Compañía Nacional de Danza Plantea Propiciar un Diálogo entre Tradición e Innovación
15 Feb. 2026
Redacción / CAMBIO 22
Este 2026 abre un nuevo capítulo para la Compañía Nacional de Danza (CND), donde la tradición y la contemporaneidad dialogan como parte de una misma travesía escénica.
Con la dirección artística de Érick Rodríguez, este año se despliega como un recorrido que conjuga historia, innovación y emoción en escenarios de la Ciudad de México, y abre la posibilidad de descubrir la danza como experiencia integral y viva.
“Cada propuesta fue pensada para tender puentes entre los ballets clásicos, neoclásicos y contemporáneos. Buscamos que la compañía pueda transitar todos esos lenguajes como parte de su identidad y que la danza conmueva, despierte curiosidad y haga sentir bienvenidas a personas de todas las edades y trayectorias”, señaló Rodríguez en entrevista con La Jornada.
La apertura tuvo lugar este fin de semana con la Gala Contemporánea en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México, con obras de Nacho Duato y Arshak Ghalumyan, junto a creadores mexicanos como Sonia Jiménez, Jacqueline López y Édgar Zendejas.
Esta línea de trabajo enfatiza el carácter colectivo de la CND. “Vemos a esta institución como un laboratorio vivo donde confluyen coreógrafos, músicos, diseñadores y bailarines. Todos pueden expresar lo que necesitan transmitir y aportar al lenguaje de la danza”, añadió Rodríguez (Matanzas, Cuba, 1982).
Febrero trae también el regreso del ballet romántico con La sílfide y el escocés, en la versión de Terrence S. Orr basada en la obra de August Bournonville, acompañada por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes.
La experiencia continuará en marzo con nuevas funciones en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, lo que refuerza su intercambio entre la escena nacional e internacional.
Para el director, estas piezas admiten una lectura vigente: “Acercan al ideal romántico, pero también pueden leerse como la historia de una mujer libre, con deseos propios que desafían las normas de su tiempo.
“El arte ofrece múltiples interpretaciones y cada espectador puede encontrar un sentido distinto. La memoria histórica convive así con una mirada contemporánea que resalta la poesía, el amor y el misterio del ballet romántico.”
Entre abril y mayo llegará uno de los momentos más singulares del año: la coproducción con la Compañía Nacional de Ópera de El amor brujo y La vida breve, de Manuel de Falla, propuesta que integra flamenco, danza contemporánea, ballet y canto.
“No será ballet y luego ópera. Las dos historias se unen en una sola creación. Es un reto histórico que nos obliga a salir de la zona de confort y asumir experiencias nuevas. Estamos seguros de que será un éxito en todos los sentidos”, indicó Rodríguez.
La producción conmemora los 150 años del nacimiento del compositor y los 80 de su fallecimiento, y se perfila como un hito de colaboración interinstitucional.
El trabajo dirigido al público infantil ocupa también un lugar central con Las olas del rey, de Patricia Marín, que ofrecerá 18 funciones en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo, entre ellas una con interpretación en Lengua de Señas Mexicana.
“Acercar la danza a las nuevas generaciones es fundamental: queremos que los niños se emocionen, descubran esta manifestación artística y se familiaricen con ella desde pequeños, con una mirada incluyente y pensada para el público familiar”, compartió el director.
El repertorio clásico volverá en verano y otoño con La cenicienta, en versión de Ben Stevenson y música de Prokófiev, así como El lago de los cisnes y El cascanueces, de Chaikovski, acompañados por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes.
“Estas puestas en escena no son piezas de museo. La música, la teatralidad y la riqueza escénica mantienen su vigencia. La respuesta del público confirma que siguen emocionando y conectando con la gente”, comentó Érick Rodríguez.
Agosto traerá la Gala de Verano, con nuevas creaciones, mientras noviembre rendirá homenaje a George Balanchine con la Gala Balanchine, dedicada a la musicalidad, la geometría y la pureza neoclásica que transformaron el ballet en el siglo XX. La versatilidad del elenco sostiene este recorrido.
En palabras del director de la CND, “trabajamos con los bailarines en su formación diaria para que puedan afrontar cualquier estilo sin perder la identidad. Los procesos previos a la función enriquecen su interpretación y les permiten responder con precisión y sensibilidad a propuestas diversas.
“En un contexto marcado por la inmediatez digital, el reto es mantener vigente la experiencia escénica en vivo. El gran desafío es lograr que el espectador desconecte de la pantalla y viva la danza durante una hora.
“Queremos que salga del teatro con el alma llena, que se emocione, se cuestione y descubra algo nuevo en cada encuentro.”
Fuente: La Jornada
KXL/RCM


















