veces se mide en silencio: en el silencio que rompe un fósil allí donde no se esperaba encontrar nada.
El Coniaciense africano ya no es un vacío absoluto. Tiene, al menos, una vértebra. Y con ella, una historia que empieza a contarse.
Fuente: Muy Interesante
GPC/GCH


















