Othón P. Blanco, el Municipio Olvidado en Quintana Roo
26 Feb. 2026
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Necesariamente Incómoda
Graciela Machuca Martínez/CAMBIO 22
Yensunni Idalia Martínez Hernández, presidenta municipal de Othón P. Blanco, ha sido objeto de múltiples críticas y señalamientos por presuntos malos manejos del presupuesto durante su administración, tanto en su primer como en su segundo periodo (2021–2024 y 2024–2027).
En noviembre de 2024, se reveló que gastó 4 millones 748 mil 377.72 pesos en la remodelación de su oficina en el palacio municipal, contratando a la empresa KANTER ARQUITECTOS S.A. DE C.V., con acabados de lujo como madera, piso de porcelanato y sillas ejecutivas de piel. Este gasto generó indignación ciudadana, especialmente porque se realizó mientras la ciudad enfrentaba problemas graves como baches, acumulación de basura e inseguridad.
El contrato, firmado en 2023 bajo el número COP-LO-OPB-032-2023, fue detenido por las campañas electorales y solo se entregó en octubre de 2024, más de un año después de su fecha de conclusión prevista.
Además, se ha señalado que el ex tesorero del municipio y actual titular de la Auditoría Superior del Estado de Quintana Roo, Miguel Cheluja Martínez, y el director de obras públicas Jorge Domínguez Urrea, están involucrados en este despilfarro.
En abril de 2025, se reportaron casos de contratos con empresas no registradas en el padrón de proveedores, incluyendo una obra “fantasma” de una cancha de fútbol en Jesús González Ortega por más de 3 millones de pesos sin evidencia de ejecución.
También se criticó su decisión de cerrar el Bulevar Bahía de Chetumal todas las mañanas, argumentando que era un “regalo de bodas” para su pareja, lo que generó rechazo por considerarse un privilegio personal y no una medida pública.
Aunque la Contraloría Municipal no ha intervenido directamente en las denuncias, la Auditoría Superior del Estado (ASEQROO) ha sido la instancia que ha observado irregularidades, incluyendo faltantes de 582 millones 909 mil pesos de la administración anterior (2016–2018), lo que ha generado preocupación sobre la gestión financiera del municipio.
Martínez Hernández, también enfrenta creciente inconformidad ciudadana por una administración marcada por servicios públicos deficientes, falta de transparencia, denuncias de corrupción y una crisis de seguridad.
La Contraloría Municipal y la presidenta han mantenido un silencio inusual, alimentando sospechas de un pacto de impunidad con su antecesor, Otoniel Segovia Martínez, cuya gestión fue marcada por desvíos de recursos federales y falta de registro contable.
Obras “fantasma”: Se han señalado contratos sin evidencia de ejecución, como una cancha de fútbol en Jesús González Ortega por más de 3 millones de pesos, sin obra visible.
Inseguridad y desgaste institucional: A pesar de recibir 90 elementos de la Semar y SSP, la presidenta ha reducido compensaciones a policías, lo que ha obligado a muchos a buscar empleos secundarios. La falta de estrategia real para combatir la delincuencia ha generado desconfianza entre la ciudadanía.
Gestión de infraestructura: Las calles, parques y zonas públicas se encuentran en mal estado, con pozos sin tapa que representan peligro, y se critica la falta de mejoras reales tras más de 7 años de gobierno (3 como sindica, 4 como alcaldesa).
El caso refleja una crisis de gobernanza que trasciende a un solo gobierno, con señalamientos de patrones recurrentes de nepotismo, falta de rendición de cuentas y desinterés por el bien común.
Estos hechos han alimentado un fuerte rechazo ciudadano, con sectores que exigen la intervención de la gobernadora Mara Lezama para rescatar a Chetumal de lo que consideran la peor administración municipal en su historia.
Estar al frente del gobierno municipal de la ciudad capital del estado, además, de ser un honor para muchas personas ligadas a la política, es una alta responsabilidad, porque exige dar lo mejor de la administración pública para ofrecer a propios y extraños una imagen digna de la entidad, aunque a las demás instancias gubernamentales, Chetumal sea el patito feo, porque la joya de la corona sigue siendo Cancún.
La población de los municipios de Felipe Carrillo Puerto y Othón P. Blanco deben estar pagando un castigo de la política, porque por dos trienios tiene que aguantar a las excuñadas Maricarmen Candelaria Hernández Solis y Yensunni Idalia Martínez Hernández, quienes han definido que sus prioridades es su futuro económico y político, como si los ayuntamientos fueran de su propiedad.
RHM























