• Los republicanos hablan públicamente de imponer y exigir; Biden demanda también, pero en privado.

 

Redacción/CAMBIO 22

Estados Unidos y México tienen una relación interméstica que facilita y complica enormemente una interacción donde frecuentemente debe recordarse aquella máxima de Jesús Reyes Heroles (padre): “en política, como en poesía, la forma es fondo”.

Ese es el mensaje de la visita relámpago hecha el miércoles por una delegación de EU compuesta por los secretarios de Estado, Antony Blinken, de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas y Liz Sherwood Randall, Asesora de Seguridad Doméstica de la Casa Blanca.

El punto era, según la versión oficial, acordar medidas bilaterales para controlar flujos migratorios que desbordan las capacidades de ambos países, crearon una crisis política para Joe Biden y amenazan convertirse tanto en un problema para la relación bilateral como en una complicación económica para México en temporada electoral.

La reunión se celebró mientras el gobierno de Biden y sus aliados en el Congreso negocian con republicanos, que demandan la resurrección de políticas migratorias de Donald Trump y una más rigurosa política de seguridad en la frontera a cambio de aprobar 60 mil millones de dólares en ayuda militar a Ucrania, una pieza fundamental en la política exterior de Biden.

El demócrata no parece tener alternativa. Desde su campaña electoral, prometió una política migratoria distinta a la de Trump, su predecesor y ahora probable rival por la Presidencia.

Trump hizo campaña con la promesa de construir un muro en la frontera con México y como Presidente amenazó con imponer sobretasas comerciales a las exportaciones mexicanas, para demandar una mayor colaboración.

Hoy la situación es distinta: ahí donde la administración de Trump amenazó públicamente y arrinconó a México, la de Biden propuso una reunión privada para informar sobre sus razones para endurecer su política y por qué necesita de su ayuda. Puede que el orden de los factores no altere el producto, pero en términos de política hay distinciones.

La frontera es un sinónimo de conflicto, gracias a las referencias de los republicanos acerca de la “invasión” de indocumentados, la idea de que es un punto vulnerable para el tráfico de drogas y la posible entrada de terroristas.

Ahí donde los republicanos hablan públicamente de imponer, exigir y amenazar, el gobierno de Biden demanda también, pero en privado.

A fin de cuentas, la forma es fondo.

 

Fuente: EL HERALDO

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