• Del emparrillado de la OFASE a la cima de la NFL

 

 

  • Su historia de esfuerzo y orgullo mexicano inspira a una generación de jóvenes

 

 

Renán Castro Hernández/ CAMBIO 22

Del calor húmedo de Cancún y los campos juveniles de la OFASE al escenario más grande del fútbol americano mundial, la historia de Elijah Arroyo es la de un niño que aprendió a jugar con los Troyanos del Caribe mexicano, cruzó fronteras con un sueño claro y terminó levantando el trofeo del Super Bowl, demostrando que el talento formado en Quintana Roo también puede llegar a la cima de la NFL.

El 8 de febrero, mientras los ojos del mundo miraban el Super Bowl LX, un joven de 22 años de ascendencia mexicana hacía historia.

Elijah Arroyo, ala cerrada de los Seattle Seahawks, levantaba el trofeo Vince Lombardi y ondeaba la bandera mexicana en el Allegiant Stadium de Las Vegas.

Poco sabían muchos que el camino del ahora campeón comenzó en las canchas improvisadas de Cancún, donde se curtió jugando fútbol americano juvenil.

Nacido en Orlando, Florida, el 5 de abril de 2003, Arroyo llegó a Quintana Roo a los siete años junto con su familia y se integró a los Troyanos del Colegio Alexandre, uno de los equipos pilares de la Organización de Futbol Americano del Sureste (OFASE).

Allí aprendió a jugar en español y a moverse en campos de grava y cristal; recorrió Yucatán y otros estados en camionetas para enfrentarse a equipos infantiles, desarrollando desde niño la disciplina y la capacidad de sacrificio necesarias para el deporte.

“Jugar en México me enseñó a ser desinteresado y a trabajar para mis compañeros”, recordó años más tarde.

A los 13 años regresó a Estados Unidos, pero su vínculo con Cancún quedó grabado, ingresó a la Frisco Independence High School en Texas, donde su talla y talento pronto llamaron la atención, en su penúltima temporada logró 48 recepciones para 648 yardas y cinco anotaciones, y en su último año sumó 28 recepciones, 635 yardas y 12 touchdowns.

Esos números lo llevaron a ser reclutado por los Miami Hurricanes, equipo con el que jugó de 2021 a 2024, acumulando 86 yardas y un touchdown en su campaña de novato, y 66 yardas en 2022.

Su esfuerzo rindió frutos en el Draft NFL 2025, cuando Seattle lo seleccionó en la segunda ronda con el pick 50, en su temporada de novato participó en 13 juegos, sumando 15 recepciones para 179 yardas y un touchdown. Aunque su rol inicial fue secundario, nunca dejó de destacar el origen de su sueño.

Durante una entrevista concedida a la propia franquicia de los Seahawks, señaló que las vivencias en México viajes largos, campos difíciles, partidos intensos fueron determinantes para su confianza y temple.

Cuando los Halcones Marinos derrotaron 29‑13 a los New England Patriots y conquistaron su segundo título en la historia de la franquicia, Arroyo no solo celebró un logro personal.

Al alzar la bandera mexicana, envió un mensaje a los millones de jóvenes que en México sueñan con llegar a la liga de fútbol americano más importante del mundo.

“Aunque nací en Estados Unidos, soy orgullosamente mexicano; quiero inspirar a los niños que empiezan en Quintana Roo y en todo el país”, dijo en aquella ocasión.

Arroyo, quien creció en Cancún y regresó a Estados Unidos para perseguir su sueño, demuestra que la perseverancia y el trabajo duro pueden superar cualquier frontera.

Su historia es, hoy, la mejor prueba de que los sueños que nacen en el Caribe mexicano pueden llegar a lo más alto de la NFL, para los adolescentes que entrenan en las canchas de tierra de la OFASE, su éxito es un recordatorio de que con dedicación, disciplina y orgullo de sus raíces, el camino al Super Bowl nunca está demasiado lejos.

Con información del Sistema de Noticias CAMBIO 22

cambio22digitalcun@gmail.com

GCH

WhatsApp Telegram
Telegram