Redacción/CAMBIO 22

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), en México ha generado interrogantes sobre el futuro del comercio regional de cocaína, pero una red de alianzas estratégicas sugiere que su muerte difícilmente interrumpirá el flujo de cocaína hacia Centroamérica y Estados Unidos.

El CJNG no tiene una presencia establecida en ningún país fuera de México, donde es uno de los grupos criminales más poderosos. Sin embargo, ha forjado alianzas estratégicas con importantes redes criminales en Colombia, Ecuador y Guatemala para facilitar el tráfico de cocaína hacia México y, posteriormente, Estados Unidos.

Para gestionar estas alianzas, el CJNG recurre a emisarios enviados para negociar cargamentos de cocaína, supervisar la producción y garantizar la calidad, así como coordinar las rutas de tráfico.

Aunque el futuro del liderazgo del CJNG tras la muerte de El Mencho sigue siendo incierto, es probable que las alianzas criminales que sostienen el flujo de cocaína solo se vean afectadas de manera temporal.

 

Las alianzas del CJNG en Colombia

El CJNG ha buscado alianzas con grupos criminales colombianos desde su surgimiento en 2010. Con el paso de los años, esas relaciones han evolucionado para favorecer los intereses tanto del CJNG como de sus contrapartes colombianas.

Colombia es el principal productor de cocaína del mundo. En 2024 el país albergó 262.000 hectáreas de coca, y si bien las cifras del potencial de producción de cocaína no han sido reveladas recientemente, el medio de comunicación español El País dio a conocer, en noviembre de 2025, que esta cifra podía alcanzar las 3.000 toneladas métricas.

Los principales grupos criminales colombianos negocian la cocaína con redes criminales de todo el mundo, pero los grupos mexicanos han sido durante mucho tiempo algunos de sus socios de confianza.

Inicialmente, los grupos mexicanos, como el CJNG, enviaban emisarios temporalmente a Colombia para establecer articulaciones con redes criminales colombianas solo para el envío de cocaína.

“Había una relación en términos de embarques que se negociaban con emisarios que venían y aseguraban el transporte de la cocaína, sobre todo por el Pacífico”, afirmó Gerson Arias, investigador asociado a la Fundación Ideas para la Paz (FIP), un centro de pensamiento colombiano especializado en el análisis de paz y seguridad. “El Cartel empezaba a dimensionar qué se podía hacer con Colombia”.

Estos emisarios comenzaron a tener una presencia más permanente en el país a partir de 2016, tras la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Hasta entonces, las FARC eran las principales aliadas de los grupos criminales mexicanos en el narcotráfico y controlaban el 70% de los cultivos de coca del país y la producción de cocaína en las zonas bajo su control.

En ausencia de las FARC, el control sobre la producción de cocaína y la calidad de esa producción entró en un período de incertidumbre. Fue entonces cuando el CJNG comenzó a enviar representantes directamente a las regiones cocaleras de Colombia para supervisar el proceso de producción y garantizar la calidad de la cocaína elaborada.

Hoy en día, el CJNG tiene alianzas sólidas con los grupos criminales más grandes del país, principalmente con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y las disidencias de las FARC. A través de estas conexiones, el grupo mexicano supervisa la producción y el control de calidad, mientras sus aliados colombianos aportan los insumos, los laboratorios de droga y las redes de corrupción necesarias para garantizar el flujo de cocaína.

Si bien la caída de El Mencho puede traer cierta inestabilidad, según mencionó Arias, esta será temporal y las alianzas que el CJNG ha mantenido con grupos criminales colombianos se podrán retomar después de la muerte del líder.

Mientras tanto, los grupos criminales colombianos mantienen alianzas con otros actores mexicanos como el Cartel de Sinaloa, que pueden llenar el vacío temporal del CJNG en la cadena del tráfico de cocaína desde Colombia hacia Centroamérica y México.

 

Emisarios aseguran los flujos de cocaína en Ecuador

Las estrategias del CJNG en Ecuador y Colombia son similares, ya que el grupo mantiene una presencia flexible en esos países mediante representantes enviados para establecer vínculos estratégicos con socios locales ecuatorianos, un modus operandi que, en última instancia, limita el impacto de la captura de El Mencho.

Ecuador, aunque no es productor de cocaína, es fundamental para el comercio de esta droga. Algunos de los cultivos de coca más productivos de Colombia se encuentran justo a lo largo de su frontera sur con Ecuador, en los departamentos de Putumayo y Nariño. Las redes de tráfico mueven los cargamentos a través de la frontera porosa, atravesando la red de carreteras de Ecuador antes de llegar a la costa del Pacífico del país. Desde allí, lanchas rápidas y barcos pesqueros transportan la cocaína hacia las costas de Centroamérica y México.

