El Mito de Morena: Cuando la Narrativa se Agota, el Poder Entra en Pánico
17 Ene. 2026
Alejandro Pérez / CAMBIO 22
En las elecciones locales de 2025 las alarmas se encendieron dentro de Morena. No por intrigas opositoras ni por lecturas malintencionadas, sino por datos duros. La maquinaria electoral mostró fisuras claras. La amenaza, explícita o implícita, de retirar beneficios de los programas sociales dejó de surtir el efecto esperado. Aparecieron escisiones internas, disputas por candidaturas y, sobre todo, un voto de castigo silencioso: ciudadanos que optaron por otras fuerzas y ciudadanos que decidieron no acudir a las urnas.
Desde el sexenio anterior, MORENA aprendió a gobernar con una idea simple y eficaz: repetir las ideas, las mentiras, hasta convertirlas en verdad, con argumentos de “Mayoría moral”, “Mayoría social”, “Mayoría política”. Sin embargo, en el 2025, el pánico los embargó por un simple problema: los números que comenzaron a hablar… y no dijeron lo que el régimen esperaba.
La señal de alarma: 2025 no fue un accidente. Fue desgaste.
En Veracruz, MORENA en solitario no ganó ni el 10% de las 212 presidencias municipales, alrededor de 18 a 20 ayuntamientos. En alianza con el Partido Verde Ecologista de México, logró apenas amortiguar la caída. El Partido del Trabajo cobró factura tras haber sido marginado y ninguneado. Movimiento Ciudadano creció de forma sustantiva, captando voto urbano y joven. Algunas alcaldías fueron ganadas por el PRI, partido que se niega a morir, y otras por un PAN dividido, que navega por simple inercia.
A ello hay que sumar actos institucionales de institutos electorales, que revirtieron resultados cerrados en municipios donde MORENA había perdido en las urnas. La legalidad se hizo papel y la legitimidad quedó dañada que para el pragmatismo morenista (por llamarlo suavemente), poco importa.
En Durango el patrón se repitió. MORENA perdió la capital del estado y apenas ganó 16 de 39 municipios. Muy lejos de cualquier narrativa de hegemonía. Muy cerca, en cambio, de una derrota estratégica.
El dato que desmonta el mito
México tiene 2,471 municipios. En gobiernos exclusivos de MORENA, el partido controla alrededor del 29%. En coalición (MORENA–PVEM–PT), no alcanza el 40% del total nacional, de acuerdo con cruces de resultados municipales 2024–2025 y datos oficiales estatales. Eso no es opinión, es aritmética electoral y matemáticas simples.
La oposición gobierna la mayoría municipal, pero no lo sabe, no lo asume, no lo ve, no lo entiende. Ha comprado el mito y la mentira. Cree la narrativa porque no revisa los números. El poder se ejerce con control real del territorio, no con narrativas infladas. El dato confirma el desgaste, no lo desmiente
Por eso, en su Congreso Nacional del año pasado, MORENA fijó la meta de 10 millones de afiliados y aprobó la conformación de más de 7 mil comités seccionales en todo el país. Andy López Beltrán y Luisa María Alcalde dirían que es entusiasmo, cuando en realidad es miedo a perder el territorio. La realidad es que este esquema no es de expansión ideológica ni de crecimiento sino de control territorial defensivo y reflejo organizado de un pánico atomizado.
A esta fragilidad se suman los escándalos acumulados: la barredora; el megafraude del huachicoleo; los aparentes vínculos de actores morenistas con grupos criminales; el asesinato de Carlos Manzo, siendo alcalde de Uruapan; la marcha de la generación Z; el manejo deficiente de las inundaciones en Veracruz, Hidalgo y Guanajuato; las contradicciones reiteradas en las mañaneras de la presidenta Claudia Sheinbaum, que evidencian un control político limitado sobre los herederos de Andrés Manuel López Obrador; los viajes suntuosos de Andy López Beltrán, Ricardo Monreal y Mario Delgado; y el circo permanente de Gerardo Fernández Noroña entre Tepoztlán y giras internacionales.
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Tal como se ha señalado en diversas ocasiones, esto no es personal, es político. En un partido que se autoproclama austero, la conducta de sus principales representantes importa y comunica más que mil discursos
Todo ello, junto con la crisis de medicamentos, la violencia persistente y las presiones crecientes de Donald Trump, llevó a MORENA a activar protocolos de contención para evitar un descalabro mayor en las próximas elecciones intermedias.
Un caso aislado es una excepción. Una secuencia de casos es un patrón. Y los patrones explican el desgaste político.
La reforma electoral: pactos y blindaje del Poder
La reforma electoral coordinada por Pablo Gómez, un antiguo referente de la izquierda hoy convertido en arquitecto de una dictadura simulada, busca asegurar el control absoluto del Congreso para la segunda mitad del sexenio; en una ruta en la que el PT y el PVEM evalúan costos, impactos y escenarios, acompañar, negociar o cobrar caro su respaldo.
Toda reforma es legítima cuando amplía derechos; es sospechosa cuando concentra poder. Esta reforma pertenece claramente al segundo grupo.

