Graciela Machuca Martínez/CAMBIO 22

Mientras se acercan los comicios federales, estatales y municipales del primer domingo del mes de junio de 2024 para renovar, principalmente, al Congreso de la Unión y al Poder Ejecutivo Federal, van surgiendo diversos temas de análisis para que la sociedad mexicana esté informada y preparada al momento de emitir su sufragio, porque de esa decisión ciudadana dependerá el futuro de México al menos de los 12 próximos años, desde luego con consecuencias irreversibles para las nuevas generaciones.

Los escenarios político electorales que podemos ver para el mes de junio del próximo año estarán detenidos por una tregua pactada o no entre las fuerzas armadas del país, las diversas corporaciones policiales y el crimen organizado que ha ido ganando terreno al interior del sistema de partidos políticos del país, prueba de ello, son los asesinatos de precandidatos y candidatos, al menos durante los procesos electorales pasados, así como de funcionarios municipales y estatales vinculados con los diversos partidos políticos.

La democracia en México y el futuro del país, desde hace tiempo son rehenes de una clase política que utiliza el sistema de partidos políticos para perpetuarse en el poder, sus integrantes se han despojado de sus ropajes ideológicos y han optado por la practicidad, las coaliciones entre partidos con ideologías de papel en la izquierda o en la derecha han hecho mancuerna para disputarse cuotas de poder, dejando en segundo término la vocación por el servicio en la administración pública.

Si la democracia está inmovilizada y secuestrada por una sola clase política, las opciones para la participación ciudadana se reducen al extremo porque quienes se disputan los cargos de elección popular y, por consiguiente, la capacidad de definir el futuro de la nación, son unos cuantos, mismo que hace años se les veía militando y usufructuando el poder en el PRI o en el PAN.

El sistema de partidos políticos en México tiene la virtud de convertir en “demócratas” de la noche a la mañana a cualquier persona que se benefició del autoritarismo y de las decisiones verticales de los partidos políticos, pero llega el momento que las reglas ya no los benefician como ellos quisieran y con sus habilidades adquiridas de malabaristas saltan de un partido a otro y caen parados y se llevan su liderazgo, de esta manera vivimos un sistema de partidos políticos carroñero, porque se alimenta mutuamente de figuras políticamente muertas.

Pero esa práctica les renueva el alma y la conciencia, los transforma, se trata de un ritual de purificación que consuma tan solo con cambiarse de color la camiseta, muchos ya son coleccionistas de colores, han pasado del rojo al amarillo, al azul, al naranja, al guinda. En cada salto renueva sus votos por la democracia y con ello basta para seguir ostentando sus canonjías como integrantes de la clase política mexicana, al fin de cuentas, son familia, son hermanos de sangre.

Sin embargo, esa clase política otrora todopoderosa, tendrá que compartir el poder político y económico con dos nuevos agentes que se han interesado por la participación política electoral, me refiero a las fuerzas armadas y al crimen organizado, al primero les ha abierto las puertas desde la legalidad el actual presidente de la republica con sus acciones para entregarlo todo tipo de espacios públicos que les generen ganancias políticas y económicas y al segundo agente, también le abrió las puertas el gobierno federal, al menos con sus omisiones, a pesar de tener obligaciones como parte del Estado mexicano.

En el sistema de partidos políticos mexicano que sustenta a la democracia representativa es muy rígida, como la diseñó la misma clase política, la cual ahora tendrá que ceder lugares a los nuevos jugadores que tendrán que participar bajo el cobijo de los mismos partidos políticos.

Uno de mis argumentos respecto a que la democracia y el sistema político están secuestrados en México, se refiere a que la disputa por los cientos de puestos de elección popular para el 2024 está entre los ahora morenistas más socios y los que perdieron la elección del 2018, los panistas y priistas, con sus aliados del PRD.

En MORENA se encuentran expriistas, expanistas y experredistas que lograron saltar a tiempo de sus respectivos barcos y tras un chapuzón de rebeldía, se incorporaron inmaculados al nuevo proyecto político que Andrés Manuel López Obrador construyó como su feudo personal.

