Proyecto Presidencial de Marco Rubio y la Importancia de las Operaciones para Venezuela, México y Cuba
9 Feb. 2026
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Cuba, Venezuela y México como escalas previas de un proyecto presidencial. El temor a un Estados Unidos de excepción.
Redacción/ CAMBIO22
La reunión del pasado miércoles en Washington de más de 50 representantes de diversos países, convocados por el secretario de Estado Marco Rubio para lanzar un acuerdo sobre tierras raras, arrojó pistas sobre la situación interna en el gabinete de Donald Trump.
Tras la cita, algunos diplomáticos latinoamericanos se congregaron en una embajada en la zona de Dupont Circle y los comentarios fueron unánimes: Rubio está en su mejor momento en la administración republicana.

El encuentro para hablar de minerales estratégicos fue una muestra contundente: inicialmente participarían no más de doce países, pero, tras una serie de llamadas de alto nivel, la convocatoria se disparó. En un momento del cónclave, uno de los asistentes propuso generar algún tipo de marco multilateral para alinear objetivos y cuando el secretario del Tesoro Scott Bessent comenzaba a responder, Rubio intervino para no dejar dudas: señaló que para la Casa Blanca el tema era una cuestión de seguridad y que en la actual administración las cuestiones de seguridad nunca serán multilaterales. Detrás de cada ensamble de naciones, desde la ONU hasta la OMC, el secretario asume la mano de Beijing.
A pocos metros escuchaba el vicepresidente JD Vance, que, según los asistentes, a pesar de que ofreció el discurso principal, ha perdido iniciativa. El plan de anexar Groenlandia no registra avances y su figura está asociada al drama migratorio que sacudió Minneapolis y que tiene a la Casa Blanca cuestionada desde el propio Partido Republicano.
La fuerza interna del exsenador Rubio se proyecta al exterior. Mientras en Washington hablaban de tierras raras, en Caracas eran detenidos los empresarios chavistas Alex Saab y Raúl Gorrin. Entre los enviados al encuentro circuló una tesis de modo subterráneo: la caída de Gorrín será la pieza clave de Rubio para condicionar a la oposición venezolana cuando el actual proceso de tutelaje ingrese a su fase democrática. Y es que el empresario tendría relación económica con buena parte de la oposición al régimen. La única excepción sería la de María Corina Machado. La información de Gorrin se vislumbra como el mecanismo para ordenar al armado electoral que, según la apuesta de Rubio, debería suceder al chavismo.

Cuba es el otro objetivo del secretario. Desde el Departamento de Estado alistan para esta semana una serie de envíos de ayuda humanitaria de la cual participarán tanto Estados Unidos como México. El mensaje que llegó hasta Palacio Nacional el viernes fue biunívoco: “Este será el último paquete de ayuda humanitaria que recibiría el gobierno cubano en su formato actual”.
La asistencia también tiene un cálculo político porque para Rubio es clave que la sociedad cubana no asuma a Estados Unidos como el facilitador del desastre humanitario. La apuesta es enardecer el malestar contra el régimen, pero sin que esto afecte las posibilidades del secretario de tutelar un cambio de mando, igual que en Caracas . El mensaje, según dicen en la Cancillería, es cristalino: habrá cierto apoyo de alimentos y medicinas, pero no habrá más petróleo a no ser que este provenga desde Estados Unidos y ya como parte de un esquema de transición política.
En una serie de comunicaciones en la CDMX entre funcionarios cubanos y estadounidenses, que tuvieron lugar esta semana, apareció la oferta de un salvoconducto para que la cúpula castrista pueda dejar la isla. Si se mira a través del espejo venezolano se evidencia que el tiempo es se termina: a mediados de diciembre, según el diario Miami Herald, a Nicolás Maduro se le ofreció un salvoconducto para volar a Turquía. Lo rechazó y terminó en una celda en Nueva York.
La ambición imperial, anclada en la defensa y la seguridad del hemisferio también es un desafío para México. En Palacio circula la creencia de que, si en noviembre Estados Unidos se encuentra en una situación de turbulencia interna, como la de Minneapolis, Trump podría postergar las elecciones de medio termino. Una lógica que viene a proponer que lo sucedido en Minnesota fue una explosión controlada.
Esta posibilidad sería más real si la Corte Suprema de Washington decidiera, como se escuchó días atrás en el foro de Davos, que los aranceles de Trump solo son válidos bajo el argumento de la seguridad nacional. El mensaje es sensible porque implicaría que, cuando se trata de ese avatar, la Casa Blanca tiene vía libre para cualquier tipo de aventura.

El temor a lo que emane de este estado de excepción promovido desde Washington precipita los movimientos del oficialismo en México: los recientes cambios en la estrategia de seguridad de Sinaloa y los arrestos de alcaldes en Edomex y Jalisco cimentan el camino hacia un golpe de mayor envergadura que sirva, de paso, como respuesta al reciente artículo de The New York Times, que esta semana señaló que el Gobierno no arremete contra el crimen organizado por una cuestión de sostenibilidad política.
Venezuela, Cuba y México son los escenarios externos a partir de los cuáles Rubio busca construir su proyecto presidencial, convertir a La Florida como el epicentro de ese despliegue nacional y sortear las horas bajas de Trump en términos electorales: desde hace cuatro meses para los republicanos las casillas de votación solo dan malas noticias.


















