• Los hechos ocurridos en Tequila Jalisco; hace varios años que se vienen replicando en varios municipios quintanarroenses, en dónde poblados enteros viven bajo el dominio del narcotráfico.

 

 

  • Estimaciones de investigaciones federales calculan que más de 20 del total de las 58 comunidades que conforman el municipio de Bacalar están tomadas por grupos criminales .

 

 

Renán Castro Madera/CAMBIO 22

El control y la “base social” que han conformado grupos criminales en Quintana Roo, han confirmado que los municipios de Bacalar y Othón P. Blanco se encuentran bajo el dominio del crimen organizado.

La estructuración de “bases sociales” en comunidades donde ejercen el control absoluto las han convertido en centros de operaciones y lugar de residencia.

Y confirman la regla Narca: con la autoridad se pacta, otorgas apoyos para campañas proselitistas, y los conviertes en “el dueño del municipio”.

Y justo es lo que está ocurriendo en el poblado de Limones municipio de Bacalar, en dónde las sospechas de un posible pacto de autoridades municipales con el Cártel de Caborca ha desembocado en violencia extrema palpable en las recientes manifestaciones y bloqueos carreteros, como respuesta al Ingreso de autoridades en la comunidad para realizar cateos y detenciones de habitantes vinculados al Cártel de Caborca.

El cartel propiedad de la familia Caro Quintero vuelve a demostrar que son los dueños del Sur de Quintana Roo, gracias a la complicidad de las autoridades de los tres niveles de gobierno quienes “colaboraron” para que el grupo criminal lograra constituir una base social en poblaciones rurales de Bacalar y de Othón P. Blanco.

El tránsito restringido en varios poblados de dichos municipios es una realidad que avergüenza a los bien nacidos quintanarroenses.

Un ejemplo palpable es Bacalar, en dónde más de 20 de sus 58 comunidades se encuentran bajo el dominio total del narco y algunas en disputa entre el Cártel de Caborca y el Cartel de Sinaloa (Facción Los Chapitos), según se plasma en investigaciones de autoridades federales.

Los hechos ocurridos en Tequila Jalisco, en dónde el presidente municipal era el representante principal del CJNG, mismo que lo llevó a su detención y encarcelamiento en el penal de la Palma, Estado de México, no es un hecho aislado y más cuando se ha comprobado que se ha replicado en Quintana Roo, pese a la negación de los tres niveles de gobierno.

Estas poblaciones se han convertido en verdaderas “sucursales del infierno”, gracias a la complicidad de las autoridades quienes han provocado que más del 50% de los habitantes de una larga lista de poblaciones vivan bajo los intereses de esos delincuentes los cuales los obligan a conformar su “base social” y así disfrazar sus operaciones principalmente en la recepción de aviones cargados de cocaína que arriban a pistas clandestinas ubicadas en las cercanías de los poblados.

Cada que aterriza una aeronave, se paraliza la comunidad, para garantizar el éxito en las operaciones.

Un ejemplo palpable ocurrió a fines del ciclo escolar pasado, cuando en una escuela de la zona ya se había planeado la fecha y hora del festival de clausura, sin embargo coincidía con el horario del arribo de una narconave, situación que obligó a suspender el evento y los criminales obligaron a que la gente se encerrara en sus domicilios mientras descargaban su valiosa carga.

Otro caso que ejemplifica la gravedad y el grado de dominio narco en que viven esas poblaciones ocurrió en noviembre del 2023 y que ampliamente documentó el diario CAMBIO 22, cuando los criminales instalaron retenes en 4 comunidades de Bacalar: Miguel Alemán, Zamora, Otilio Montaño y Río Verde, con el objetivo de garantizar sus operaciones de recepción de cargamentos de cocaína que arribaban en aeronaves provenientes de aeropuertos venezolanos a pistas clandestinas ubicadas en las cercanías de dichos poblados.

Ninguna autoridad lo impidió y los criminales tenían restringido el libre paso so pena de ser detenido a quien se atreviera a desafiarlos.

Pero esa modalidad dio origen a la instalación de retenes permanentes en dónde además los utilizaban para cobrabar “derecho de circulación” a los camiones repartidores de comestibles.

Además, nadie que no perteneciera a la comunidad podría ingresar incluyendo a los maestros de las escuelas que ahí laboraban.

Todos tenían que contar con una autorización por escrito que otorgaban los “Comandantes” jefes de los grupos criminales para su ingreso y lo más grave es que el propio personal de la Secretaría de Educación Pública del estado, proporcionaba la lista oficial de los maestros asignados a planteles de la zona bajo dominio del Narco.

Además, se implementó un “toque de queda” y que hasta hoy permanece vigente, el cual inicia a las ocho de la noche y concluye a las siete de la mañana.

Y todo ello bajo la complicidad de los delegados y la presidencia municipal.

Por ejemplo en los poblados de Miguel Alemán, Nuevo Canaan, Zamora, Otlio Montaño, Reforma, Rio Verde, Altos de Sevilla, Limones, El Gallito y Aarón Merino, viven cautivos más del 50% de sus pobladores y la otra mitad trabajan para las propias organizaciones criminales.

Los recientes bloqueos carreteros ocurridos por tres días seguidos en la comunidad de Limones, municipio de Bacalar, es una enésima prueba del confeccionamiento de su base social y que utiliza para presionar a las autoridades cuando así conviene a sus intereses.

El silencio es perturbador, exhibe el dominio del Cártel de Caborca en pueblos, comunidades y hasta en la cabecera municipal en dónde las medidas y órdenes se llevan a cabo de la mano de los jefes de plaza que someten a sus autoridades para esclavizar a los habitantes los cuales se han convertido en parte importante de su estructura social.
Los municipios de Bacalar y Othón P. Blanco no son tierra de nadie, son “propiedad” de José Gil Caro Quintero líder máximo del Cártel de Caborca en Quintana Roo, por obra y gracia de sus autoridades, las cuales en la mayoría de los casos recibieron apoyos económicos en su trabajo proselitista, mismo que los obliga a hacer caso omiso a las calamidades que padecen los habitantes de esa demarcación.

El dominio del narcotráfico en la zona Sur es un hecho y el “Efecto Tequila”, recientemente destapado por la autoridad federal, hace varios años que se viene replicando en Quintana Roo.

 

 

De las comunidades de Othón P. Blanco es otra historia…

Continuará…

 

 

 

 

Con Datos del Sistema de Notícias CAMBIO 22

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