• Exportaciones Agroalimentarias A Sus Socios De Norteamérica Alcanzaron 60,904 Millones De Dólares En 2024 Y Generaron Un Impacto Económico Total De 148,556 Millones

 

  •  Comercio Regional Aporta 64,105 Millones De Dólares Al PIB De EU Y Respaldó Más De 493 Mil Empleos Antes De La Revisión Obligatoria Del Acuerdo En Julio

 

Redacción / CAMBIO 22

En medio de la discusión sobre el futuro del T-MEC, el campo estadounidense decidió hablar con números. Cerca de 40 organizaciones agrícolas y agroindustriales lanzaron este año la Agricultural Coalition for USMCA para defender la continuidad del acuerdo con México y Canadá antes de su revisión obligatoria en julio.

El comercio agroalimentario con sus socios de América del Norte sostiene una parte significativa de la economía de Estados Unidos. Según el estudio que acompaña el lanzamiento de la coalición, en 2024 las exportaciones agrícolas y pesqueras hacia México y Canadá alcanzaron 60,904 millones de dólares. De ese total, 59,697 millones correspondieron a productos agrícolas y 1,206 millones a productos del mar.

Esa cifra representa el valor directo de lo vendido, pero el comercio va más allá y calcula el efecto que esas ventas generan dentro de la economía estadounidense. Al incorporar encadenamientos productivos y consumo interno derivado de los ingresos, el impacto total asciende a 148,556 millones de dólares en actividad económica.

Entonces, por cada dólar exportado bajo el T-MEC, la economía estadounidense generó 2.45 dólares adicionales en actividad interna.

El empleo es otro indicador clave, porque las exportaciones agroalimentarias hacia México y Canadá respaldaron 493,054 puestos equivalentes de tiempo completo en 2024. Esos empleos generaron 35,622 millones de dólares en ingresos laborales.

Si se distribuye el impacto, cada 1,000 millones de dólares exportados sostuvieron 8,083 empleos.

El comercio agrícola regional también aportó 64,105 millones de dólares al PIB estadounidense y 13,184 millones en ingresos fiscales.

El detalle del impacto

El impacto se divide en tres categorías para evitar dobles conteos.

El efecto directo se refiere a la producción específica destinada a la exportación, como cultivo de maíz, producción de lácteos o procesamiento de carne. Ese componente generó 69,501 millones de dólares en producción y 181,573 empleos.

El efecto indirecto abarca actividades que suministran insumos o servicios a esa producción, como transporte, energía, comercio mayorista o bienes raíces. Esa capa aportó 47,007 millones de dólares en producción y 167,901 empleos.

El efecto inducido corresponde al gasto que realizan los trabajadores cuyos ingresos dependen de esa actividad exportadora. Ese consumo interno añadió 32,048 millones de dólares y sostuvo 143,580 empleos adicionales.

Desde la entrada en vigor del T-MEC en julio de 2020, el comercio agrícola regional muestra un dinamismo superior al del resto del mundo. Entre 2020 y 2024, el valor de las exportaciones agrícolas estadounidenses hacia México y Canadá creció 20,000 millones de dólares, de acuerdo con cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Ese aumento representa una expansión de 47% en el periodo. En contraste, las exportaciones agrícolas hacia otros destinos crecieron 18%.Para la coalición, esa diferencia confirma la relevancia estratégica del mercado norteamericano.

Los datos desagregados por producto permiten dimensionar la integración, ya que en 2024 el maíz encabezó las exportaciones estadounidenses con 5,961 millones de dólares hacia ambos socios. Le siguieron lácteos con 3,644 millones, productos de panadería, cereales y pasta con 3,472 millones, carne de cerdo con 3,447 millones y fruta fresca con 2,812 millones.

También destacan carne de res con 2,251 millones, carne de pollo con 2,000 millones y soya con 2,411 millones.

México concentra volúmenes importantes en maíz, trigo, carne de cerdo y soya, mientras Canadá figura con fuerza en productos procesados, bebidas no alcohólicas, etanol y alimentos para mascotas

La relación trilateral representa aproximadamente un tercio del valor total de las exportaciones agrícolas estadounidenses.

Más allá de las cifras, la coalición insiste en el papel estabilizador del acuerdo. En un escenario de costos elevados y mercados volátiles, la previsibilidad en reglas sanitarias, acceso a mercado y mecanismos de solución de controversias resulta determinante.

Un T-MEC para resolver tensiones

La resolución favorable a Estados Unidos en la disputa sobre maíz genéticamente modificado con México se presenta como ejemplo de que el tratado ofrece vías institucionales para atender conflictos.

Aunque el balance en general es positivo, la integración agrícola no está exenta de fricciones. El año pasado, Estados Unidos impuso un arancel antidumping de 17% al tomate mexicano. Productores estadounidenses de frambuesas, fresas, otras berries y aguacate mantienen quejas contra las importaciones mexicanas, a las que acusan de competencia desleal en temporadas clave.

Del lado mexicano también hay inconformidad. La Secretaría de Economía mantiene investigaciones antidumping sobre manzanas y algunos productos de carne de cerdo provenientes de Estados Unidos.

A ello se suma la tensión entre Washington y Ottawa por la política canadiense de protección a su sector lácteo, así como el desacuerdo entre Canadá y México en torno a la prohibición de canola transgénica.

La revisión de 2026 abre un espacio para ajustes y la coalición reconoce que existen áreas perfectibles, pero sostiene que la base del acuerdo preserva competitividad, inversión y estabilidad.

“Nuestros agricultores toman decisiones con un año o más de anticipación. Necesitan la certeza de saber que el T-MEC llegó para quedarse”, señala con firmeza Bryan Goodman, portavoz del nuevo grupo.

 

 

 

Fuente: Expansión

redaccion@diariocambio22.mx

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