marzo 1, 2024 22:55

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Renán Castro Madera, Director General

Redacción/CAMBIO 22    

Acapulco.— Apenas el sol se oculta, en las calles de la colonia Hogar Moderno comienza el ruido: el arrastre de láminas de aluminio, ramas, tambos, piedras y lo que se tenga a la mano.

Ese sonido es la señal de que la colonia se convertirá hasta el amanecer en una trinchera. En cada calle, con los escombros que dejó Otis, se forman barricadas.

En esta colonia desde hace casi una semana los días son intensos. Perdieron la tranquilidad, así que desde muy temprano y durante gran parte del día salen a buscar alimentos y agua, y ahora pasan las noches en vela.

Son las 7 de la noche y ya la oscuridad comienza a dominar el ambiente. Desde la madrugada del miércoles pasado no hay energía eléctrica, por lo que cuando la noche cae la oscuridad es profunda. En cada esquina se concentran grupos de jóvenes. Unos llegan con palos, otros con tubos, machetes, cuchillos, piedras. Arrastran troncos de los árboles caídos, hojarasca y prenden la fogata. Es lo único que alumbra. El objetivo es vigilar sus calles, evitar que se metan a robar a sus casas o que les quieran sacar gasolina a sus vehículos.

Con las barricadas instaladas se terminó la circulación en las calles de Río Bravo, Río Colorado, Río Lerma, Río Atoyac y Río Grande. Nadie entra y nadie sale. Incluso, la dureza es para los propios vecinos.

“Ya no se puede, vecino, usted sabe el acuerdo, no seamos los primeros en poner el desorden”, le reclama uno de los vigilantes a su vecino que desde de las 7 de la tarde intenta entrar a la colonia.

Al final le dan el acceso, pero con la advertencia de que la próxima pasará él, pero no su vehículo, porque no pueden quitar las barricadas. El grupo de jóvenes recorre las cinco calles que comunican a la avenida Calzada Pie de la Cuesta con Ejido, dos vías importantes para el puerto.

La noche avanza, todo transcurre tranquilo.

La vigilancia en esta colonia comenzó el pasado jueves, cuando un vecino descubrió a un hombre que intentaba sacar gasolina de su camioneta.

“Nosotros escuchamos que el vecino gritó que le estaban robando. Esa vez salimos varios y decidimos que nos teníamos que cuidar”, cuenta uno de los jóvenes.

Ese no fue el único incidente. En otras calles intentaron meterse a las casas que quedaron con las puertas y ventanas destrozadas por los vientos de Otis.

“La otra vez correteamos a dos que no son de por aquí, que andaban nada más sospechosos viendo las casas dañadas; luego a unos por el canal”, cuenta otro cuidador.

La colonia Hogar Moderno es la réplica de muchas colonias de Acapulco tras el paso de Otis: devastación por donde sea, árboles atravesados, postes tirados, casas sin techos, sin puertas, sin ventanas. También padecen la escasez de todo. Varios vecinos han decidido dejar sus casas para irse con familiares a otros municipios e, incluso, a otros estados.

Gran parte de la noche transcurrió tranquila, sin sobresaltos. Pensaron que habría saldo blanco. A lo lejos se escucha un balazo, luego otro. En esta calle, su grupo de vigilancia se queda quieto y prefiere no descuidar su calle.

Ahí donde se escucharon los disparos está otro grupo, pero no ha pedido refuerzos.

Al amanecer se sabe qué ocurrió en la otra calle. Un hombre se metió a un negocio de aluminio. Estaba intentando llevarse lo que hallara, porque esa tienda ya había sido saqueada en días anteriores.

Al hombre lo descubrieron cuando andaba arriba del techo maltrecho. El grupo de esa calle fue a revisar. Lo vieron, le gritaron que se saliera, que no le harían nada. El hombre se ocultó.

“Alguien dijo que ya se había ido y entonces nos regresamos a la barricada, pero luego otro vecino lo vio que estaba escondido”, contó.

El grupo regresó, uno de ellos hizo un disparo al aire como advertencia. Al final, lo vieron correr por la parte de atrás del negocio. No lo atraparon, pero tampoco pudo robar, que al final es el objetivo.

“De seguro no era de por acá, porque aquí todos saben que estamos vigilando, que estamos cuidando”, afirma.

Lo que ocurre en Hogar Moderno se vive ya en varias colonias de Acapulco. La falta de vigilancia está provocando el aumento de los robos a casas y a los vecinos no les queda más que cuidar el poco patrimonio que les dejó Otis.

“Si no han venido a dejarnos despensas, ¿crees que van a venir a cuidarnos?”, reprocha un vecino.

 

 

Fuente: El Universal

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