• Protesta feminista recorre el Centro Histórico y Paseo de Montejo entre denuncias, pintas y derribo de vallas colocadas para proteger monumentos.

 

  • La jornada dejó monumentos blindados, derribo de vallas y pintas en espacios públicos, en medio de una creciente tensión social cada Día Internacional de la Mujer.

 

 

Gabriel Hernández/ CAMBIO 22

MÉRIDA, Yucatán a 8 de Marzo.- La noche del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, volvió a colocar a Mérida frente a un escenario complejo: la mezcla de indignación social, exigencias legítimas de justicia y un ambiente de confrontación que refleja una sociedad cada vez más polarizada frente al problema de la violencia contra las mujeres.

Hasta alrededor de las 20:30 horas, cientos de mujeres de distintas edades habían recorrido las calles del Centro Histórico y Paseo de Montejo, participando en la marcha conmemorativa del 8M, una movilización que año con año crece en convocatoria y también en intensidad.

Vestidas con prendas y pañuelos morados, las participantes marcharon con pancartas, consignas y denuncias públicas para exigir justicia por víctimas de feminicidio, violencia de género, violencia económica y violencia vicaria.

Las calles se llenaron de mensajes como “Vivas nos queremos”, “Ni una más”, “La policía no me cuida, me cuidan mis amigas” y “Fuimos todas”, consignas que reflejan tanto el dolor acumulado como el enojo frente a un sistema que muchas manifestantes consideran incapaz de garantizar seguridad y justicia.

La movilización reunió a jóvenes, mujeres adultas, adultas mayores e incluso madres con niñas y niños, reflejando que el movimiento ha trascendido generaciones y se ha convertido en un fenómeno social que atraviesa distintos sectores de la población.

Desde horas antes de iniciar la marcha, diferentes colectivas feministas comenzaron a concentrarse en espacios públicos donde colocaron carteles y estructuras improvisadas para exhibir denuncias.

Entre las acciones más visibles estuvieron los llamados “tendederos de denuncia”, donde se colocaron hojas y cartulinas con nombres de presuntos agresores, testimonios de violencia y mensajes de víctimas.

Algunas de las denuncias mencionaban casos de acoso, abuso, violencia económica y violencia vicaria, mientras que otras señalaban a presuntos agresores vinculados a distintos ámbitos sociales.

En varios mensajes se incluían nombres completos, mientras que otros testimonios permanecían anónimos, una práctica que ha generado debate entre especialistas y organizaciones civiles.

Para algunas colectivas, estos espacios permiten visibilizar experiencias de violencia que muchas veces no llegan a instancias legales; sin embargo, especialistas también han señalado la necesidad de que estas denuncias puedan canalizarse hacia procesos institucionales que garanticen justicia y protección para las víctimas.

En medio de los mensajes se escuchaban consignas que reflejaban el sentir de muchas asistentes.

“¡Qué ninguna niña salga de casa con miedo!”, gritaban algunas manifestantes al micrófono mientras otras levantaban carteles con nombres de víctimas.

Horas antes de la movilización, autoridades instalaron vallas metálicas y paneles de madera en diversos puntos del Centro Histórico y en la ruta de la marcha para proteger edificios y monumentos históricos.

Entre los espacios resguardados se encontraban estructuras y monumentos ubicados sobre Paseo de Montejo, uno de los principales escenarios de las manifestaciones del 8M en Mérida.

Sin embargo, conforme avanzó la movilización, algunas participantes derribaron las vallas colocadas para proteger monumentos, lo que derivó en pintas y consignas sobre los paneles instalados por el gobierno.

Uno de los momentos más visibles ocurrió en el tapiado del monumento a Justo Sierra, ubicado en Paseo de Montejo con calle 35, donde mujeres realizaron pintas mientras coreaban la consigna “Fuimos todas”, frase que se ha convertido en una respuesta colectiva frente a las críticas por los daños a monumentos durante las protestas feministas.

Las pintas incluyeron mensajes relacionados con feminicidios, violencia contra las mujeres y denuncias contra instituciones que, según las manifestantes, no han actuado con firmeza frente a estos delitos.

Las consignas también aparecieron en otros puntos del recorrido, incluyendo el Monumento a la Patria, donde varias manifestantes se concentraron durante la noche.

Más allá de las pintas o los daños materiales, la movilización volvió a poner sobre la mesa una realidad que sigue siendo motivo de preocupación: los casos de violencia contra las mujeres que permanecen sin resolverse o que tardan años en encontrar justicia.

Para muchas participantes, el 8M no es una celebración sino una jornada de memoria y protesta frente a una problemática que consideran estructural.

La exigencia central se mantiene, mayor seguridad, justicia efectiva y políticas públicas que realmente prevengan la violencia de género.

En distintos momentos de la marcha, manifestantes recordaron a mujeres víctimas de feminicidio y denunciaron la falta de avances en investigaciones.

También se escucharon críticas hacia el sistema judicial y las instituciones encargadas de atender denuncias, señalando que muchas víctimas enfrentan trámites largos, falta de seguimiento o procesos que terminan archivados.

Indignación social, radicalización y debate público

La movilización del 8M también volvió a evidenciar una tensión social que cada año se hace más visible.

Por un lado, existe un sector de la sociedad que considera que las protestas son necesarias para visibilizar una problemática que históricamente ha sido ignorada.

Por otro, hay quienes cuestionan los daños materiales y consideran que algunas manifestaciones han derivado en acciones que rebasan el objetivo original de exigir justicia.

En medio de este debate también aparecen posturas más radicales que reflejan una creciente polarización social.

Algunos analistas advierten que el fenómeno no puede entenderse únicamente desde el activismo o desde el orden público, sino como el resultado de años de frustración acumulada frente a la falta de resultados en materia de seguridad y justicia.

La jornada del 8M en Mérida dejó nuevamente una escena que se repite cada año: monumentos protegidos con vallas, mujeres derribando barreras y consignas que reflejan enojo, dolor y exigencias de cambio.

En ese escenario queda una pregunta que sigue sin resolverse:

¿La intensidad de las protestas es resultado de una radicalización social o es la consecuencia de años de violencia y casos sin resolver que han erosionado la confianza en las instituciones?

Mientras el debate continúa, la realidad es que la violencia contra las mujeres sigue siendo una problemática presente y que las manifestaciones del 8M continúan siendo uno de los espacios donde esa indignación encuentra voz.

 

Con información del Sistema de Noticias CAMBIO 22

cambio22digitalcun@gmail.com

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