Ramón Alberto Garza / CAMBIO 22

La captura y presunta muerte de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, abrió para México una Caja de Pandora que será difícil, por no decir que imposible, de cerrar.

El desenlace del operativo táctico en Tapalpa, Jalisco, coordinado con el Comando Norte de los Estados Unidos, evidenció que se trató de un “golpe de Estado” de facto que desconoció a la presidenta Claudia Sheinbaum como jefa suprema de las Fuerzas Armadas mexicanas.

A nadie escapó que la inquilina de Palacio Nacional -y su hombre de confianza, Omar García Harfuch- fueron minimizados, si no es que dejados fuera de la captura del capo más peligroso del planeta. El operativo acabó por empoderar al General Ricardo Trevilla y colocarlo como el hombre de las confianzas de los norteamericanos, una posición que hasta hace muy poco era exclusiva del Secretario de Seguridad.

El hecho de que la presidenta Claudia Sheinbaum se mostrara no sólo desinformada, sino desconcertada, el domingo 22 de febrero, levantó la ceja a más de uno. Primero, desconcertó cuando se ejecutó el operativo y ella no festejó la captura del capo en su gira del domingo por Coahuila. Y peor aún, que en sus mañaneras del lunes 23 y martes 24 de febrero, la inquilina de Palacio Nacional no se atreviera a pronunciar el nombre de “El Mencho” acabó por evidenciar que el presidente Donald Trump tenía razón: la mandataria mexicana le tiene pánico a los cárteles. Ni quiere citar al capo por su nombre.

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Pero, sin duda, el cuestionamiento mayor es que sus subalternos verde olivo -haciendo a un lado todos los protocolos de seguridad- dejaran a la presidenta  “tirada” en Saltillo, mientras que el Secretario de la Defensa rendía a los norteamericanos su exitoso “parte de guerra”.

De lo que estamos siendo testigos es del surgimiento de una nueva estrategia norteamericana para recuperar posiciones, territorios y poder. Deponer a mandatarios no afines a los intereses de Estados Unidos para colocar en su lugar a personajes que obedezcan los lineamientos que se dictan desde Washington.

Ya lo hicieron el 3 de enero, en Venezuela, cuando capturaron al dictador Nicolás Maduro -presidente en funciones- y se arreglaron con la vicepresidenta Delcy Rodríguez para que aceptara ser la interina, mientras se convoca a elecciones. Es decir, mientras aplacan a los militares que se habrían revelado si le colocan como presidenta a María Corina Machado.

Lo mismo está sucediendo en Cuba, donde el nieto de Raúl Castro -Raúl Guillermo Rodríguez Castro- ya está sentado con el círculo íntimo de Marco Rubio, negociando un cambio de régimen al más puro estilo venezolano. ¿Quién sería, bajo ese nuevo modelo democrático cubano, el Delcy de la Isla: el actual presidente Miguel Díaz-Canel o el sobrino nieto de Fidel Castro, quien por su pedigree político podría tranquilizar a los extremistas?

Bajo ese mismo esquema se debe entender lo que sucede en Irán, en donde el reporte oficial da cuenta que el ayatolá, Alí Jamenei, y algunos de sus más cercanos colaboradores murieron tras los sorpresivos ataques con misiles ordenados por Estados Unidos e Israel, el pasado sábado. No se había enfriado aún el cuerpo del depuesto ayatolá cuando el inquilino de la Casa Blanca anunció que quienes quedaron al frente del gobierno iraní le están tocando la puerta. “Quieren hablar y yo he aceptado, así que hablaré con ellos”, dijo el presidente Donald Trump desde su residencia privada en Mar-a-Lago. “Deberían haberlo hecho antes. Deberían haber hecho lo que era muy práctico y fácil de hacer antes. Han esperado demasiado”. No duden que el encuentro sea para definir quién será el “Delcy” iraní.

En México, la estrategia no es distinta. Los organismos de inteligencia -Homeland Security, CIA, FBI y DEA- venían trabajando con Omar García Harfuch. Pero al momento que se le asignó al Comando Norte la operación táctica de la captura de “El Mencho” aquello acabó en un acuerdo de cooperación entre generales norteamericanos y mexicanos. Por eso, la preponderancia sobre el General Ricardo Trevilla por encima de Omar García Harfuch.

La pregunta de fondo es -de llegarse a consumar el pacto- ¿si el Secretario de la Defensa que ya pasó por encima de su Jefa Suprema sería un Augusto Pinochet -aquel General chileno que acabó derrocando al presidente izquierdista Salvador Allende- o el General Ricardo Trevilla será un “Delcy” a quien los norteamericanos le acaben confiando el mando de la Nación, por encima de la presidenta Claudia Sheinbaum?

Por lo pronto, está claro que en la captura del jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, el uniforme verde olivo se impuso al liderazgo civil electo por el voto popular. ¿Lo tendrán claro en Palacio Nacional?

¿Alguien vio el cuerpo de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes antes de que sus familiares le rindieran la consabida sepultura? ¿Por qué hasta ahora nunca se pudo exhibir una imagen de “El Mencho” abatido? La duda está viva.

 

 

 

redaccion@diariocambio22.mx

GPC/RCM

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