• CJNG, La Familia Michoacana y Otros Grupos Criminales Encabezan Uso De Tecnología Aérea Para Atacar Civiles, Rivales y Autoridades, Según ACLED

 

  • Estudio De La Universidad De Nebraska Advierte Dispersión Estratégica En Estados Fronterizos y Alerta Sobre Falta De Respuesta Institucional Ante La Innovación Del Crimen Organizado

 

Redacción/CAMBIO22

Entre 2021 y 2025, al menos cinco cárteles mexicanos usaron drones con explosivos para atacar a rivales o autoridades, de acuerdo con información de la plataforma Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLEDP), especializada en conflictos armados.

Según la plataforma, en este periodo se registraron 221 ataques con drones explosivos en nuestro país, de los cuales 42 se atribuyeron al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), 28 a La Familia Michoacana, nueve a Los Viagra, cinco a Los Ardillos y uno al Cártel del Abuelo; el resto no tienen un grupo criminal identificado.

Sobre estas cifras, un estudio del Centro Nacional de Innovación, Tecnología y Educación Contraterrorista (NCITE por sus siglas en inglés) de la Universidad de Nebraska, señala que el CJNG lideró la transición tecnológica al profesionalizar unidades especializadas denominadas Operadores Droneros, que han evolucionado de las actividades de vigilancia o traslado de drogas con drones, al lanzamiento de granadas y operación de equipos de visión en primera persona, o FPV, que detonan al impacto para aumentar la precisión de sus ataques.

En este contexto, el exsecretario de Seguridad en Tijuana, Morelos y Quintana Roo, y consultor de seguridad en la firma AC Consultores, Alberto Capella, consideró que no existe ningún otro grupo del sector social que tenga mayor interés en la modernización permanente de sus tecnologías e instrumentos científicos como los grupos delictivos.

En entrevista con El Sol de México, Capella explicó que inicialmente los grupos criminales utilizaban estas herramientas para el trasiego de drogas en cantidades pequeñas, principalmente para saltar los muros fronterizos entre México y Estados Unidos, pero en años recientes han evolucionado rápidamente hacia la vigilancia y la agresión.

La facilidad para adquirir estas tecnologías en el mercado abierto y la simplicidad de su operación, de acuerdo con el consultor, han permitido que los grupos criminales no requieran de una formación militar compleja para causar daños significativos. Al respecto, el reporte de NCITE coincide en que la innovación táctica ha permitido a los cárteles atacar infraestructura crítica y fuerzas del orden.

El ejercito mexicano se ha capacitado en el uso de equipo antidrones para repeler este tipo de ataques / Foto: Reuters
El estudio, firmado por los investigadores Austin Doctor, Suat Cubukcu, Joel Elson, George Grispos y Mackenzie Harms, señala que estos ataques se ha desplazado desde el centro del país hacia estados fronterizos como Baja California y Sonora, así como hacia el sur en Chiapas, lo que sugiere una dispersión estratégica del uso de explosivos desde el aire para controlar rutas y territorios estratégicos.

Un hallazgo particularmente alarmante del reporte del NCITE es la diferencia en los patrones de ataque entre las organizaciones criminales mexicanas con grupos terroristas internacionales, como el Estado Islámico (ISIS). Mientras que organizaciones terroristas globales concentran su violencia en contra de objetivos militares, las fuerzas de seguridad o elementos representativos del Estado, los ataques con drones de los cárteles en México tuvieron como objetivo a la población civil en 66.5 por ciento de los incidentes.

Alberto Capella advirtió sobre una notable ausencia de liderazgo institucional para comprender y enfrentar las capacidades tecnológicas de los grupos delictivos, que ya emplean sistemas de espionaje e Inteligencia Artificial para hacer fraudes y afectar a la sociedad.

El consultor sostuvo que, mientras las instituciones operan con “liderazgos miopes” y una nula capacidad para atender estas nuevas modalidades de agresión, el crimen organizado aprovecha este vacío para consolidar su poder.

Esta capacidad de daño no depende únicamente de tecnología sofisticada, sino de una logística de reclutamiento. Alberto Capella detalló que el crimen organizado ha perfeccionado un modelo de “caos subcontratado” donde no requieren a sus sicarios de élite para paralizar una ciudad, como se hizo presente en la respuesta al operativo para la detención de El Mencho o hace unos meses, en la marcha por el asesinato de Carlos Manzo y la movilización de la Generación Z.

“Muchos de los que incendian camiones o bloquean calles no son operadores permanentes del cártel; son chamacos que por mil 500 o tres mil pesos aceptan realizar una acción violenta”, explicó el consultor.

Estos jóvenes, a los que define como “vándalos de alto impacto”, suelen estar desarmados y solo portan herramientas para generar incendios o bloqueos, lo que los convierte en piezas desechables que significan una inversión mínima para el narco.

Bajo esta lógica, Capella dijo que el Estado no solo enfrenta drones con explosivos en el aire, sino una base social de jóvenes vulnerables dispuestos a convertirse en operadores del crimen y a ejecutar actos que —aunque el gobierno actual evite llamarlo así— buscan intencionalmente sembrar terror y control territorial.

 

 

 

Fuente: El Sol de Mexico

redaccion@diariocambio22.mx

AFC/GCH

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