Redaccion / CAMBIO 22

La Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) enfrenta un reacomodo en su estructura de mando ante la expansión de mandos en la Guardia Nacional.

La institución presenta un enroque de Generales de División el máximo grado en la carrera militar lo que provocó que mandos de menor jerarquía ocuparan cargos estratégicos y aceleró un relevo generacional dentro del generalato.

El fenómeno coincide con la transformación institucional más grande en décadas, entre otras cosas, por la integración de la Guardia Nacional como tercera fuerza armada y la expansión operativa del Ejército en seguridad pública, infraestructura y control territorial.

La institución pasó de conducir aproximadamente 195 mil efectivos del Ejército y Fuerza Aérea a dirigir más de 311 mil elementos, tras incorporar más de 116 mil plazas de la Guardia Nacional, en una primera fase.

El número de mandos de tres estrellas no creció al mismo ritmo.

La nueva corporación requiere Generales de División para encabezar coordinaciones territoriales, órganos administrativos, áreas de control y mandos operativos.

Eso provocó un “descobijo” en la estructura jerárquica.

En noviembre pasado fueron ascendidos como Generales de División de Guardia Nacional, los primeros con esa categoría en la historia de la Defensa Nacional, estos son Saúl Luna Jaimes, Crisóforo Martínez Parra y José Martín Luna de la Cruz.

Se trata de los primeros ascensos de tres estrellas propiamente pertenecientes a esa fuerza.

Mandos militares señalan que la Guardia Nacional absorbió cuadros que tradicionalmente dirigían regiones o áreas estratégicas del Ejército.

EMPUJE GENERACIONAL

Ante la falta de Generales de División, la Defensa recurrió a una medida atípica: Generales de Brigada comenzaron a comandar Regiones Militares.

Estas regiones coordinan operaciones en varios estados y normalmente son encabezadas por mandos de tres estrellas.

Actualmente dos mandos de Brigada comandan la VI Región Militar (Puebla).

Se trata del General de Brigada Miguel Ángel Aguirre Lara.

Además de la XII Región Militar (Irapuato) bajo las órdenes del General de Brigada Jorge Pedro Nieto Sánchez.

Otros cinco brigadieres que asumieron regiones entre 2024 y 2025 fueron ascendidos posteriormente a Generales de División.

El fenómeno abrió un empuje generacional dentro del generalato.

Ejército: Con 'déficit' de divisionarios

EL RETIRO VACÍA LA CÚPULA

El déficit también responde al retiro obligatorio a los 65 años.

Varios divisionarios dejaron regiones militares y cargos administrativos clave, obligando relevos emergentes y rotaciones aceleradas.

El caso más visible fue el ajuste en la plana mayor tras la salida del subsecretario Enrique Covarrubias.

La estructura superior quedó integrada por el General Enrique Martínez López como Subsecretario General; Hernán Cortés Hernández como Oficial Mayor, y el General Miguel Eduardo Hernández Velázquez como Inspector y Contralor.

Además del General Arturo Coronel Flores como Jefe del Estado Mayor Conjunto y el General Guillermo Briceño Lobera como Comandante de la Guardia Nacional.

Completan la plana el General Francisco Jesús Leana Ojeda como Comandante del Ejército y el General Román Carmona Landa, Comandante de la Fuerza Aérea.

Los ajustes reflejan la redistribución de divisionarios entre Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional.

Por primera vez un General Piloto Aviador fue llamado a un puesto estratégico del Ejército. Miguel Hernández Velázquez fue designado Inspector y Contralor General de las tres fuerzas.

En las Zonas Militares, regularmente al mando de Generales de Brigada ahora también entraron al quite dos Brigadieres.

Se trata de la tercera Zona Militar en La Paz, Baja California Sur, donde está el General Brigadier de Estado Mayor José Manuel Alcántara González.

Además de la cuarta Zona Militar en Hermosillo, Sonora, en la que está al frente el General Brigadier de Estado Mayor José Manuel Guevara Castillo.

El movimiento refleja presión operativa en la cadena de mando.

MÁS TAREAS, MISMO MANDOS

La Defensa mantiene 47 Generales de División activos: 39 del Ejército, 6 de la Fuerza Aérea y ahora 3 de Guardia Nacional.

Pero ahora deben dirigir una fuerza 60 por ciento mayor. El resultado es una reorganización permanente del mando militar. Mandos consultados consideran que el fenómeno no es coyuntural.