El Cartel de Sinaloa fue el primer grupo mexicano en forjar rutas de tráfico a través de Ecuador en la década de 2000, estableciendo redes de lavado de dinero, transporte y corrupción. Tras la captura de sus operadores en Ecuador, el grupo cambió de estrategia a mediados de la década de 2010. En lugar de que sus emisarios intentaran controlar cada eslabón de la cadena del narcotráfico, recurrió a la contratación de grupos ecuatorianos para que se encargaran de la logística, incluyendo transporte, almacenamiento, exportación y corrupción local.

Su principal socio eran Los Choneros, un grupo criminal de la provincia costera de Manabí que rápidamente se convirtió en la organización delictiva más poderosa de Ecuador. Pero tras la muerte del líder de Los Choneros, Jorge Luis Zambrano, alias “Rasquiña”, en diciembre de 2020, el grupo se fragmentó.

Fue en ese momento que la influencia del CJNG en Ecuador despegó, según explicó a InSight Crime Freddy Sarzosa, exdirector de investigaciones de la policía ecuatoriana. El CJNG recurrió a ramificaciones de Los Choneros, como Los Lobos, Los Tiguerones y Los Chone Killers, para supervisar sus envíos de cocaína en Ecuador, añadió.

“Ellos están estableciendo una sociedad estratégica de economía criminal, a través de contactos mexicanos en México y contactos de ecuatorianos acá en el Ecuador para el tema del contrabando de drogas hacia los países de consumo”, afirmó.

Pero en 2024 y 2025, el liderazgo de las organizaciones criminales ecuatorianas se vio debilitado por las operaciones de seguridad del Estado, que llevaron a la mayoría de los principales líderes a la cárcel. Las grandes organizaciones criminales como Los Choneros y Los Lobos han luchado para mantenerse unidas, mientras que las bandas más pequeñas se han separado de los conglomerados más grandes.

En este panorama fragmentado, es probable que el CJNG trabaje con varias redes ecuatorianas y cambie constantemente de aliados para adaptarse a la alta rotación de líderes y a los cambios en los territorios. Para estos grupos ecuatorianos dispersos, la muerte de El Mencho puede significar una reorganización temporal de las alianzas, pero en última instancia no afectará a su capacidad para prestar servicios a las redes de tráfico de drogas, ya sean dirigidas por el CJNG u otros grupos.

“En el caso ecuatoriano entre los grupos criminales no se da [una reconfiguración] por la detención de El Mencho. Es más probable que se dé por la detención del alias ‘Pipo’ [el líder de Los Lobos], que le detuvieron… o por la detención en su momento del alias ‘Fito’ [el líder de Los Choneros]”, dijo Luis Córdova Alarcón, experto en seguridad ecuatoriano y profesor de la Universidad Central del Ecuador. “Líderes locales que sí tienen un impacto real en sus organizaciones”.

 

Todo sigue igual en Guatemala

Guatemala es otro foco clave de actividad del CJNG fuera de México. Allí, el grupo ha establecido alianzas con redes locales de narcotráfico para controlar el flujo de drogas que ingresa a México por su frontera sur.

Con costas tanto en el Caribe como en el Pacífico, y una extensa frontera compartida con México, Guatemala es un importante país de tránsito de cocaína. Las redes de tráfico dispersas reciben los envíos de cocaína que llegan en lanchas rápidas y en avionetas desde Suramérica. Luego, trasladan la cocaína a la frontera, donde varios grupos, como Los Huistas, han gestionado históricamente las rutas de contrabando, forjando alianzas con grupos mexicanos como el Cartel de Sinaloa, el Cartel del Golfo y, más recientemente, el CJNG.

A finales de la década de 2000, el grupo narcotraficante mexicano Los Zetas comenzó a realizar incursiones violentas en Guatemala, buscando una mayor influencia sobre estas rutas. Atacaron a las fuerzas de seguridad, a narcotraficantes rivales y a civiles en una serie de demostraciones públicas de fuerza.

En la actualidad, los grupos mexicanos y sus aliados guatemaltecos han optado por mantener un perfil más bajo, tratando de pasar desapercibidos frente a las autoridades, según Alan Ajiatas, exsubdirector de la Unidad Antinarcóticos de la Fiscalía General de Guatemala.

“Han buscado esa mutación a una coordinación pacífica hasta ciertos puntos”, dijo a InSight Crime, aunque añadió que el CJNG ha utilizado algunas de las mismas tácticas agresivas que Los Zetas para afirmar su dominio sobre la región fronteriza.

Sin embargo, las redes de tráfico guatemaltecas permanecen intactas, y estos grupos han trabajado históricamente con distintos grupos mexicanos, no solo con el CJNG.

 

 

Fuente Insight Crime

redaccionqroo@diariocambio22.mx

RHM

 

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