Peniley Ramírez / CAMBIO 22

Las cuerdas de un cuatro resuenan en un estadio gigantesco. En las gradas, gente de todo el mundo -artistas, deportistas, millonarios y fanáticos- ha viajado hasta aquí para ver la final del Super Bowl y escuchar el medio tiempo que protagoniza Bad Bunny. Pero este instante no es para él, sino para este instrumento pequeño, mágico, que vibra aquí, como ha vibrado durante tanto tiempo en los campos de Puerto Rico.

El cuatro resuena y el estadio guarda silencio. El hombre que lo toca tiene los ojos cerrados y una expresión de profundo orgullo. Detrás de él, la escenografía está compuesta por campos de caña, un platanal, dos sillas plásticas, como las que vemos en los barrios de toda Latinoamérica. En una de ellas está sentado Ricky Martin, el hombre que hace décadas puso la música de Puerto Rico en el mapa del pop mundial. Martin canta “Lo que le pasó a Hawaii”, una canción dolorosa y bella sobre el presente colonial de Puerto Rico. Después vuelven las luces, la música, los bailarines y el timbre inconfundible de Bad Bunny.

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Este show ha llevado a todo el mundo a hablar de Puerto Rico y de América Latina. En los últimos días, he visto y leído todo tipo de comentarios, halagadores y críticos, sobre la producción espectacular y los guiños a la cultura latinoamericana, desde el niño dormido en tres sillas en una boda hasta los tacos, los cocos, los raspados y el perreo. La prensa en Estados Unidos ha traducido y explicado las referencias culturales, el estilo de baile y el posicionamiento político del artista al señalar que “Dios bendiga a América” y luego mencionar a la mayoría de los países del continente.

Pero ese momento íntimo, el del cuatro, en medio de ese show espectacular, es para mí mucho más significativo, porque conecta la experiencia de Bad Bunny triunfando en el escenario quizá más influyente del mundo con el trabajo de mi equipo.

Bad Bunny lleva años usando su música para compartir la experiencia de vivir en Puerto Rico. Ha señalado los apagones que afectan a la isla, la gentrificación de las ciudades y la privatización de las playas. Ha narrado en su música el presente colonial de su país y las batallas de su gente. Así como él lo ha hecho con su música, así lo ha hecho Futuro Media con el maravilloso podcast sobre Puerto Rico, al que llamamos La Brega.

Justo los días en que Bad Bunny ganó el Grammy y triunfó en el Super Bowl, en Futuro estrenábamos la tercera temporada de La Brega para hablar de otros campeones de Puerto Rico. La Brega ha sido incluida en las listas anuales de los mejores podcasts de The New Yorker y de The New York Times. Ha sido destacado como “esencial” por Apple Podcasts. Ahora, en la tercera temporada, el equipo investigó quién debe ser considerado campeón de Puerto Rico y “estar en un pedestal”. La temporada comienza con la historia de un monumento tirado, que reparan y vuelven a colocar, con desperfectos, en una plaza de San Juan. El episodio y su protagonista, un conquistador español, dan pie a una temporada profunda y divertida que reflexiona sobre qué consideramos un campeón y por qué debería serlo.

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Para los puertorriqueños, bregar es luchar, batallar, lidiar con los problemas de todos los días. Durante los últimos años, la compañía que tengo el honor de dirigir ha producido La Brega, un podcast que ya se ha convertido en una referencia cultural para la gente de Puerto Rico, tanto dentro del país como en la diáspora. Nuestra audiencia dice que La Brega y su conductora, Alana Casanova-Burgess, les han permitido sentirse cerca, reconocerse en su comunidad y mirar sus problemas y sus orgullos.

La Brega cuenta la historia del cuatro como símbolo de Puerto Rico y la del hombre que lo tocó durante la grabación de Bad Bunny. Cuenta también cómo otros campeones de Puerto Rico han representado a su país, desde el deporte hasta las pasarelas, los tribunales y las Naciones Unidas.

Durante años he estado cerca de la producción de La Brega. Por eso puedo decir que el show me ha ayudado a entender la realidad de Puerto Rico más allá de la ventana que muchos han encontrado en las canciones de Bad Bunny. Vale la pena escucharlo para reflexionar sobre otras realidades, algunas que me tocan y me duelen, como la de mi Cuba natal y, por supuesto, la de mi México querido.

 

 

 

 

redaccion@diariocambio22.mx

KXL/RCM

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