En este 2026 seguramente tendremos más cosas extrañas en el mundo. No se descarta violencia en Irán, tal vez este fin de semana, tal vez cuando usted lea estas líneas. El desajuste del bloque totalitario asiático que eso implicará será complicado, más cuando Rusia se ha desangrado en una invasión absurda, y cuando Xi, en China, acaba de purgar una vez más al Ejército Popular Chino, literalmente descabezándolo.

Nosotros estaremos negociando el T-MEC, cuya revisión ya ha iniciado, y todo indica que tendremos que hacerlo año tras año, al menos en el tiempo que esté Trump en la presidencia. En otros tiempos, eso permitiría fijar 2028 como referencia, pero ahora no es posible. Tanto puede perder abrumadoramente la elección este noviembre y, como dicen, no cargará los peregrinos, como puede afianzarse al grado de imponerse por un tercer periodo. Como tantas veces hemos dicho, eso es la incertidumbre: la incapacidad de siquiera poder construir escenarios con alguna probabilidad.
Por el lado de las finanzas públicas, creo que todos estamos atentos a cómo cierre el déficit. Hacienda anunció, en la entrega del paquete económico, que ya no cumpliría la meta de 3.9% del PIB, y que cerraría el año con 4.3%. Eso coincide con un alza en el diferencial de tasas de interés de bonos de largo plazo (10 años) entre México y Estados Unidos, que puede ser la razón por la cual el dólar se fue a 17.30 en lugar de 18. El movimiento de 20 a 18 se lo debemos a Trump, que desde el Liberation Day ha depreciado al dólar en 10%. Pero tampoco en esto hay claridad, y por eso ve usted el alza del oro y la plata, y los ocasionales ajustes, como el de ayer, que duran apenas unas pocas horas. Un mundo incierto y volátil, una economía débil y en deterioro. Es lo que hay.


















