Redacción / CAMBIO 22

José María Morelos, 27 de julio.- La papaya maradol, que alguna vez posicionó a este municipio como potencia exportadora a nivel nacional e internacional, ha quedado reducida a una producción mínima y aislada. Temporales adversos y severas plagas provocaron el colapso de un proyecto que en su momento representó desarrollo y autonomía para las comunidades rurales.

Durante su auge, ejidos como Othón P. Blanco, Kankabchén y especialmente Candelaria, destacaron por la calidad de su fruta y los volúmenes destinados al mercado de exportación. Este logro fue posible gracias a un programa integral impulsado por el entonces gobernador Joaquín Hendricks, que contemplaba transferencia tecnológica, acompañamiento técnico y la asesoría de un equipo multidisciplinario de especialistas cubanos.

El impacto fue tal que varias cooperativas lograron consolidarse de manera autónoma. Sin embargo, el embate de plagas y fenómenos climáticos terminó por disolver esas estructuras organizativas.

Actualmente, la producción se mantiene en pequeñas parcelas y de forma individual. “Los altos costos han frenado a muchos compañeros, pero todavía hay quienes continúan sembrando”, señaló Carlos Pacheco, delegado municipal de Candelaria. Agregó que recientemente un productor comenzó a despuntar con nuevas plantaciones, aunque ya sin el respaldo colectivo que caracterizó a la etapa de esplendor.

El caso de la papaya maradol en José María Morelos ilustra cómo, pese al potencial agrícola de la región, la falta de continuidad en los apoyos y la vulnerabilidad ante factores externos pueden frenar el desarrollo sostenible del campo.

 

 

 

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