El Ejército dejó de ser sólo una fuerza de combate para convertirse en operador de seguridad pública, infraestructura, aduanas, aeropuertos y obras estratégicas.

Ejército: Con 'déficit' de divisionarios

Eso multiplicó responsabilidades sin aumentar proporcionalmente el generalato. La institución ya inició promociones aceleradas y adelanto generacional.

La integración de la Guardia Nacional y la expansión territorial transformaron la estructura castrense, es decir, más tropas, más funciones civiles, más despliegue territorial, pero no suficientes mandos superiores.

Tiene más poder operativo que nunca, pero con menos mandos de alto nivel. Es decir los de tres estrellas.

La solución ha sido adelantar generaciones. Con esto el rediseño del mando militar mexicano ya está en marcha y se presume que se adelantará más información este 19 de febrero en el Día del Ejército.

EL FACTOR GUARDIA NACIONAL

Javier Oliva, experto en fuerzas armadas, indica que, para fortalecer los cuadros, la Defensa abrió el generalato de tres estrellas para Guardia Nacional.

“Es importante señalar que en los ascensos aprobados por el Senado, a propuesta de la Presidenta Claudia Sheinbaum, además de los seis nuevos divisionarios, la mayor parte de ellos ya encargados de región militar, lo cual los perfilaba para lograr la máxima jerarquía, hay que notar tres ascensos de la Guardia Nacional también para Generales de división.

“Y eso es muy importante porque a partir de que la Guardia Nacional se integra desde el año pasado de manera formal al Estado Mayor Conjunto de la Secretaría de la Defensa Nacional, son los primeros tres ascensos en la historia”, explica Oliva.

Aclara que desde 2019 ya se habían realizado previamente algunos ascensos de Generales del Ejército como integrantes y comisionados a la Guardia Nacional.

“Hasta este pasado 20 de noviembre, de manera formal ya son Generales de División de la Guardia Nacional y esto es un aspecto muy importante, con lo cual sumarían nueve ascensos en términos generales a la máxima jerarquía que es el generalato, en este caso el General de división”, señala el especialista en el marco de la necesidad de contar con más generales de tres estrellas.

TIENEN TAREASMÁS RIESGOSAS

El Ejército mexicano llega a su aniversario lejos del cuartel.

Llega desde brechas, carreteras rurales, comunidades agrícolas y zonas serranas donde la guerra territorial del crimen organizado se volvió rutina.

El despliegue permanente convirtió la conmemoración en un acto simbólico, es decir, la institución no celebra, resiste.

El corte operativo disponible (el más actualizado) entre enero y el 25 de agosto de 2025 revela una realidad cruda sobre las agresiones contra fuerzas militares.

Se concentran en pocos corredores donde la confrontación es constante. El mapa es claro en el Pacífico (Sinaloa), la frontera y Tierra Caliente en Michoacán y Guerrero.

Sinaloa encabeza el número de agresiones con aproximadamente 45 eventos, seguido de Michoacán con cerca de 35.

Después aparecen Tamaulipas con 18, Sonora 16 y Guanajuato 14.

El resto -Chihuahua, Zacatecas, Nuevo León, Chiapas y Jalisco- conforman un segundo nivel de riesgo con menor frecuencia pero persistente violencia.

Se trata de una guerra de plazas, dice un mando militar a REFORMA.

A nivel local la concentración es aún más evidente.

Culiacán aparece como el epicentro nacional con cerca de 20 agresiones. Apatzingán le sigue con alrededor de 14. Nuevo Laredo concentra cerca de 13, en una racha repetida el mismo día. Caborca suma cerca de 11. Navolato ronda 9.

Justo donde La Chapiza y La Mayiza se pelean el control de la producción de drogas y las rutas del estado.

Ejército: Con 'déficit' de divisionarios

Del resto del listado surgen Concordia, Rosario y Escuinapa en Sinaloa; Parácuaro en Michoacán; Celaya y Salamanca en Guanajuato.

El corredor se dibuja así: Culiacán-Navolato-Concordia-Escuinapa, por un lado. Apatzingán-Parácuaro-Buenavista, por otro. Y Nuevo Laredo, en el norte.

“No son capitales ni grandes ciudades. Son rutas. Donde mueren los soldados. Las bajas confirman el nivel de confrontación. Dos estados concentran casi la mitad de los militares muertos: Michoacán y Sinaloa”, resume el jefe castrense.

La tropa enfrenta emboscadas, convoyes armados, posiciones preparadas y ataques con explosivos improvisados.

