marzo 1, 2024 23:46

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Renán Castro Madera, Director General

 

  • Popular o famoso no soy, pero estoy de acuerdo con el viejo Horacio, algo de prestigio y orgullo nos queda a aquellos que nos hemos dedicado casi toda nuestra carrera al periodismo escrito.

 

Redacción/CAMBIO 22

En una inolvidable e imperdible entrevista (para los futboleros y aspirantes a periodistas deportivos) publicada en septiembre de 2012 en la desaparecida revista argentina El Gráfico, el periodista Horacio Pagani dijo: “(La televisión) me dio una popularidad que nunca había soñado y me quitó esa seriedad que tenía como periodista, porque el periodismo escrito te da prestigio y la televisión te da popularidad. Prestigio es que alguien te diga: ‘Me gustó la nota que escribiste’. Después, que un tipo te diga: ‘Te vi por televisión’, eso es popularidad”.

Popular o famoso no soy, pero estoy de acuerdo con el viejo Horacio, algo de prestigio y orgullo nos queda a aquellos que nos hemos dedicado casi toda nuestra carrera al periodismo escrito. Hace poco más de un mes me contactó, a través de Instagram, una chica mexicana que estudia y vive en Buenos Aires para preguntarme dónde podía encontrar completo un reportaje que escribí hace más de 15 años acerca de las visitas de Diego Armando Maradona a México. Días después, Óscar Gutiérrez, mano derecha de Javier Alarcón cuando dirigió Televisa Deportes, me pidió que le mandara la prueba de conocimientos deportivos que le aplicaba a los chavos de servicio social que aspiraban a sacar el trámite en la página web de la que yo era el jefe de información. Una semana más tarde un colega argentino, Sebastián Kohan, que ha dirigido dos documentales y escribió un libro (que le intercambié por el mío), me pidió información para el guion de un proyecto en el que trabaja. Es de Toros Neza, por cierto, equipo del que “retiré” a un portero mundialista mexicano que fingió estar lesionado para no continuar una práctica.

Algunos de mis compañeros de un grupo de WhatsApp del ITAM dicen que soy una enciclopedia deportiva, pero palidezco cuando me reúno a charlar de historia del deporte con colegas e historiadores, amigos todos, como Francisco Javier Sánchez (Fajasa), Joel González o Juan José Sánchez Bracamontes. Ni se diga cuando lo hacía con el desaparecido y entrañable Jorge Ernesto Witker. En grupos de Facebook, he encontrado a verdaderos conocedores de la historia del deporte que podrían sacar del aire al mismísimo Antonio de Valdés. Esos héroes anónimos, que no hacen periodismo, no buscan popularidad ni prestigio.

La magia de la palabra escrita

¿Periodismo gráfico (escrito), radio o tv?, le preguntó Diego Borinsky a Pagani en la entrevista citada: “Mantengo lo que proclamé toda la vida: que el verdadero periodismo es el de la gráfica (escrito). Cuando lo decía hace 20 años, muchos comentaban: ‘Este lo dice de celoso’. Ahora que hago radio y tv, lo sostengo más que nunca. La tele es la más fácil, porque a las palabras habladas se las lleva el viento, en la fluidez de la radio y la tele decís cualquier cosa. Pero mirá (señala el pasillo), ahí tengo colgada la primera nota que le hice en el diario (Clarín) a Maradona, en 1976”.

Tengo cuatro libros publicados como editor; uno como coautor. Uno de aquellas publicaciones, el de los 80 años de la Federación Mexicana de Futbol, está en la biblioteca de la FIFA, en Zúrich. En el libro de los 50 años de la Copa Libertadores, hay una pequeña columna firmada por mí, así como en otras publicaciones de Conmebol. Además, dos grandes amigos y maestros, Juan Veledíaz y Pablo Aro Geraldes, me honraron al poner su nombre en las dedicatorias y agradecimientos de sus libros. Publiqué en los diarios Reforma, Metro, Récord y Olé (Argentina); en los semanarios Señor Futbol y Soccermanía; en las revistas Playboy (México), ESPN (Miami) y Fox Sports (Argentina), además de media docena de sitios web y algunos blogs. La Terca Memoria es mi segunda columna; la primera se llamó Tiempo de Reposición y se publicó durante algunos meses, entre 2001 y 2002, en un diario texano llamado La Frontera. Noticias del Valle.

Cuando salía de copas con mis compañeros de la televisora, algunos llevaban un bonche de tarjetas de presentación por si alguien no los reconocía. Cuando trabajaba en un portal deportivo, el jefe de información presumía sus (cuatro) miles de seguidores en Twitter, aunque escondía su “enanez” tras un seudónimo y no sabía distinguir entre la ficha de un jugador (que sacaba cínicamente de Wikipedia) y un perfil. ¿Popularidad, prestigio?

Yo aún me sonrojo cuando alguien me recuerda en X (antes Twitter) la docena de notas que publiqué para la revista Conozca Más; mis crónicas de futbol llanero en Metro o aquella larga entrevista que le hice al “Negro” Fontanarrosa en 2005, en Rosario. No me arrepiento de ninguna publicación, aunque sí siento feo cuando alguien menciona que después de una nota mía, Pablo Larios nunca volvió a jugar al futbol profesional.

¡Felicitaciones, Martín!

A lo largo de mi carrera me he encontrado con jefes a los que les he aprendido mucho, poquito o nada. Martín Holguín es uno de los primeros y hace un par de semanas recibió el premio a la excelencia en derechos humanos de la Sociedad Interamericana de Prensa, por un reportaje publicado en el diario El Imparcial, de Sonora. Es uno más de los que recibe en su carrera. Quizá Martín no tenga la popularidad de un Carlos Loret, pero en prestigio lo supera por mucho.

 

Fuente: La Lista

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