Cinco Mutaciones Genéticas Recientes que Están Redefiniendo Nuestro Cuerpo
7 Mar. 2025
-
Nuevas investigaciones muestran cómo la evolución humana sigue su curso con cambios genéticos que nos adaptan a las condiciones actuales del mundo
Redacción / CAMBIO 22
La evolución humana no se ha detenido. Aunque no veamos cambios drásticos en nuestra fisonomía, nuestro ADN sigue transformándose para adaptarse a las condiciones actuales del mundo. Este proceso es conocido como selección natural y favorece la transmisión de rasgos que ofrecen ventajas a quienes los poseen. Investigaciones recientes han demostrado que ciertas mutaciones han surgido en los últimos miles de años y continúan propagándose entre la población. A continuación, te presentamos cinco cambios genéticos recientes que están redefiniendo nuestra biología.

Tolerancia a la lactosa en la edad adulta
Todos los mamíferos consumen leche en sus primeros años de vida, pero los humanos hemos desarrollado una mutación que nos permite seguir digiriéndola incluso en la adultez. Hace aproximadamente 7.500 a 8.000 años, en la región de Europa Central (actual Hungría), apareció una alteración en el gen responsable de la producción de lactasa, la enzima que descompone la lactosa.
En la mayoría de los mamíferos, la producción de esta enzima disminuye después del destete. Sin embargo, en ciertos grupos humanos, la mutación permitió que se mantuviera activa, posibilitando el consumo de productos lácteos sin problemas digestivos. Esta adaptación resultó ventajosa, ya que los productos lácteos representaban una fuente confiable de nutrientes en regiones frías y con escasos recursos alimenticios. Actualmente, aunque no es imprescindible para la supervivencia, la capacidad de digerir la lactosa sigue siendo una ventaja para muchas personas.

Mayor resistencia a enfermedades
El contacto con microorganismos patógenos ha sido un motor fundamental en la evolución de la humanidad. A lo largo de generaciones, algunas poblaciones han desarrollado mutaciones que las hacen más resistentes a ciertas enfermedades infecciosas. Por ejemplo, se han identificado variantes genéticas que reducen la susceptibilidad a la malaria, impidiendo que el parásito responsable de la enfermedad se propague eficazmente en la sangre.
Un estudio publicado en el International Journal of Organic Evolution reveló que las poblaciones que han habitado ciudades durante largos periodos han desarrollado mayor resistencia a enfermedades como la tuberculosis y la lepra. La alta densidad poblacional en entornos urbanos favoreció la selección de genes que brindaban protección contra infecciones persistentes, beneficiando a quienes los portaban y permitiendo su transmisión a generaciones futuras.

El origen de los ojos azules
En sus inicios, todos los humanos tenían los ojos de color marrón. Sin embargo, hace entre 7.000 y 10.000 años, una mutación en el gen OCA2 dio lugar a la aparición de los ojos azules. Investigaciones dirigidas por el profesor Hans Eiberg, de la Universidad de Copenhague, indican que todas las personas con este rasgo comparten un ancestro común que vivió en Europa durante ese período.
Se han propuesto dos principales teorías sobre la persistencia de esta mutación en la población:
-
Selección sexual: Los ojos azules podrían haber sido percibidos como un rasgo atractivo, aumentando las probabilidades de reproducción de quienes los poseían.
-
Adaptación a climas fríos: Algunos científicos, como el doctor Barry Starr de la Universidad de Stanford, sugieren que los ojos azules podrían ser una consecuencia de la adaptación a climas con baja radiación solar, facilitando la absorción de vitamina D en la piel clara.

Disminución del tamaño cerebral
En los últimos 30.000 años, el cerebro humano ha reducido su volumen en aproximadamente un 10%, pasando de un promedio de 1.500 cm³ a 1.359 cm³. Esto podría parecer contradictorio, pero no implica una disminución de nuestra capacidad intelectual. De hecho, algunos investigadores creen que nuestra inteligencia se ha vuelto más eficiente.
El profesor David Geary, de la Universidad de Missouri, ha propuesto que, a medida que las sociedades se hicieron más complejas, los humanos dejaron de depender exclusivamente de su inteligencia individual para sobrevivir y comenzaron a beneficiarse del conocimiento colectivo. Esta tendencia es comparable a lo que ocurre en los animales domesticados: los lobos tienen cerebros más grandes que los perros, pero estos últimos han desarrollado una mayor habilidad para comprender y responder a señales humanas.

Adaptación a la vida en altura
Vivir en altitudes extremas no es fácil, pero los habitantes del Tíbet han desarrollado mutaciones genéticas que les permiten soportar bajos niveles de oxígeno sin sufrir los efectos adversos de la aclimatación. Normalmente, cuando una persona no habituada a la altura llega a grandes elevaciones, su organismo produce más hemoglobina para compensar la falta de oxígeno. Sin embargo, un exceso de hemoglobina puede provocar coágulos y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Los tibetanos han desarrollado variaciones en los genes EPAS1 y ELGN1, entre otros, que optimizan la distribución y el consumo de oxígeno sin elevar peligrosamente los niveles de hemoglobina. Gracias a estas adaptaciones, pueden vivir en entornos de gran altitud sin experimentar los problemas de salud que afectan a otras personas en condiciones similares.
La evolución humana sigue su curso, aunque sus efectos sean sutiles y pasen desapercibidos en la vida cotidiana. Estas mutaciones recientes nos muestran que la selección natural continúa moldeando nuestro ADN, permitiendo que nuestra especie se adapte a los desafíos del presente y del futuro.
Fuente: La Nación
GPC/AGF


















