marzo 4, 2024 07:38

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Renán Castro Madera, Director General

 

Redacción/CAMBIO 22

 

¿Cuál es el maíz que consumimos? Entre toda la variedad de cultivos de maíz podemos encontrar las llamadas criollas o nativas, que se han usado durante siglos para hacer tortillas en México, aunque también circulan variedades modificadas genéticamente.

El lunes 13 de febrero, del año en curso el gobierno de México publicó un decreto en el Diario Oficial de la Federación (DOF) con el cual se prohíbe la importación, distribución, promoción y uso del maíz genéticamente modificado (transgénico) y del herbicida glifosato en la alimentación humana (masa y tortilla).

En diciembre de 2020 se había publicado un decreto contra el maíz genéticamente modificado, el cual se debía eliminar de la alimentación a más tardar en enero 2024, con este nuevo documento se aclara que se puede seguir utilizando en alimentación de animales y procesos industriales para alimentación humana.

Se plantea la sustitución paulatina del maíz transgénico desde la entrada en vigor del decreto y hasta el 31 de enero de 2024, aunque no se descartan otros usos, “podrá seguir siendo usado en la fabricación de otros productos, como es el caso de los cosméticos, textiles, calzado, papel, la construcción, entre otros”.

El decreto define al maíz genéticamente modificado como aquel “que ha adquirido una combinación genética novedosa, generada a través del uso específico de técnicas de la biotecnología”.

Según un artículo de Fundación UNAM, los también llamados maíces transgénicos son modificados genéticamente para resistir plagas y tolerar al herbicida llamado glifosato, que recientemente la Organización Mundial de la Salud clasificó como probable cancerígeno.

Dicho herbicida fue introducido al mercado en 1974 por la empresa Monsanto Co., y desde 1996 ha aumentado su uso principalmente de maíz, algodón, trigo y soya, según agrega Fundación Tortilla.

De acuerdo con el Expediente Científico sobre el Glifosato y los Cultivos Genéticamente Modificados (GM) de Conacyt, México es autosuficiente en maíz blanco (híbridos y nativos) y de otros colores (variedades nativas) para el consumo humano y autoconsumo; sin embargo, se han importado “altos volúmenes de maíz amarillo transgénico”, cuyo uso se ha destinado principalmente a:

Alimentar animales.

Transformación en la industria almidonera.

En menor medida, para consumo humano.

Una investigación de 2017 encabezada por Elena Álvarez-Buylla Roces, mostró que:

El 82 por ciento de los alimentos derivados del maíz (donde se encuentran antojitos, tortillas, tostadas y más) tenían secuencias de maíz transgénico.

El 90.4 por ciento de las tortillas estudiadas secuencias recombinantes de maíz transgénico.

 

¿Por qué se prohíbe el maíz transgénico?

Desde hace poco más de 20 años, diversas asociaciones han buscado la prohibición en el país de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) también denominados como transgénicos.

“Hemos denunciado que los transgénicos y su paquete tecnológico ocasionan daños a la salud humana y medioambiental. Tal como las y los científicos lo han comprobado en diversas investigaciones”, dice en un artículo Greenpeace México, donde habla de las consecuencias del maíz genéticamente modificado y el glifosato, como:

Repercusiones para agricultores y los pueblos indígenas de México.

Pone en riesgo la diversidad de variedades agrícolas conservadas en los campos, ya que México es considerado “centro de origen, de domesticación y de diversificación de 59 razas de maíz”.

Nos aleja de soberanía y autosuficiencia alimentaria.

Además, el documento Conacyt señala:

“Hay una correlación entre el incremento de más de 20 enfermedades (oncológicas, endócrinas, metabólicas y neurodegenerativas, trastornos sistémicos) y el incremento del uso agrícola del glifosato y del área plantada con soya y maíz transgénicos en Estados Unidos”.

Los maíces transgénicos tienen un bajo contenido de proteínas, fibras y antioxidantes.

Su cultivo no ofrece ninguna ventaja para los campesinos mexicanos.

Elena Álvarez-Buylla Roces, del Instituto de Ecología (IE) y del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3), explicó en una entrevista con la Revista UNAM que las secuencias transgénicas están patentadas: “no son públicas sino que tienen dueño… al contaminar los maíces nativos, que son bienes públicos, sus semillas pueden por tanto ser intercambiadas sin restricciones de título de propiedad”.

De acuerdo con el decreto, el propósito de su prohibición es:

Estar “en congruencia con las políticas de autosuficiencia alimentaria del país”.

Por el derecho a la salud y a un medio ambiente sano.

En beneficio del maíz nativo, de la milpa, de la riqueza biocultural, de las comunidades campesinas y del patrimonio gastronómico

Garantizar la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad.

 

Fuente El Financiero
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AFC

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