Efraín Villanueva Arcos / CAMBIO22

“Que ya es hora de que los comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus aspiraciones; que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del propio partido”, Carlos Marx

Un nuevo fantasma recorre el mundo, responde al nombre de Marx Arriaga y se desempeña como director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Pues bien, este personaje está convocando a todo el pueblo bueno y sabio para unirse en contra de Mario Delgado, acusándolo de pretender “privatizar la educación” y llevarla -eso pienso yo- hacia el cálculo egoísta del capitalismo.

Según la nota aparecida en el periódico Reforma del pasado 27 de septiembre, este Marx llamó a crear los comités de defensa de “los valores del obradorismo y de la Cuarta Transformación”, quienes deberán defender los libros de texto gratuitos que él mismo coordinó en 2022. La meta, según la misma nota periodística, “será refundar la SEP y humanizar al sistema educativo nacional”.

Marx Arriaga rebelión SEP Mario Delgado

Dichos comités “se instruirán, se agitarán y se organizarán en contra de los poderes hegemónicos” y, me parece que les faltó decir, neoliberales. Ya encarrerado, Marx afirma “que en el actual Gobierno federal morenista se han heredado viejas prácticas de control, como la simulación, las cargas administrativas, el lucro con las capacitaciones, materiales educativos, la coerción para negarle a la base magisterial su derecho a la autonomía” (sic). Nada mejor contra los neoliberales, que los neomarxistas (de Arriaga, obviamente).

Pero esta convocatoria, que algunos pudieran pensar que fue un grito en el desierto, ha tenido relevantes respuestas de otros que defienden “los valores del obradorismo” (¿por qué no llamarle lopeísmo, si el susodicho, antes de Obrador es López? ¿Será porque antes hubieron otros presidentes López, de triste memoria? Pero bueno, allá ellos). Una de esas respuestas se registró el pasado 6 de enero, un verdadero regalo de reyes para Marx y sus seguidores.

Resulta que la neoSuprema Corte de Justicia resolvió una acción de inconstitucionalidad (122/2019) que en su momento, fines de octubre de 2019, promovió la Comisión Nacional de Derechos Humanos en contra de varios artículos de la Ley General del Sistema para la Carrera de Maestras y Maestros (LGSCMM). Uno de los argumentos centrales de la CNDH para solicitar la inconstitucionalidad, resumido magistralmente por el ex ministro José Ramón Cossío1, fue que los artículos 44 y 64 de la ley antes mencionada, debían atender el mandato expreso en el artículo 3º constitucional estableciendo los “procesos de admisión, promoción y reconocimiento relativos a la promoción horizontal en educación básica y media superior”. En vez de ello, la ley delegó estos procesos en las autoridades administrativas, dando plena discrecionalidad al asunto.

El otro argumento de la acción de inconstitucionalidad fue que los artículos 35, 39, fracción VIII, y 40 de la Ley otorgan un trato preferencial injustificado a los egresados de las escuelas normales públicas, la universidad pedagógica nacional (UPN) y las instituciones de actualización del magisterio, lo cual “resulta contrario al diseño constitucional igualitario entre los aspirantes a partir de criterios objetivos relacionados con conocimientos, aptitudes y experiencia de los procesos de ingreso y promoción”.

¿Cuál fue la resolución que dio la neoSuprema Corte a esta acción de inconstitucionalidad? Declarar que la LGSCMM no es inconstitucional “porque se limitó a desarrollar lo que la reforma fue bajo lo que el presidente dijo que era”. Para Cossío, los Ministros del acordeón están adoptando un nuevo método de interpretación constitucional basado en entender las intenciones del expresidente de la República. Si lo dijo AMLO, hay que respetar entonces el espíritu del legislador.

SNTE y CNTE, que se reparten el control de las escuelas normales, de la UPN y los centros de actualización magisterial, se frotan las manos. Podrán seguir repartiéndose el pastel educativo a cambio, obviamente, de votos para los neomarxistas. Es un tema que, por su relevancia, da para mucho más, pero que ha pasado muy terso en el ya muy complejo panorama político nacional.

 

 

 

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