Quienes se quedaron a esperar que sus naves zozobraran ahora representan la única oposición al gobierno morenista, que se reparte el país a su antojo, pero que a diario se juega el futuro nacional en la ruleta rusa.

Al final de cuentas, el PRI, el PAN y el párvulo PRD colapsaron por sus ineficaces prácticas gubernamentales, pero tuvieron la capacidad de encausar la inconformidad ciudadana y su forma de gobernar dio origen y amamantó a un monstruo que ahora amenaza con devorar no solo a sus progenitores, sino a todo el país.

La llamada oposición en México (PAN, PRI y PRD) ante la falta de experiencia para traducir el sentir ciudadano aún no asimila que sus formas de hacer política y de gobernar fue lo que llevó a México al actual estado de cosas y que solo un reconocimiento y aprendizaje de sus errores les permitirá, por lo menos, conservar la mayoría calificada en el Congreso de la Unión, con la finalidad que los contrapesos que propone la división de poderes jueguen a favor de los intereses nacionales.

A unas semanas que inicien formalmente las campañas electorales por la Presidencia de la República, las dos mujeres que buscan el triunfo por cada una de las ahora coaliciones de facto, han tenido serios reveses en las verdaderas encuestas, porque hasta el momento, tanto Claudia Sheinbaum (MORENA) y Xóchilt Gálvez (oposición), no han salido del discurso contestatario, sin que den luces de llevar al consenso ciudadano un programa de gobierno, que diste del fallido esquema de los panistas y priistas y del endeble gobierno de MORENA.

A pesar que Sheinbaum tiene todo el apoyo del gobierno federal y de los estatales morenistas, así como del impulso que le da el presidente de la república, no ha cimentado una candidatura que la lleve rumbo a la legitimidad, con base al comportamiento electoral del 2018 y 2021, así como el poder económico y político que tiene el presidente de la república, como lo tuvo en su momento el PAN en el 2006, MORENA podría ganar la presidencia de la república, pero su legitimidad y la mayoría calificada en el Congreso de la Unión las tiene en riesgo, por errores logísticos como el de esta semana cuando sus organizadores fueron incapaces de llenar el llamado Estadio Azul en la Ciudad de México, por lo que la aspirante presidencial morenista decidió no salir a un estadio con menos de la tercera parte de su capacidad.

Este tipo de comportamiento de los simpatizantes de MORENA nos advierte que ya es un hecho que pierde la capital del país, porque 24 años de ser gobernada por el lopezobradorismo, ya fue suficiente. El electorado de la Ciudad de México, está conformado por personas mucho más informadas del país, lo que llevó al entonces PRD a quitarle el predominio del poder al invencible PRI.

Estas mismas características poblacionales permitirán que Claudia Sheinbaum pierda la ciudad que intentó gobernar del 2018 a la fecha, no solo por las consecuencias políticas de los lamentables hechos derivados del sismo de 2017 y del accidente de la Línea 12 del Metro, sino por el clima de inseguridad que se vive, luego que permitió que el crimen organizado no solo viviera en la capital, sino que empezara a evidenciar su control en el tráfico de drogas, extorsiones y como generador de violencia.

A este escenario se suman las inconformidades de morenistas como Clara Brugada, delegada con licencia de Iztapalapa, quien no está de acuerdo de que la saquen de la jugada por la jefatura de la ciudad, para imponer a Omar García Harfuch, delfín de Sheinbaum, quien, además, carece del trabajo con las bases, como Brugada lo ha hecho a favor de López Obrador.

Un diseño de ingeniería electoral, en cada uno de los 300 distritos electorales federales del país, le permitirán a la oposición ganar la mayoría calificada en el Congreso de la Unión, de lo contrario, serán seis años más de retroceso para el país. Sin duda, que esas circunstancias adversas le permitirán, a la ahora oposición, recuperar el gobierno federal en el 2030, pero el reto de reconstrucción del país será muy grande.

 

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