Es altamente probable que la Presidencia y la élite morenista cedan a las presiones de Washington, en donde todo apunta a que Rubén Rocha Montoya, gobernador de Sinaloa, una de las herencias malditas del sexenio anterior, será entregado como ficha de negociación.
No se habla de subordinación política, sino de presiones geopolíticas reales. Negarlas no es soberanía; es simulación.
En este contexto, se han filtrado reuniones sobre supuestos acuerdos cruzados como el de dejar Sinaloa al PRI; no intervenir en Querétaro y Aguascalientes para el PAN; y respetar Nuevo León para Movimiento Ciudadano.
Mientras tanto, MORENA enfrenta escenarios adversos en ambas Baja Californias, Campeche y Michoacán. Los conflictos internos en Guerrero, Tlaxcala, Zacatecas, Quintana Roo y Chihuahua son de pronóstico reservado. San Luis Potosí se sale de la canasta por la insistencia del gobernador Ricardo Gallardo de imponer una herencia familiar, línea que la presidenta Sheinbaum ha rechazado públicamente. Nayarit, Sonora y Colima parecen, por ahora, los territorios menos problemáticos, ya se verá más adelante.

Operación Control Total 2027
Lo cierto es que la OPERACIÓN CONTROL TOTAL 2027 comenzó desde finales del año pasado. La oposición permanece inactiva, atrapada en las telarañas narrativas y mediáticas que desde Palacio Nacional se operan —otra vez— por Jesús Ramírez Cuevas, heredero directo de la propaganda del sexenio anterior.
Más de 40 modificaciones legales y reglamentarias han sido aprobadas para canalizar recursos públicos hacia municipios gobernados por MORENA, como mecanismos de presión y control político. La mayoría de los partidos opositores ni siquiera ha leído esas reformas.
El manual que la oposición debe ver
La oposición debe preparase por lo menos para conocer el modus operandi de la estrategia de MORENA que ha aplicado en elecciones anteriores. De acuerdo a una revisión y seguimiento de distintos señalamientos, comentarios, descripciones de operadores morenistas, el control electoral de MORENA opera de la siguiente manera:
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Una maquinaria que obliga a los beneficiarios de los programas de bienestar, a votar por ellos. Incluso hay testimonios de amenazas en su contra, en caso de descubrirse que no votaron en su favor.
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Presión, chantajes y menazas contra funcionarios de casillas, para que el día de la elección desaparezcan. Incluso pagando por su ausencia.
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El día de la elección, desde las cinco de la mañana, se lleva gente a las casillas donde saben que no irán los funcionarios, de manera tal que sean los primeros en acreditarse como funcionarios y con ello, controlarlas, no importando que incluso no pertenezcan a la sección electoral.
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Acarreo palomeado de quienes son favorecidos con los programas electorales.
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La alteración del conteo de votos, una vez terminada la elección. Un “1” antes de la cifra contada, escrito por “error”, es “aprobado” por los funcionarios sembrados en la misma.
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Cuando no hay posibilidades de ganar, entra en operación la maquinaria de arrebatar, robar e intimidar a los funcionarios para llevarse las urnas y alterar las fojas públicas con los votos correspondientes.
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Cuando todo eso falla, entra en acción el algoritmo.
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Coadyuvante, entra en operación, la maquinaria de comunicación, redes sociales, medios de comunicación afines, para sembrar la idea del triunfo irrefutable, contundente y avasallante del morenismo.
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Si todo eso falla, entran en acción los camaradas de los órganos electorales estatales o nacionales; hasta llegar a los tribunales, hoy controlados por el morenismo.

Esto no es una afirmación de una manipulación técnica puntual; sino la descripción de un conjunto de prácticas denunciadas en elecciones previas donde la maquinaria territorial y la tecnología se vuelve parte de la disputa política. Negarlo sería ingenuo.
MORENA no está fuerte: es su mito y miedo de perder
El gran mito de MORENA no es su fuerza; es la creencia en su invencibilidad. Como Sísifo, empujan la piedra del relato cuesta arriba cada día, sabiendo que volverá a caer. La diferencia es que ahora el sudor se nota y el miedo también. Un poder fuerte no necesita repetir que lo es; cuando el discurso sustituye a los resultados, lo que hay no es fortaleza: es miedo.
La tragicomedia de la oposición, sedada, distraída, comprando mitos, sigue el guion de espectador, sin entender que son mayoría y no es el régimen. De hecho, la oposición es mayoría territorial y municipal; no mayoría política organizada. Esa es precisamente la tragedia que la viste o la desnuda.
Está claro, clarísimo, que cuando necesita mentir para sostenerse, el Poder ya perdió ante lo esencial: la verdad de los números; y cuando los números se imponen, la narrativa se rompe, el mito se derrumba, la mentira aflora. Por eso reforma, presiona, negocia, entrega piezas y acelera el control territorial
El problema es que la oposición no sabe que es mayoría. Mientras MORENA opera como partido-Estado, la oposición sigue actuando como espectadora. La oposición ha olvidado que cuando el adversario entra en pánico, ya no es invencible, salvo que ella decida no ganar.
redaccionqroo@diariocambio22.mx
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