En Tierra Caliente de Michoacán la disputa por rutas agrícolas y cobro de piso convirtió municipios como Tanhuato, Yurécuaro y Apatzingán en campo de batalla permanente.

En Sinaloa, el eje Culiacán-Navolato refleja la guerra interna del cártel y ataques recurrentes contra fuerzas federales.

En Jalisco, La Barca y Villa Purificación muestran la expansión de corredores hacia la costa y límites con Michoacán.

En Sonora y Chihuahua, sierra y frontera funcionan como zonas de choque.

El soldado dejó de ser presencia disuasiva. Es objetivo. Incluso de drones y minas.

El problema no es sólo la intensidad, sino la permanencia, pues el Ejército opera sin ciclos de campaña definidos sino con despliegue continuo, rotaciones cortas, exposición prolongada y adaptación constante a tácticas criminales más agresivas.

A la carga militar se suman tareas civiles como la seguridad pública, aduanas, carreteras, rescates, desastres y protección de infraestructura.

El resultado es desgaste estructural, con fatiga, presión operativa y una tropa envejeciendo en campo.

El Día del Ejército encuentra a la institución en su mayor nivel de presencia territorial contemporánea. Pero también en su mayor exposición al desgaste humano, reconocen sargentos.

“Los soldados están siendo atacados principalmente en Michoacán y Sinaloa, en municipios rurales ligados a corredores criminales. Es una guerra de caminos, brechas y poblados”, dice uno de ellos.

El Ejército llega a su aniversario sin retirada posible.

Lo celebra desde la línea de fuego.

Y AUMENTAN LAS BAJAS VOLUNTARIAS

Las bajas “por haberlas solicitado” -salidas voluntarias- aumentaron de manera sostenida en el Ejército, con un repunte claro a partir de la creación y despliegue de la Guardia Nacional, de acuerdo con registros oficiales de personal y con fuentes militares consultadas.

Medido en promedios mensuales, el fenómeno aumentó desde 2019.

Mientras en los años previos la Defensa registraba cifras relativamente estables, las bajas voluntarias se aceleraron de forma marcada a partir de 2019, cuando miles de elementos fueron comisionados o transferidos a tareas de seguridad pública bajo la Guardia Nacional.

En 2025, con cifras hasta septiembre, el Ejército registra un promedio mensual de 153 bajas voluntarias, por debajo de 2024 (209) pero todavía muy por encima de los niveles históricos previos.

En 2024, el promedio mensual fue el más alto de la serie reciente, con 209 elementos que pidieron su baja. En 2023, el promedio fue de 183; en 2022, 176; y en 2021, 148.

En 2020, el promedio mensual fue de 97; en 2019, 88; en 2018, 86; y en 2017, apenas 69.

Antes del uso de soldados en tareas de seguridad pública, los niveles eran aún menores: 60 en 2016, 98 en 2015, 129 en 2014 y 74 en 2013.

Con esto, durante el Gobierno de Felipe Calderón, el promedio mensual de bajas voluntarias fue de 78, con Enrique Peña Nieto, subió ligeramente a 86, y con Andrés Manuel López Obrador, el promedio mensual saltó a 150, casi el doble que en sexenios anteriores.

En el arranque del Gobierno de Claudia Sheinbaum, el promedio se mantiene alto, en 153 bajas voluntarias mensuales en 2025, de acuerdo con datos de la Defensa.

Una baja por haberla solicitado es la separación voluntaria del servicio activo a petición del propio militar.

No implica sanción, falta disciplinaria ni deserción.

El elemento presenta su solicitud y, una vez autorizada, pierde su condición de militar en activo, deja de recibir haberes y queda fuera de la estructura operativa, salvo derechos adquiridos conforme a su tiempo de servicio.

Fuentes militares señalan que una parte sustancial de estas bajas corresponde a personal que fue enviado a la Guardia Nacional, particularmente tropa desplegada de forma permanente en tareas de seguridad pública, con rotaciones prolongadas, cambios de adscripción y condiciones operativas distintas a las del Ejército tradicional.

En términos operativos, el dato revela un desgaste estructural, pues la base del Ejército, la tropa, es la que más está optando por salir, en un contexto de sobrecarga de misiones de seguridad pública, ampliación de funciones y prolongación de comisiones fuera de su arma, unidad o especialidad original.

La acumulación de bajas coincide con la expansión de tareas de la Guardia Nacional y con la transformación del Ejército en pilar central de la seguridad pública del país.

 

 

 

Fuente: Reforma

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