Mega Operativo en el sur de Quintana Roo Expone la Expansión Silenciosa del Cártel de Caborca
19 Ene. 2026
Redacción / CAMBIO22
Un despliegue de fuerzas estatales y federales sin precedentes mantiene bajo cerco a varias comunidades del sur de Quintana Roo, en lo que oficialmente se presenta como una ofensiva contra el Cártel de Caborca; sin embargo, la magnitud de la movilización también deja al descubierto una pregunta incómoda: ¿desde cuándo esta organización criminal opera con tal nivel de arraigo en la región sin una respuesta oportuna del Estado?
Elementos de investigación criminal, fuerzas armadas y corporaciones estatales ejecutan cateos, patrullajes y labores de inteligencia en localidades como Limones, Chunhuhub y Tihosuco, zonas que hoy aparecen en el mapa de seguridad nacional no por desarrollo, sino por su presunta función estratégica para el crimen organizado. El operativo surge tras avances en la indagatoria del triple homicidio ocurrido en Dzilam González, Yucatán, un hecho que rompió la narrativa de contención delictiva en la península.

De manera extraoficial, fuentes ligadas a la investigación reconocen que el grupo criminal señalado no solo tendría presencia activa en el sur de Quintana Roo, sino una estructura lo suficientemente consolidada como para operar entre entidades sin ser detectada a tiempo. La detención de al menos dos mujeres presuntamente vinculadas a estos hechos refuerza la hipótesis de una red más amplia, aunque hasta ahora la información oficial ha sido fragmentada y dosificada.
El cerco a comunidades enteras —con retenes, revisiones y presencia militar permanente— ha generado un fuerte impacto social, mientras las autoridades evitan explicar por qué estas zonas se convirtieron en bastiones delictivos sin alertas previas ni acciones preventivas visibles. La estrategia reactiva, marcada por la violencia ya consumada, vuelve a poner en entredicho los sistemas de inteligencia y prevención del delito.

Aunque los gobiernos estatales insisten en que se trata de un “golpe relevante” contra la delincuencia organizada, la operación también exhibe la profundidad del problema: el crimen no llegó de un día para otro, se asentó. Y mientras no se transparenten responsabilidades, omisiones y posibles redes de protección, el despliegue armado corre el riesgo de ser solo una fotografía contundente, pero tardía.
Por ahora, las investigaciones continúan y se anticipan nuevas detenciones. Lo que sigue pendiente es una explicación clara a la ciudadanía: cómo el sur de Quintana Roo pasó de ser una zona rural estratégica a un punto clave en el tablero del crimen organizado, sin que nadie levantara la voz a tiempo. Porque en seguridad, llegar tarde también cuenta como falla.
GPC/RCM


















