Las Memorias de Doña Concepción Lombardo Viuda de Miramón
19 Mar. 2026
Redacción / CAMBIO 22
Maximiliano dejó a una loca; Mejía a una pobre mujer anónima, y Miramón a Concha, que se propuso preservar su nombre. Conservó todo, hasta los pedazos de pan de la última cena de su marido, y por supuesto el manojo de cartas. Escribió después estas Memorias con el fin de que la posteridad no olvidara lo que ella no podía. Y sentenció con unas palabras en latín “Adhaerat lingua mea in faucibus meis si non meminero tui” – Péguese mi lengua a mi boca si llegara a olvidarte.
Memorias de Doña Concepción Lombardo Viuda de Miramón
18 de Marzo, aniversario luctuoso de Concepción Lombardo. Pocas vidas encarnan la lealtad como la de Concepción Lombardo. Más que la esposa del presidente más joven de México, fue la cronista de una era de imperios caídos. Este relato recorre la trayectoria de una mujer que, tras el fusilamiento de su esposo, convirtió su dolor en una misión de rescate histórico. Desde el legendario corazón de Miramón preservado en un frasco, hasta el hallazgo de sus manuscritos en Palermo, estas líneas nos revelan a la mujer de carácter que desafió al olvido para asegurar que ni la muerte, ni sus enemigos, la separaran de su amado general.
Las Memorias de Doña Concepción Lombardo Viuda de Miramón son un testimonio autobiográfico fundamental para comprender la historia de México en el siglo XIX desde la perspectiva del bando conservador. Escritas principalmente para redimir el nombre de su esposo, el general Miguel Miramón, la obra narra los eventos de la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa y el Segundo Imperio Mexicano. Con estilo sencillo, esta inteligente mujer regaló a la historia de México una joya; titulada Memorias que comenzó a escribir a los 80 años, las cuales permanecieron perdidas durante 63 años hasta su publicación, revelando la intimidad de una pareja rebasada por los conflictos de su época.
Concepción Lombardo Gil de Partearroyo, conocida como Concha Lombardo, nació el 8 de noviembre de 1835 en la Ciudad de México. Fue una mujer de recio carácter, nacida en una familia adinerada, católica y conservadora. Sus cualidades convirtieron al más notable caudillo militar de la época en su ferviente enamorado. Como esposa del jefe conservador, quien se desempeñó dos veces como presidente de México (1859-1860), vivió de cerca los apasionados debates que fracturaron al país. Tras solo ocho años de matrimonio, sufrió el intenso dolor de ver a su esposo fusilado en el Cerro de las Campanas junto a Maximiliano. Se dice que, tras la ejecución, conservó el corazón de su esposo en un frasco para llevarlo consigo al viejo mundo.
En sus memorias, Concepción ofrece una crónica detallada y personal de la vida cotidiana de la aristocracia mexicana, describiendo con minucia los bailes, las etiquetas y las tensiones sociales de la época. Detalla los entresijos de las campañas militares de Miramón, sus críticas agudas hacia la falta de comprensión de Maximiliano sobre la realidad mexicana, y narra con amargura las traiciones dentro del propio bando conservador, proporcionando una visión humana de la caída del Imperio.
El hallazgo de este manuscrito fue un evento fortuito para la historiografía mexicana. Tras la muerte de Concepción en 1921, los papeles quedaron en manos de su familia en el extranjero. Fue el historiador y coleccionista Francisco Cortina Portilla quien, décadas después, localizó el manuscrito original en Palermo, Italia. Lo adquirió de una nieta de los Miramón que vivía en condiciones modestas y se dedicaba a dar clases de español. Gracias a esta recuperación y a la posterior edición de figuras como Felipe Teixidor, las memorias pudieron publicarse finalmente en 1980 bajo el sello de la Editorial Porrúa.
El 13 de octubre de 1867, Concha se había embarcado en Veracruz con sus hijos rumbo a Europa, sabiendo que nunca volvería a México. Siguiendo los consejos del emperador fusilado, buscó apoyo en las cortes de Austria y Bélgica, recibiendo ayuda solo de esta última. Fiel a la memoria de su esposo hasta el final, Concepción falleció el 18 de marzo de 1921 en Toulouse, Francia. Su determinación trascendió su muerte: en 1895 ordenó trasladar los restos del general a la Catedral de Puebla para que no compartiera el Panteón de San Fernando con su gran rival, Benito Juárez. Eventualmente, sus propios restos fueron repatriados para descansar junto a él en la Capilla del Sagrado Corazón, unidos finalmente lejos de las disputas políticas que los marcaron en vida.
Con notas del libro y breves del artículo de Ute Seydel en Letras Modernas UNAM.
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