El presidente colombiano Gustavo Petro ya fue declarado “objetivo prioritario” de la DEA. Se le inició una abierta investigación por sus presuntos vínculos con los cárteles de la droga, en especial el Cártel de Sinaloa.
Entre las denuncias contra quien fuera líder guerrillero del Movimiento 19 de Abril, mejor conocido como el M-19, están las de haber recibido aportaciones del crimen organizado para su campaña presidencial.
El M-19 es el movimiento guerrillero en el que -de acuerdo al propio Gustavo Petro- también militó la presidenta Claudia Sheinbaum, aunque ella -como San Pedro- ya lo negó en tres ocasiones.
El anuncio de la DEA sorprendió, sobre todo, porque el mandatario colombiano acaba de ser recibido por el presidente Donald Trump el pasado 3 de febrero, justo un mes después de que el gobierno norteamericano capturó en Venezuela al presidente en funciones Nicolás Maduro, quien ya está detenido en una prisión de Nueva York esperando su juicio.
La visita del presidente Gustavo Petro, incluida la previa reunión en la Casa Blanca con Delcy Rodríguez, contrasta con el desaire que el presidente Donald Trump viene haciéndole a la inquilina de Palacio Nacional. En los 17 meses que tiene la presidenta Claudia Sheinbaum al frente del Segundo Piso de la Cuarta Transformación, todavía no es recibida por el mandatario de la nación con la que México comparte la mayor frontera, el mayor intercambio comercial del planeta y los cruciales problemas de seguridad, narcotráfico y migración.
El inicio de las investigaciones de la DEA, en torno al presidente Gustavo Petro, abre la puerta para una inevitable comparación con lo que podría suceder con el ex presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien podría ser sometido pronto a una investigación similar a la del colombiano.
En el caso del personaje exiliado en Palenque, las evidencias son más claras, más contundentes. Por ejemplo, no existe una fotografía o video que se conozca del presidente Gustavo Petro saludando a personajes ligados al crimen organizado. De Andrés Manuel López Obrador existe el video tomado en marzo de 2020 en Badiraguato, Sinaloa, en donde baja de su camioneta para acudir a saludar a la mamá de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
A diferencia del presidente Gustavo Petro, al presidente Andrés Manuel López Obrador también le pueden reprochar la liberación de Ovidio Guzmán López, quien fue capturado por el Ejército mexicano en Culiacán, el 17 de octubre de 2019, y puesto en libertad por órdenes del entonces inquilino de Palacio Nacional.. Él mismo dio la orden.
Ni qué decir del dinero “sucio” en sus campañas presidenciales -la de 2006, la de 2012 y la de 2018- lo mismo con aportaciones directas en efectivo que mediante los beneficios del llamado huachicol fiscal. Todo está documentado.
Y si a alguien le queda alguna duda, basta ver la consideración con la que el presidente Andrés Manuel López Obrador se dirigía “con todo respeto” -decía él- a “el señor Guzmán Loera”, a quien siempre evitó llamarle “El Chapo” y de quien decía que merecía “un trato digno”, pues también era un ser humano.
En pocas palabras, si al colombiano Gustavo Petro lo investigan sin evidencias tan contundentes, ya pueden imaginar lo que sucederá cuando venga la investigación contra el exiliado de Palenque. Las pruebas abundan. A flor de piel.
Si a esto le sumamos el contexto de las investigaciones, no hay duda de que el dedo flamígero del gobierno de Donald Trump apuntará, más temprano que tarde, a Andrés Manuel López Obrador, a algunos de su estirpe e incluso a otros de su círculo más íntimo y que se creyó siempre intocable.
Está claro que, el presidente Donald Trump, está abultando su número de trofeos de caza para colgarlos en su pared antes de las elecciones de medio término del próximo mes de noviembre.
Comenzó el 3 de enero con la captura de Nicolás Maduro; vino luego el ataque a Irán en el que perdió la vida su líder, el ayatolá Alí Jamenei: ya está en la lista de espera el cubano Miguel Díaz-Canel y ni qué decir del ya anunciado Gustavo Petro. Está claro que, en esa colección de trofeos de la izquierda latinoamericana y de la teocracia de Oriente Medio, será incluido el de Andrés Manuel López Obrador o de alguien de sus cercanos del Cártel de Tabasco.
Si la investigación sobre el “objetivo prioritario” llamado Gustavo Petro es por sostener relaciones desde Colombia con el Cártel de Sinaloa, ¿qué sucederá con Andrés Manuel López Obrador, quien acabó convertido con sus “abrazos y no balazos” en el escudo protector de todo lo que trajera la marca Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada. No se tiene que ser ni muy inteligente ni muy perspicaz para saber en qué acabará esto.