Por eso no se avanza: porque para ejercer el poder se deben tomar decisiones, separar a quienes boicotean el gobierno y a la Presidenta y que son la representación de un fracaso insondable, como Arriaga.
Arriaga y el Fracaso de un Modelo Insostenible
16 Feb. 2026
Jorge Fernández Menéndez
Redacción/ CAMBIO22
La caída de Marx Arriaga; el escándalo que envuelve a Jesús Ramírez; el cada vez más evidente fracaso del nuevo poder judicial, con sus propios escándalos que disimulan una crisis mucho más profunda; las dificultades para implementar la estrategia de seguridad en estados que no colaboran y con la oposición apenas solapada de Palenque y los duros de la 4T contra el Gabinete de Seguridad y las dificultades para sacar adelante una reforma electoral excluyente son todos síntomas de un problema mayor: la endeble unidad, hoy convertida en muchos ámbitos en abierto enfrentamiento, en la 4T. Y la falta de decisiones para asumirla.

Lo de Marx Arriaga es la mejor demostración de que la contrarreforma educativa, la Nueva Escuela Mexicana y los libros de texto gratuitos son una suma de incongruencias y desatinos que no tienen base pedagógica ni institucional alguna. Marx Arriaga, como Fernando Salmerón, Paco Taibo II, Álvarez-Buylla y otros personajes que pululan en torno a los sectores más radicales de la 4T y que estuvieron o aún están en las responsabilidades educativas no tienen idea de la administración pública, de lo que es un esfuerzo nacional y mucho menos de hacia dónde orientar la educación pública. Se consumen en una suma de consignas sin sentido. “Leer por goce es un acto capitalista”, decía Arriaga, que rechazaba la educación para formar profesionales e incorporarse al mercado de trabajo y la consideraba “meritocrática, punitiva, patriarcal, eurocentrista y colonial”.
En noviembre del 2012, en La élite y la raza escribíamos con Bibiana Belsasso que una de las grandes amenazas para la educación pública era “la ideologización de la pobreza y, de la mano con ella, la de la propia educación”.
En este discurso político decíamos entonces y ratificamos ahora, “no hay nada que se acerque a la educación. No es el tema ni el objetivo: en todo caso, es la coartada más o menos eficaz para una lucha política que tiene que ver con las opciones más radicales… los que están privatizando la educación son esos mismos grupos…, ¿qué impulsará más a una familia a enviar a sus hijos a una escuela privada que el hecho de que sus hijos encuentren una y otra vez la escuela pública cerrada y a sus maestros en la calle?

“Estos grupos son los verdaderos impulsores de la privatización de la educación y quienes quieren regresar, a como dé lugar, al viejo sistema político, económico y magisterial. Son los más conservadores, los más reaccionarios, del escenario político nacional”.
El modelo construido por Marx Arriaga deformó la educación en todos los niveles, con un plan que no tiene antecedentes pedagógicos en ningún otro país y que es una suma de ocurrencias ideológicas, que buscan alinear la educación pública, como lo reconoce la SEP, con los propósitos político-ideológicos de los sectores más duros de la 4T.
Es ideología, no es educación, son ocurrencias, no es pedagogía. Como escribió Gilberto Guevara Niebla, exlíder del 68 (de los de verdad, no como los revolucionarios de pacotilla, tipo Jesús Ramírez, Epigmenio y compañía) y exsubsecretario de Educación Pública al inicio del sexenio pasado, cargo del que huyó ante el desastre que se aproximaba, en su libro La regresión educativa (Grijalbo, 2022) “el gobierno federal eliminó la reforma educativa de 2013, pero no produjo un nuevo proyecto; en cambio, puso en práctica políticas que dañan la oferta educativa. El presidente volvió la espalda a la educación persiguiendo un objetivo político, en el sentido populista, mezquino, del término”.
El plan de Arriaga, Salmerón y otros se basa en esa visión populista, radical, perversa, más interesada en sus intereses que en la educación.
Es la ideologización de la pobreza y, de la mano con ella, la de la propia educación… No importa quién sea el presidente o el gobernador y cuál la coyuntura: se creó un monstruo que, paradójicamente, cuanto más hunde al Estado y a su educación, más poderoso se hace.
El único interés es el propio. La forma en que se atrincheró Arriaga en su oficina de la SEP, negándose a dejar su puesto, es la demostración más evidente de ese infantilismo revolucionario, esa irresponsabilidad y falta de siquiera sentido común, lo mismo que se reflejó en toda su actuación.

Eso es lo que se intentó romper corriendo a Arriaga. Pero el gobierno federal con sus dudas eternas, sus indefiniciones y su falta de firmeza ante sus propios funcionarios, le termina haciendo el juego. Primero dijo que Arriaga, que quería tomar por asalto a la SEP, se fue porque se negó a hacer cambio alguno a los libros de texto, incluyendo revisar sus innumerables errores. Pero luego le ofreció la embajada en Costa Rica (¿qué nos habrá hecho Costa Rica que en estos años le hemos querido enviar todo tipo de desechos políticos?) y publicó un comunicado de tres páginas increíble para defender a un funcionario que lo desconoce.


















