mayo 29, 2024 13:33

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Renán Castro Madera, Director General

Renán Castro Madera, Director General

mayo 29, 2024 13:33

Redacción/Cambio22

Conocí a Adam Sandler en el año 2004 con alguna retransmisión de Little Nicky. Yo era un crío de 11 años y recuerdo haber visto la película junto a mi hermano y gracias a mi prima, quien nos estaba cuidando y para poder hacer la comida o para bañarse o realizar cualquier otra actividad que requiriera quitarnos el ojo, buscó en la tele algo con qué entretenernos. Eso fue Little Nicky y Fer y yo nos desternillamos de risa.

No sé si fue la mejor película para distraer a un par de chicos, pero sí sé que le hizo olvidar a esos muchachos el mal tiempo que estaban viviendo. Mi padre estaba en la cárcel y mi madre se encontraba visitando ese Palacio Negro para llevarle comida y dinero (como hacía cada sábado, sin falta). Con el tiempo, recuerdo, vi otras películas de este tipo, Adam Sandler. You Don’t Mess with the Zohan o The Longest Yard son las que más tengo presentes. Eran películas que pasaban en el canal 5 y que llegaba a ver cuando toda mi familia se reunía en la sala los domingos. Esas cintas nunca fueron la gran cosa, pero nos reunían, en silencio y expectantes, y eso de alguna manera me hacía feliz

A mis 16, y con todo el catálogo de películas piratas que descubrí que Metro Balderas ponía a mi disposición, la idea de que era malo ver cine mainstream de Estados Unidos se instaló por alguna razón en mi cabeza. Y esto significaba renegar de figuras “estúpidas” como Adam Sandler y ponderar pelis como Antichrist, aunque en realidad la obra de von Trier me pareciera bastante desagradable.  Hacia mis 20 años aprendí una lección bastante importante, la de que el arte tiene que ser lo que te gusta y que lo que no te gusta no tiene por qué serlo. También perdí del radar precisamente a figuras como Sandler.

 

Aunque lo viera en carteleras gigantescas sobre Periférico, creo que nunca pensé realmente en él. Y así creo que pasaron varios años hasta hace más o menos unos 3 o 4, después de haber conocido a Alejandra, quien me introdujo nuevamente en estas películas de Hollywood porque de alguna manera para ella se habían convertido en un lugar seguro, un sitio a donde acudir cuando te amenazara la brutalidad del mundo. Descubrí que también eran un lugar seguro para mí.

Y de esta manera, entre fines de semana llenos de nostalgia y noches en las que esperaba que Alejandra se durmiera, fui redescubriendo una filmografía que, a la par de entretenida, me permitió ir construyendo una imagen más consistente en mi cabeza de lo que para mí era el comediante judío. La idea general que me había hecho era más o menos esta: que Sandler era un sujeto que, con historias sencillas y chistes de pedos, se había hecho un lugar en la historia de la comedia norteamericana, y que eso estaba bien porque no le hacía daño a nadie. Pero mi impresión cambió después de haber visto dos obras, lo cual habrá pasado probablemente en 2021: hablo de Funny People, de Judd Apatow y el especial de comedia del año 2018 que Sandler hizo con su productora Happy Madison en colaboración con Netflix.

Funny People fue algo que vi con expectación porque también me he convertido en un incondicional de Seth Rogen y él era uno de los protagonistas. Sin embargo, lo que nunca me esperé fue el retrato que se hizo del personaje de Sandler, el cual, enormemente parecido al actor que lo estaba interpretando, difería de este en el sentido de que era un ser más bien trágico, y, por tanto, real. Podrá sonar tonto, pero esto cambió mi perspectiva de Adam.

Y luego llegó ADAM SANDLER 100% FRESH, el especial de Happy Madison y Netflix. Lo sorprendente aquí fue ver a alguien como el personaje de Funny People aunque sin ser realmente un personaje. Había canciones, sí, e interpretación incluso, pero sentí que a través del lirismo se podía advertir una imagen más clara del ser humano. Ya sé, me aferro, como tantos románticos, a la idea de que la poesía lírica es el retrato más sincero de la ficionalización de uno mismo, pero qué se le va a hacer.

El punto es que descubrí a alguien verdaderamente ingenioso, haciendo lo que más amaba hacer y divirtiendo a los demás en el proceso. Alguien genuino y fiel a sí mismo, y oh queridos lectores, es tan difícil encontrar a alguien haciendo algo así, independientemente del medio. De verdad que muy difícil.

En el camino vinieron películas como Punch-Drunk Love o Uncut Gems que mi hicieron advertir lo buen actor que puede llegar a ser Sandler y en general lo preparado que está artísticamente. Igual, a esas alturas, ya lo sabía. Al fin había descubierto que, pese a ser un multimillonario, en el fondo Adam Sandler es un hombre sincero y de espíritu sencillo:

“No sé qué diablos estoy haciendo, pero me gusta lo que he estado haciendo. Tengo fe en lo que he hecho en el pasado. Solo espero que mi hijo disfrute de las películas que he hecho y y que también disfrute de algunas de las películas que haré en el futuro.”

 

Fuente:codigoespagueti.com

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