mayo 25, 2024 19:29

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Renán Castro Madera, Director General

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  • La Cámara baja votó por realizar un juicio de desafuero al presidente Joe Biden. El alegato es que Biden se benefició de los negocios que su hijo Hunter realizó en Ucrania y China mientras su padre era vicepresidente.

 

Redacción/CAMBIO 22

El miércoles pasado, la Cámara baja votó por realizar un juicio de desafuero (impeachment) al presidente Joe Biden. El voto fue 221-212. Es decir, en estrictas líneas partidistas. El alegato es que Biden se benefició de los negocios que su hijo Hunter realizó en Ucrania y China mientras su padre era vicepresidente.

La Cámara baja lleva algunos meses investigando y no ha podido encontrar evidencia. Sin embargo, la mayoría republicana decidió realizar la votación con un propósito en mente: obtener un voto favorable y obligar a la Casa Blanca a “cooperar y proporcionar la información” que requiera.

Biden ha sostenido, y con razón, que se trata de una acusación con fines políticos. Tiene razón. Su hijo Hunter ha padecido serios problemas: drogas, alcohol, posesión de un arma sin permiso y un estrepitoso divorcio.

Se presume que en sus “asesorías” a gobiernos extranjeros, Hunter echaba por delante su apellido y el acceso a su padre, entonces vicepresidente. Sobra decir que es un hijo emproblemado. Pero de allí a que el papá hiciera negocio a través del hijo hay un gran trecho. Es bien conocido que Biden no se ha enriquecido en su larga carrera de servidor público. Incluso, cuando su hijo mayor, Beau, enfermó de cáncer en el cerebro, el entonces vicepresidente estuvo a punto de vender su casa para apoyar a su hijo, que se quedó sin ingresos.

Los archiconservadores republicanos en la Cámara baja, acicateados por el propio Donald Trump, precipitaron el voto. Se trata de que durante 2024, año de elecciones, el presidente Biden también esté en el banquillo de los acusados.

En el fondo, los republicanos enjuiciarán a Biden porque tienen que desquitarse de los demócratas, quienes realizaron dos juicios de desafuero contra Donald Trump. Ojo por ojo y diente por diente.

Me inclino a pensar que los republicanos se saldrán con la suya y acabarán enjuiciando a Biden. De ser así, será tan sólo un circo político. Para desaforarlo, el Senado tendría que votar por mayoría calificada en ese sentido. Y eso no va a pasar. Primero, porque Biden no es corrupto. Y segundo, porque los demócratas tienen una mayoría de 51 a 49 y por nada ni nadie conseguirán los 67 votos necesarios.

El juicio de desafuero exhibirá una vez más la disfuncionalidad del sistema político del vecino país. En tan sólo una década se darán tres juicios de desafuero, lo que evidencia la profunda polarización de su clase política.

Nada más habrá que imaginar lo que será el año electoral de 2024. Los prácticamente seguros candidatos de ambos partidos no sólo llegarán viejos y cansados a las urnas, sino que, además, con narrativas brutales de corrupción.

Lo mejor que le podía pasar a nuestro vecino del norte es que la economía se deslinde de la política y que sus mercados sigan funcionando, como es el caso de Italia, por ejemplo.

Pero el problema del fondo es que Estados Unidos sigue siendo el líder del mundo occidental y hay dos guerras sucediéndose, en Ucrania y Gaza. Y sobra decir que se ha roto el tradicional consenso estadounidense en seguridad nacional.

Nada bien pinta 2024 para nuestro vecino del norte. Los electores acudirán a las urnas el próximo 5 de noviembre con graves preocupaciones sobre la probidad de quienes estarán en la boleta.

 

Fuente: EL FINANCIERO

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